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A 11 años del control de precios se acentúa el racionamiento

La inflación de alimentos entre febrero de 2003 y diciembre de 2013 acumula un alza de 2.064% pese a la regulación

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A 11 años del control de precios, el consumidor venezolano padece la mayor escasez en años. Los consumidores se quejan de las restricciones en las ventas y de las incomodidades que tienen que pasar para conseguir los alimentos que necesitan.

La falta de productos aumentó más de 4 veces entre 2003 y 2013 al pasar el índice de escasez de 5% a 22,2% al cierre de diciembre. La inflación de alimentos no se ha contenido pese a las regulaciones de precios y acumula un alza de 2.064% entre febrero de 2003 –mes en el que se instituyó el control de precios–,  hasta diciembre de 2013.

La ausencia de alimentos básicos afecta a todos los estratos socioeconómicos y se registra en todos los establecimientos comerciales, incluso en las bodegas de la red del gobierno como Mercal, Pdval y Abastos Bicentenario.

En los abastos Bicentenario los consumidores pasan hasta 6 horas en cola para comprar alimentos de forma racionada, en Pdval de la avenida Francisco de Miranda en los Ruices, no hay productos de la cesta básica. El ciudadano debe acudir a operativos en los Próceres para abastecerse o cazar las ferias al aire libre de Mercal.

Al entrar en Pdval se observó la mayoría de los estantes vacíos. En las neveras tampoco había carne y pollo. Apenas exhibían los helados Copellia. Al final de uno de los pasillos estaban colocando malta y chicha. En otros estantes tenían arroz, caraota, arvejas y café.

Héctor Pérez, consumidor, aseguró que acudía a Pdval porque era barato, pero nunca consigue los productos que busca. “Esto siempre está vacío, es una burla del gobierno con la gente”, exclamó.

Deyanira Camacho es ama de casa y atiende a 12 hijos y 4 sobrinos. Vive en Higuerote y junto a su pareja se trasladó al Bicentenario de Terrazas del Ávila en Caracas, porque una prima le avisó que había llegado la leche. “Tengo más de 6 horas en el mercado, entre la espera para entrar y ahora para poder pagar, pero estoy contenta porque conseguí una bolsa de leche en polvo”, exclamó Camacho.

Mayda Sánchez contó que en el Bicentenario estaban racionando la compra, solo les permiten llevar 4 paquetes de harina pan y de azúcar, uno de leche, una mantequilla, dos pollos y un trozo de carne. “Cada día es peor. Conseguir los alimentos se ha convertido en un trabajo. Hay que recorrer varios lugares y perder horas en las colas. Si están los productos a precio regulado mejor, pero muy pocas veces sucede”.

El impacto de la medida también se nota en los supermercados privados como Central Madeirense y Plan Suárez, donde los productos no llegan en grandes cantidades. Cuando hay leche, harina, aceite y otros alimentos, se acaban en menos de dos horas. Sigue el racionamiento y las colas en todos los comercios cuando hay productos.

En los supermercados además de racionar la venta de alimentos, han aparecido otra vez los letreros donde se controla la venta de crema dental, jabón de tocador, desinfectantes y hasta detergentes.

En comercios de Vista Alegre, San Martín y El Paraíso solo permiten 4 cremas dentales por persona, un jabón de baño y hasta una colonia para bebé.

 

Madrugar para comprar

En los mercados municipales como Quinta Crespo, San Martín y Guaicaipuro la gente madruga para comprar carne, pollo y otros productos.

Moraima Zapata se queja de la inseguridad. “No hay pollo, no hay harina, no se consigue leche y uno tiene que madrugar para comprar carne y arriesgándome a que me roben los poquitos reales para comprar la comida. Esto realmente no lo había vivido antes con mis 63 años”, dijo.

“Este control de precios es un engaño y es triste lo que estamos viviendo”, agregó María Cristina Medina, quien no cree que la Ley Orgánica de Precios Justos pueda abaratar los alimentos y acabar con la escasez.

María Teresa Sousa despacha productos y comida a una embajada y no consigue los ingredientes –como la leche condensada- para hacer postres. “La última vez que la compré me costó 90 bolívares”.

Otros han cambiado sus hábitos de consumo por la escasez. “He dejado de comprar frutas y verduras por los altos precios”, dijo Lelys Díaz, quien relata que se ha cansado de hacer colas y cuando por fin logra entrar a los comercios no encuentra los productos.

Díaz lamenta que la producción de carne y leche y el resto de los rubros agrícolas no abastezcan el consumo.

Pablo Arcia señala que es el consumidor el que tiene el poder de regular los precios, al dejar de comprar en algunos comercios que vendan más caro. Indica que se cansó de hacer colas para la harina de maíz y decidió comprar su propia máquina para moler el maíz y hacer arepas. “Lo que está pasando nos está llevando a consumir lo que comían nuestros abuelos, cambié la harina y el azúcar. He ido modificando el hábito alimenticio”, acotó.

Rosalba Palomino recuerda que el cartón de huevos en la cuarta república costaba 3 bolívares de los viejos y ahora más de 100 bolívar. “Ahora todo es un engaño, los precios no bajan”.