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“La escasez de divisas es el problema fundamental de muchos inversionistas”

El embajador de la República Federal de Alemania, Walter J. Lindner / Nelson Castro

El embajador de la República Federal de Alemania, Walter J. Lindner / Nelson Castro

El embajador de Alemania, Walter Lindner, resalta la importancia de medios de comunicación independientes. “La libertad de prensa también es que los periódicos tengan acceso al papel”, dice

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Walter Lindner tiene más de año y medio como embajador de Alemania y se ha convertido en uno de los representantes del cuerpo diplomático que más ha recorrido el país. “Me considero un buen amigo de Venezuela, de su pueblo, del gobierno y también de la oposición, y entre amigos no siempre se debe decir sí, sino que también se deben decir las verdades o se pueden compartir experiencias de lo que hemos hecho en Alemania, siempre sabiendo que cada país tiene su camino”, comenta. “Tenemos alrededor de 30.000 alemanes viviendo en Venezuela, que contribuyen con su trabajo al bienestar de este país y no me refiero a la Colonia Tovar, sino a las compañías que están establecidas aquí y a los alemanes que se vinieron a Venezuela y se casaron en este país”, acota.

—¿Cómo se encuentran los flujos de inversión e intercambio comercial?

—Hay muchas empresas alemanas que se encuentran establecidas en Venezuela, pero enfrentan las mismas dificultades que los venezolanos como la inseguridad, la incertidumbre sobre las tasas de cambio y la entrega de divisas.

—¿Tiene cifras de inversiones o flujo comercial en 2013?

—Tengo cifras, pero prefiero quedarme en las consideraciones generales. La escasez de divisas es el problema fundamental de muchos inversionistas. Eso es lo que me comentan no sólo representantes de empresas alemanas, sino europeas. Hay que trabajar para que Venezuela sea atractiva a la inversión extranjera.

—¿Hay interés de las empresas alemanas de continuar en el país?

—Por supuesto, pero el empresario alemán –como cualquier otro en el mundo– permanece en un país cuando las condiciones son buenas en el sentido de que no pierda su inversión. Los empresarios leen las estadísticas y los periódicos, tienen sus propias experiencias en el país y sacan sus conclusiones.  

—¿Cómo se encuentra la afluencia de turistas alemanes a Venezuela?

—Ha disminuido, pero el ministro de Turismo, Andrés Izarra, conoce que en marzo tenemos la feria de turismo más grande del mundo en Berlín y Venezuela se va a presentar. El turista internacional es muy cuidadoso y si percibe que algo no funciona en un destino, siempre tiene como alternativa entre 30 o 40 lugares como ir a Colombia, India o Tailandia. El turismo en Venezuela tiene varios desafíos como la seguridad, la infraestructura y la incertidumbre de la tasa de cambio.

—Después de la Segunda Guerra Mundial y luego con la reunificación de Alemania, ¿cómo han logrado superar las divergencias que puedan darse entre grupos políticos?

—El dialogo y la tolerancia han sido importantes. Después de la guerra, Alemania Federal siempre ha estado gobernada por coaliciones. Nunca ha habido un gobierno de un solo partido y eso lleva el espíritu de que hay que entenderse con el adversario político, nunca despreciarlo. En el  caso de la reunificación, había que entender que se trataba de 16 millones de personas que vivieron 40 años bajo un sistema comunista. Había que buscar una sociedad de consenso y un respeto hacia el otro.

—¿Eso quiere decir que de entrada no se les impuso un modelo económico que había en Alemania occidental?

—Hay que entender que la gran parte de esos 16 millones quería vivir como en el oeste porque el modelo comunista fracasó totalmente, pero se tomaron en cuenta las experiencias sociales. Hay que recordar que en Alemania no tenemos un capitalismo de la selva, sino un país con vocación social que busca el bienestar de su población, pero con mucho respeto al libre mercado, a la libertad de las empresas y al libre pensamiento político. Ahora sí creo que deberíamos dejar atrás esos antagonismos entre capitalismo y socialismo, y enfrentar desafíos globales como el cambio climático, producción de alimentos o el suministro de agua potable.

—¿Qué rol juegan los medios de comunicación en esa Alemania?

—Es de suma importancia respetar la independencia de los medios. Fui portavoz de gobierno por seis años y tenía que presentarme tres veces a la semana en una rueda de prensa en la que participaban periodistas de todos los medios del país.

—¿Hubo preguntas que le molestaron?

—Muchas veces. La libertad de prensa no es fácil, pero es necesaria en una democracia y la libertad de prensa no solo es que no haya censura, sino también que no existan presiones contra los periodistas y que los periódicos tengan acceso al papel. Por ejemplo, estuve en Barquisimeto y me comentaron que al diario El Impulso le falta el papel. No sé los detalles de cómo resolvieron eso, pero lo que sí digo es que se debe cuidar la libertad de prensa porque es esencial.

—A la canciller Ángela Merkel la caricaturizan los medios, se hacen programas de televisión o comedias teatrales donde la imitan…

—Hay libertad de prensa y libertad de arte. Hay burlas a los líderes donde falta el buen gusto, pero pienso que una sociedad que se ríe y hace humor de sus líderes es buena porque hay libre pensamiento.

 
El euro y la disciplina fiscal

 

Algunos críticos de la Alemania actual cuestionan su poder económico. Los señalan de ejercer “el totalitarismo del euro”  por imponer reglas al resto de los países de la Unión Europea.

“La palabra totalitarismo en este contexto no cabe bien, lo que dicen es que la disciplina fiscal de Alemania es ya una regla en toda Europa, que no es otra que un gobierno gaste más de los ingresos que percibe. Una moneda estable como el euro requiere esa disciplina”, dice Walter Lindner. “Hay otro principio que tiene Alemania como es la solidaridad europea. Nosotros la recibimos cuando terminó la guerra. Esta Alemania es diferente a la de 1945 porque busca su futuro dentro de la Comunidad Europea, donde participan 28 países”, añade.

 
¿Quién es Walter Lindner?

Nació en Munich. Estudió Derecho en la Universidad Ludwig Maximilian. En 1988 ingresó al servicio diplomático. Estuvo en las representaciones de Nicaragua y Turquía. Fue embajador en Kenia y desde julio de 2012 está en Caracas.