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Gustavo Sosa Izaguirre: “El Sicad es reflejo de políticas públicas erráticas e improvisadas”

Gustavo Sosa Izaguirre | MANUEL SARDA

Gustavo Sosa Izaguirre | MANUEL SARDA

El empresario afirmó que las puertas de lainstitución están permanente abiertas, independientemente de las diferencias ideológicas, para buscar soluciones entre el sector privado y público

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Gustavo Sosa Izaguirre fue juramentado el jueves 1° de agosto como presidente de la Cámara de Comercio de Valencia, fundada en 1892, para el período 2013-2015. Se siente orgullo de ser valenciano. “Aquí nació la República. La primera Constitución surgió aquí en Valencia, agrega. Indica que en la Cámara de Comercio de Valencia continuarán apoyando las alianzas estratégicas desde el movimiento Progreso y Bienestar. “Con el nuevo directorio vamos a establecer la estructura funcional de la cámara con vías de desconcentración de la actividad”. Planea establecer núcleos operativos de funcionamiento en cada uno de las parroquias de Valencia y de los sectores que integran la actividad comercial y de servicios, bien sea por la comisión in situ de capítulos o de comisiones funcionales.

—¿Cuáles son las principales dificultades que afronta el comercio y los servicios?

—El sector comercio presenta la gran ventaja de que tiene menor riesgo porque prácticamente es una actividad de intermediación, a la que no le corresponde el proceso productivo en sí. Pero es la más fácil de intervenir, en la que el Estado ha pretendido seguir siendo intervencionista, al punto de que todas las leyes aprobadas por la Habilitante, como la de Costos y Precios Justos y la de Protección a las Personas en el Acceso de Bienes y Servicios han creado organismos policiales como la Superintendencia Nacional de Costos y Precios, facultada de manera discrecional y que autoriza al funcionario para que califique si hay un ilícito, lo que lo convierte en juez, en un administrador de justicia porque él mismo puede sancionar, decidir cierre temporal o definitivo, y multas.

—¿Cómo afecta a Valencia la situación?

—Valencia y Carabobo, en general, han sido espejo de la situación del país. Cuando hay bonanza o crisis se siente de inmediato en la ciudad y en el estado. Estamos viviendo una crisis económica, política y social sin precedentes en la historia contemporánea de Venezuela, que se ha reflejado en el desabastecimiento en el mercado local no sólo de bienes y servicios, sino también a niveles que ha puesto en suspenso la soberanía alimentaria, debido al retraso de más de seis meses en la entrega de divisas. Esto provocó que proveedores en el exterior dejaran de despachar mercancías porque el Gobierno no ha reconocido la deuda, que acumula 8 millardos de dólares.

—¿Cómo afrontan esa realidad?

—Solamente el Ministerio de Finanzas, mediante mecanismos de adjudicación de divisas, le ha otorgado una cuarta parte para el pago de la deuda, lo que compromete severamente la distribución y que los proveedores sigan teniendo confianza en despachar las mercancías a Venezuela. Si bien es cierto que el Sicad es un sistema complementario y que puede ser una válvula de escape para que fluyan las divisas, es también el reflejo de la mala administración, de políticas públicas erráticas e improvisadas en materia económica. Estos mecanismos para controlar la distribución indican que el Gobierno se ha convertido en el monopolista y acaparador de las divisas y de los bienes y servicios porque se ha erigido en el importador principal. El Estado es el que ha pretendido desplazar a los sectores productivos y comerciales. Importa directamente para obligar a la población a depender de la voluntad del Gobierno y de la imposición de una única manera de pensar. El Sicad no ha sido un mecanismo transparente, ha privado la opacidad.

—¿Cómo sobrevivir?

—La gran virtud del sector empresarial es que es creativo, luchador y sabe generar riquezas y eso no lo sabe hacer el sector público, independientemente de la concepción ideológica que fundamente la gestión. El empresario es un emprendedor que se adapta a las circunstancias. El sector ha ido sobreviviendo, pero ese proceso tiene un límite. Uno puede jugar con las reglas hasta el límite que lo permita el capital y que justifique la confianza. Va a llegar un momento en que si no hay una flexibilidad en las medidas, si no hay un desmontaje del modelo económico, evidentemente esto hará aguas y va a producir que el aparato productivo nacional se siga destruyendo y que el número de empresas desaparecidas en el sector comercio aumente y con ello el desempleo y el desabastecimiento.

—¿Están dispuestos a convocar al diálogo al sector oficial en la ciudad?

—No solamente vamos a tener las puertas abiertas sino hasta las ventanas. No quisiera oír jamás que el gobernador (Francisco Ameliach) diga que no pudo hablar con el sector. Ni que lo diga el alcalde (Edgardo Parra). Soy un hombre académico, de ideas y de diálogo, de concepciones democráticas, además de comerciante soy profesor de Derecho Constitucional. Nací en Valencia y le he dedicado toda mi vida a la ciudad y lo seguiré haciendo.

—Los comerciantes se quejan de la inseguridad.

—Valencia es la segunda plaza más insegura del país. De allí el llamado que hice en la toma de posesión cuando dije que las puertas de  la Cámara de Comercio estarán permanentemente abiertas, independientemente de las diferencias ideológicas que nos puedan separar, por encima de ellas está la ciudad. Nos debe unir tanto el sector público como privado, implementar políticas y actuar en conjunto en la búsqueda de soluciones.


Aparato productivo afectado

Gustavo Sosa afirma que en el sector empresarial y privado de la economía, el más afectado es el industrial, que requiere materia prima. El manufacturero se ha reducido por los controles y restricciones a la actividad económica y ha traído como consecuencia la destrucción del aparato productivo nacional. De más de 15.000 empresas que existían en Venezuela hace una década, quedan 7.000. Esto se debe al proyecto ideológico de concepción marxista, que tiene una condición estatista y centralista. El Estado está obligado por el régimen socioeconómico de la República a darle mayor apoyo al sector privado. “El Estado no debe ocuparse del empleo, de la producción de bienes y servicios, de bloquear e intervenir la actividad económica”. El Estado cuando pretende invadir el campo privado lo que hace es producir un desequilibrio macroeconómico porque nadie sabe administrar una empresa o unos recursos mejor que a quienes les ha costado sangre, sudor y lágrimas producirlos.