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Conflictos laborales y control de precios afectan la industria del trigo

Panadería / Eleonora Delgado

En el país hay 12 empresas que muelen y procesan trigo / Eleonora Delgado

La expropiación de Monaca y la falta de divisas inciden en la operatividad del sector y el abastecimiento

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Venezuela es uno de los países de mayor consumo de derivados de trigo por habitante al año: 49 kilos de trigo por persona, 37 kilos en harinas, 16 kilos en pan, 3 kilos en galletas, y otros productos, y 13 kilos en el caso de las pastas.

Los números lo colocan en el segundo lugar como el país con mayor demanda de este alimento, luego de Italia que ocupa el primer puesto con 28 kilos per cápita anuales.

El año pasado se importaron 1,62 millones de toneladas de trigo, valoradas en más de 700 millones de dólares, según datos de la Asociación de Molinos de Trigo. Las compras externas subieron 2,3% en 2012 con relación a las 1,58 millones de toneladas de 2011.

En el país hay 12 empresas que muelen y procesan trigo, además de 19 compañías que fabrican pastas, 17 panaderías industriales, 13 empresas galleteras y cerca de 8.100 panaderías artesanales, todo un sector que depende del suministro de trigo para poder seguir en el mercado y suministrar derivados como pastas, harina panadera, harina de trigo para uso domestico e industrial, galletas y panes, entre otros.

De las más de 1,62 millones de toneladas de trigo importadas el año pasado, Asotrigo detalla que 55% provino de Canadá, 43% de Estados Unidos, 1% de Argentina y 1% de México. Gran parte del cereal que se trae es el trigo panadero, en segundo lugar el durum especial para pasta y en menos porcentaje trigo galletero y de mezcla.

Vulnerabilidad En el mercado internacional el precio del trigo varía según la calidad, inventarios y producción. La semana pasada el promedio del precio del trigo durum se calculaba en 470 dólares la tonelada.

Aunque la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación señala que se espera un incremento de la producción y disponibilidad mundial de trigo, para los países como Venezuela, la devaluación del tipo de cambio, aunado con las demoras para aprobar y liquidar divisas, trabas en los puertos y otros problemas, hacen que los costos de importación del rubro aumenten.

Las empresas que compran trigo en Venezuela señalan que los inventarios están al día, pero temen que si no se agiliza la entrega de divisas se puedan retrasar los pedidos y se generen problemas en el suministro de materia prima. El año pasado, algunas demoras motivaron que las empresas se prestaran entre sí trigo para evitar que se paralizara la producción.

Pero además de las dificultades ocasionadas por el control cambiario y la escasez de divisas, en 2012, el abastecimiento de algunos derivados del trigo como harina panadera, galletas y pastas, estuvo afectado por conflictos laborales en varias firmas procesadoras.

La ausencia de harina, pastas y otros rubros del trigo llegó a estar entre 70% y 86% en el primer trimestre, según el Banco Central de Venezuela.

Los problemas laborales perjudicaron particularmente a Monaca, Molinos Nacionales, empresa sobre la que recae desde 2010 un decreto de expropiación. Los sindicatos, principalmente del oriente del país, emprendieron protestas y paralizaciones, lo que generó desequilibrios en la cadena de producción, distribución y suministro, que hasta hoy tiene consecuencias negativas en el mercado.

El procesamiento de harina de trigo panadera, pastas y harina doméstica de trigo no se ha normalizado. Los inventarios de seguridad que antes oscilaban entre tres y cuatro meses, bajó a escasas semanas.

En sectores como el panadero, el abastecimiento de harina de trigo llegó a estar tan critico, principalmente en el interior del país, que en muchos establecimientos se racionó la venta de pan salado a dos y tres unidades por persona y en algunos comercios de Caracas y zonas urbanas, la producción se limita a ciertas horas del día porque no hay suficiente harina para soportar el procesamiento de toda la jornada y atender la demanda.

