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“No se puede dejar congelado el precio del dólar cuando en el país hay inflación”

El economista Víctor Álvarez, investigador del Centro Internacional Miranda / Leonardo Noguera/El Nacional

El economista Víctor Álvarez, investigador del Centro Internacional Miranda / Leonardo Noguera/El Nacional

El economista e investigador del Centro Internacional Miranda asegura que el modelo económico de la revolución bolivariana también favorece a la población que no votó por el primer mandatario. “Eliminar el control de cambio no tiene sentido políticamente y Chávez no lo va a hacer”, afirma

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Lo que no debe heredar del siglo XX el socialismo del siglo XXI es el titulo del libro que prepara el economista Víctor Álvarez como investigador del Centro Internacional Miranda. La institución fue creada para la discusión, formación y profundización del proceso revolucionario que lidera el presidente Hugo Chávez, sin perder de vista la crítica, que en no pocas ocasiones le ha causado problemas.

Concluido el proceso electoral con la tercera reelección del primer mandatario y la prolongación del poder hasta 2019, Álvarez opina que en la revolución bolivariana también caben las personas que votaron por Henrique Capriles Radonski u otro candidato, pero también advierte sobre las correcciones que debe hacer el Gobierno en materia económica.

“A los más de 6 millones de personas que votaron por una opción distinta les digo que no están excluidos de los incentivos y políticas del Gobierno ni de participar en la formación de nuevas formas de propiedad social”, asegura Álvarez. “En la medida en que eso se desarrolle se van a favorecer y a beneficiar porque van a tener la posibilidad de recibir todo el apoyo público para lograr su independencia económica y autonomía”, agrega.

—¿Qué debe entender la gente común –sobre todo la que no votó por el presidente Chávez– cuando se habla de profundización del socialismo del siglo XXI?

—Para el ciudadano de a pie y para el que no acompañó la propuesta del candidato Hugo Chávez, la construcción del socialismo del siglo XXI supone una oportunidad para empoderarse de los procesos de producción, distribución y comercialización de bienes y servicios que una sociedad necesita para satisfacer sus necesidades básicas y esenciales. Ese es un rasgo fundamental que se propone con el intento venezolano de construir el socialismo en el siglo XXI.

—¿Aún se está en transición hacia ese socialismo?

—Buena parte de lo que se entiende teóricamente por transición ha sido logrado. Por supuesto todavía queda bastante por hacer, pero hoy el Gobierno ya está más habilitado para dar pasos más firmes en la construcción socialista.

—Por el lado de la oposición se señala que hablar de propiedad social o comunal es inconstitucional porque fue rechazada en el referéndum de 2007 para la reforma de la Constitución.

—Quienes han adversado buena parte de la política económica del Gobierno, en gran medida son quienes más la han aprovechado. Nosotros aquí en el Centro Miranda hemos hecho investigaciones y analizado la cartera crediticia del Banco Industrial de Venezuela, Bandes, Banfoandes y Banco de Venezuela, la asignación de divisas, exoneraciones arancelarias, el suministro de materias primas de las empresas básicas, y vemos que el sector privado es el más beneficiado. Hemos demostrado cómo creció a lo largo de estos años a una tasa interanual superior a la del sector público o el de la economía social. Eso desmonta el doble discurso empresarial, sobre todo el de los gremios como Fedecámaras, Conindustria y Consecomercio que han planteado insistentemente que en Venezuela se están cerrando los espacios a la iniciativa privada o que se criminaliza y sataniza la condición del empresariado. También criticamos decir que estatizar no es socializar y que la construcción del socialismo no podía repetir ni reeditar el fallido socialismo del siglo XX, en el que una de las primeras causas de su caída fue la propiedad estatal total y absoluta.

—Las expropiaciones que se han hecho se quedaron sólo en el modelo de empresa estatal.

—Ha habido un aprendizaje bien importante porque había la necesidad de recuperar el control que el Estado había perdido sobre sectores de mucha importancia estratégica en la vida económica del país, como la generación de electricidad, telecomunicaciones, siderúrgica y las cementeras. Era necesario mantener esos sectores bajo el control estatal por el impacto y las implicaciones que tienen. Ahora, hay otros sectores que no se justifica que estén en manos del Estado como una torrefactora de café, una red de librerías, los infocentros o los hoteles, que más bien pueden ser escenarios para impulsar nuevas formas de propiedad.

