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“Es difícil hallar cola, gomas, clavos y suela”

Ángel Rodríguez indicó que el galón de cola subió de 120 a 580 bolívares desde enero pasado | Foto: Antonio Rodríguez

Ángel Rodríguez indicó que el galón de cola subió de 120 a 580 bolívares desde enero pasado | Foto: Antonio Rodríguez

Los clientes tardan en recoger los encargos porque gastan en cosas prioritarias, dijo Ángel Rodríguez

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El oficio de reparación de calzado está afectado severamente por la escasez de materiales nacionales e importados y por el alza de los precios que de enero a la fecha se han triplicado y cuadruplicado, afirmó Ángel Rodríguez, zapatero artesanal. “Se trata de una camisa de fuerza porque no puedes trasladar todos estos costos a los clientes”.

Rodríguez – que heredó el oficio de su padre, quien llegó de Galicia, España, en la década de 1950 luego de la caída de Marcos Pérez Jiménez –inauguró en 1979 la zapatería La Candelaria para confeccionar calzado a la medida y reparar zapatos y carteras. Recordó que entre 2000 y 2002 dejaron la manufactura porque no podían competir en precios con “la avalancha de las importaciones”.

Se concentró entonces en el arreglo de zapatos para cubrir los gastos familiares, pero la situación actual del país dificulta salir adelante. “Es difícil hallar cola, gomas, clavos y suelas, indispensables para atender los compromisos con los clientes”, añadió.

Agregó que las gomas, también llamadas láminas de balatá, para la reposición de partes de calzado deportivo e informal, entre otros, se hacen en Venezuela. Sin embargo, la única fábrica existente no puede suministrarlas por falta de materia prima que es importada. Tampoco se consiguen las tapitas ni las suelas de animal. Además, el distribuidor de accesorios (cierres, adornos y parches) cerró hasta nuevo aviso.

“Los clavos no se encuentran, dicen que porque cayó la producción de hierro y acero en el país, y si se encuentran son carísimos. En enero el kilo de clavos costaba 50 bolívares ahora está en 200 bolívares”, expresó el artesano. Pero la cola de zapatos se disparó de 120 a 580 bolívares el galón entre enero de 2013 y la actualidad.

“En el mismo lapso, la lámina de balatá subió de 150 a 370 bolívares y a la que no le puedes sacar una ganancia mayor a 870 bolívares, porque si aumentas mucho el precio de la reparación la gente no va a pagar demasiado por un zapato que ya está usado. Por eso, el precio al público por colocar una suela entera es de 150 bolívares frente a 120 bolívares de hace un año”, indicó Rodríguez.

Abono por delante.  El zapatero señaló que los clientes se tardan demasiado en recoger los encargos porque destinan los reales a gastos más prioritarios. “A nosotros nos pega también la inflación y no podemos tener almacenado mucho tiempo los zapatos reparados. De allí que cobremos anticipadamente 50% del trabajo y 100% cuando se trata de carteras”, refirió.

Agregó que la escasez de materiales la venían afrontando con la traída de materiales desde Colombia, sin embargo, la opción se cierra cada vez más por el problema de la falta de divisas y el constante aumento de los precios. Dijo que en enero deben reponer el grueso del stock de materiales, que también incluye tintas.

Otro problema es la competencia desleal de los zapateros ambulantes que no pagan impuestos ni local y, además, realizan trabajos de mala calidad. Añadió que los impuestos municipales se llevan buena parte de la ganancia con la amenaza de cierre del negocio si no se cancelan a tiempo.

Señaló que les obligan a cobrar IVA a los clientes, pero eso no debe ser porque se trata de zapatos usados. “En España, donde trabajé dos años como zapatero, la reparación de calzado no es pechada con este impuesto porque el usuario ya lo pagó cuando compró el artículo nuevo”, dijo.

Uso de espacio al máximo

Para completar el ingreso, Ángel Rodríguez optimizó el uso del espacio del local comercial. “La zapatería sola ya no daba para la familia”, afirmó. Por lo que el taller de reparación de calzado, donde vende también tarjetas telefónicas, lo colocó al fondo, mientras que adelante hay un puesto de lotería y otro de tarjetas en general.

“El negocio sigue siendo familiar”, refirió. Otra forma de optimizar los gastos, anotó Rodríguez, es que ellos mismos reponen las correas y las rolineras de las máquinas de reparación de calzado. También se encargan de instalar el motor cuando se daña, cuya reparación sí la encargan a un mecánico especializado.