Fevipan informó que en el segundo semestre de 2012 los inventarios de seguridad descendieron y dejaron de disponer de cerca de 135.000 sacos de harina de trigo panadera, y en enero se redujeron a 50.000 sacos. A la situación se sumaron los feriados y los problemas de transporte, lo que generó que disminuyera la productividad en el sector panadero. "Muchas panaderías en el oriente del país registran desabastecimiento y otras se prestan entre ellas", dijo Tomas Ramos, presidente del gremio.

Control sin revisión Otro de los inconvenientes que presenta la industria procesadora de trigo es el rezago en los precios regulados. Desde marzo de 2011, el precio de las pastas está controlado en 4,33 bolívares el kilo, un monto que no cubre ni la mitad de los costos de producción ni el precio del trigo importado.

Avepastas, Asociación Venezolana de Fabricantes de Pastas Alimenticias, ha insistido en varias oportunidades en que se revisen los precios y se aumenten a los costos reales para mantener una producción y la rentabilidad del sector.

Representantes de la Cámara de la Industria de Alimentos señalaron que el kilo de pasta debería estar entre 13 y 14 bolívares el kilo, tomando en cuenta que desde 2011 se han registrado 5 aumentos de salario mínimo. Además de las contrataciones colectivas de las empresas, ha variado el tipo de cambio de 2,60 a 6,30 bolívares por dólar, lo que incide directamente en el costo de la materia prima importada, y también ha subido el flete de transporte, los envases y se han encarecidos los costos de servicio por las fallas eléctricas que ameritan que las empresas tengan que resguardarse y equiparse con algunas opciones para evitar apagones.

La industria fabricante de pastas alimenticias dispone de una capacidad instalada superior a 450.000 toneladas al año. En 2012, según Avepastas, el sector procesó alrededor de 372.515 toneladas, 82% de su capacidad total. El gremio asocia empresas como Cargill, Monaca, Polar, Capri, Allegri, Sindoni, la Especial, América y Eduardo, que representan 95% de la producción de pastas en el mercado nacional, y suministraron cerca de 352.515 toneladas en 2012.

El sector destaca que cada mes, aproximadamente 10.000 toneladas de pastas, equivalentes a una tercera parte de la producción mensual, se comercializan a través de las redes de distribución en los programas sociales del Gobierno como Mercal, Pdval y los operativos móviles en zonas populares.


Gruma registró pérdidas por problemas en Venezuela

El anuncio de Gruma, grupo mexicano, de desincorporar de su balance financiero los activos de las plantas de Monaca que operaban en Venezuela, muestra que el proceso de expropiación de la empresa fue reanudado, luego de que se suspendió por un acuerdo amistoso firmado por los entonces presidentes Felipe Calderón, de México, y Hugo Chávez, en 2011.

Desde el año pasado fuertes conflictos laborales, que paralizaron la operación de la planta molinera de trigo en oriente, generaron pérdidas cuantiosas a la transnacional.

En sus estados financieros del cuarto trimestre de 2012 Gruma reportó una disminución de 5% en el volumen de ventas y se lo atribuye a las dificultades de la subsidiaria de Venezuela. "El volumen de ventas y los resultados financieros de Gruma reflejaron una situación particular relacionada con paros de producción derivados de conflictos laborales en sus operaciones de Venezuela", dice el documento de la agroindustrial mexicana.

En el informe detalla que en el caso específico de Venezuela las ventas cayeron 31% a 91.000 toneladas, principalmente como consecuencia de paros de producción en algunas plantas debido a conflictos laborales (relacionados con la negociación de contratos colectivos) y, en menor medida, por interrupciones en el suministro de energía eléctrica.

En el reporte del primer trimestre de 2013, difundido en abril, Gruma confirmó la desincorporación de los activos y pasivos de Venezuela y los consolida como activos y pasivos para la venta, renglón en el que se contabilizan 3.109 millones de pesos. Para el grupo las opciones en Venezuela representaban 10% de su activo y esperan una negociación con el Gobierno para que reconozca el pago de los activos.