—Pero el ahora ex vicepresidente Elías Jaua declaró, después de conocerse los resultados del 7 de octubre, que seguirán las expropiaciones.

—Yo escuché las declaraciones de Elías Jaua y no dijo que van a continuar las expropiaciones. Él dijo que van a profundizar el control y la intervención del Estado sobre sectores clave de la economía en función de crear esa nueva economía.

—¿Qué quiere decir profundizar el control porque se pudiera interpretar como más estatizaciones, o se quiere el modelo cubano?

—Allí es donde vienen las lecturas. No soy funcionario del Gobierno, pero sí estoy tremendamente comprometido con este proceso y con la construcción del socialismo venezolano. Es lo que he creído toda mi vida. Tengo la experiencia de haber vivido en el socialismo del siglo XX. Me gradúe en la Universidad de La Habana y viví más de cinco años en Cuba, conozco bien la experiencia del socialismo cubano y ese modelo no tiene nada que ver con el contexto socio-histórico y socio-político venezolano.

—¿Podría plantearse eliminar el control de cambio?

—Eliminar el control cambiario no tiene sentido políticamente y Chávez no lo va a hacer. Tampoco tiene sentido económico porque se tiene que utilizar la política cambiaria como instrumento de política antiinflacionaria y de desarrollo productivo. Por tanto, el control cambiario se debe mantener, pero hay que eliminar el anclaje cambiario. No se puede dejar clavado el tipo de cambio ni dejar congelado el precio del dólar cuando en el país hay una inflación más alta a la que tienen sus principales socios comerciales.

Al encarecerse Venezuela más que el resto de los países, se entroniza una tendencia a convertir los bolívares en dólares y traer de afuera productos que se han hecho más barato que aquí. Por tanto, hay que tener un manejo inteligente de la política cambiaria, ajustarlo de manera flexible hasta que se logre una inflación por debajo o igual a la del resto de los socios comerciales.

La actual política cambiaria tiene un efecto inhibidor y anula el resto de los incentivos de la política económica. Se pueden dar exoneraciones arancelarias para la importación de maquinarias y equipos, dar préstamos a 0% de interés, un siglo para pagarlos y que solo se pida la palabra como garantía, pero aun así el empresario preferirá importar si sabe que tendrá que competir con una producción que se trae con dólar barato, porque el subsidio al dólar es un subsidio a las importaciones. Si le preguntamos al mercado cuánto cuesta el dólar ahora, ¿cuánto nos dice?

—Si respondo eso, van a decir que violo la Ley contra los Ilícitos Cambiarios.

—El Gobierno se lo está vendiendo a menos de la mitad, tremendo incentivo.

Víctor Álvarez

Economista egresado de la Universidad de La Habana en 1985 con maestría en Planificación del Desarrollo del Cendes en 1998 y posgrado en Gerencia Pública del Instituto Venezolano de Planificación. Actualmente es investigador del Centro Internacional Miranda.

En el gobierno del presidente Hugo Chávez ha sido ministro de Industrias Básicas y Minería, presidente de la Corporación Venezolana de Guayana, director externo de Pdvsa, viceministro de Industrias, y presidente del Fondo de Reconversión Industrial.

El riesgo del burocratismo en el ministerio de seguimiento

Víctor Álvarez recoge la autocrítica que ha hecho el presidente Chávez sobre las obras que no se han concluido o las fallas en los servicios públicos, y advierte que existen tres riesgos que pueden ser capaces de acabar con la revolución bolivariana, de no corregirse.

“Esos riesgos son la ineficiencia, que tanto ha sido tocado por Chávez al calor de la campaña electoral; segundo, el burocratismo, que de alguna manera es causa de lo anterior por toda la demora en trámites administrativos, lentitud, y falta de respuesta oportuna; y el tercero, la corrupción en sus distintas manifestaciones como tráfico de influencia, compadrazgo, amiguismo, peculado de uso, malversación de fondos y la peor de todas: la apropiación indebida de fondos públicos”, agrega.

Al ser consultado si eso se resuelve con un ministerio para el seguimiento de las obras, responde: “El asunto de erradicar la ineficiencia, el burocratismo y la corrupción no pasa por crear una institucionalidad, que muchas veces termina burocratizando y reproduciendo precisamente las prácticas que tenía que combatir”.