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Shale gas, la búsqueda del arcoíris

Si las reservas de este gas no convencional fueran explotadas, el gran gigante asiático podría importar menos gas del que importa actualmente

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China es el primer consumidor de energía del planeta y al mismo tiempo es el país que más lo envenena con sus emisiones de carbono. Para atender ambas aristas de su devenir económico de un tiempo a esta parte se ha comenzado a prestar una atención prioritaria al desarrollo del gas no convencional conocido como shale gas.

Si las reservas de este gas –aún no cuantificadas pero consideradas una de las más grandes del mundo- fueran explotadas, el gran gigante asiático podría importar menos gas del que importa actualmente y, al propio tiempo, reducir las tan cuestionadas y nocivas emisiones. Fuentes no confirmadas consideran que China está sentada sobre una quinta tajada de las reservas mundiales.

A pesar de que tal posibilidad es ampliamente conocida por las autoridades en materia energética en Pekín y, a pesar del ejemplo de Estados Unidos que tienen a la vista, China exhibe un preocupante retraso en el acometimiento de esta tarea estratégica. En muy protuberante la forma en que la nación americana ha reducido su dependencia de proveedores externos gracias a la eficiente explotación doméstica de esta fuente energética.

El país ya se montó en el autobús de la exploración de este importante recurso, pero se ha topado con dificultades que no tienen que ver con los montos colosales de inversión requeridos para la explotación ni tampoco la disposición de las complejas tecnologías requeridas.

De hecho, los chinos son los que están desarrollando importantes proyectos en Oklahoma mediante el aporte de recursos propios por varios billones de dólares. Es que la propia geografía china no colabora. Los yacimientos principales en la bahía de Sichuan se encuentran en zonas muy escarpadas para las perforaciones horizontales asociadas con el shale gas y, además, es el transporte a través de gasoductos lo que más les dificultaría la tarea. China tampoco cuenta con una red que garantice la eficiencia económica de cualquier proyecto.

Si a lo anterior sumamos que la competencia con el gas natural es una cuesta en extremo empinada, porque los precios de este último se mantienen artificialmente bajos gracias a la intervención y el subsidio del Estado, el interés de los capitales privados por incursionar en este tipo de inversiones no va a aparecer en los tiempos que vienen. El precio del gas es de 6 dólares/mBtu, pero para que el shale alcance su punto de equilibrio este precio no puede ser inferior a 8 dólares/mBtu.

De cualquier manera, a pesar de que hasta el presente no se produce dentro de la geografía china ningún volumen que sea significativo, no hay documento oficial en materia energética y económica que apostando al mediano plazo no coloque al shale gas en un sitial estratégico preferente.

Y las metas están trazadas: 6.500 millones de metros cúbicos para 2015 y 60.000 millones para 2020. El secretismo chino no permite mirar dentro de esta caja negra de la “revolución del shale gas”, pero hay que creer que algún género de subsidio o de medida de estímulo adicional debe estarse estudiando, mientras desde el Gobierno se organizan licitaciones externas para el otorgamiento de permisos de exploración y explotación.

De no hacerlo, China pudiera estar persiguiendo un peligroso arcoíris.