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Planta de primer complejo del ALBA está paralizada desde julio

La empresa Eulalia Ramos Sánchez tiene 3 procesadoras de soya: una de ellas dejó de funcionar en julio

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La planta que hoy está paralizada forma parte de un conjunto de tres fábricas para procesar soya que nació con una etiqueta con alto valor simbólico: el fallecido presidente Hugo Chávez inauguró la etapa inicial en marzo de 2007 no como una unidad de producción cualquiera, sino como el primer complejo agroindustrial que cristalizaba la entonces naciente Alianza Bolivariana de los Pueblos, plataforma originalmente articulada por el gobernante con dos homólogos predilectos: un tutor, el cubano Fidel Castro, y un discípulo, el boliviano Evo Morales.

El complejo se llama Eulalia Ramos Sánchez -nombre de una heroína de la Independencia también conocida como Eulalia Buroz- y fue levantado en El Tigre, Anzoátegui. Comenzó con una fábrica de bebidas saborizadas para ser distribuidas entre los alumnos de las escuelas bolivarianas del sur del estado -fue la que puso a funcionar Chávez-, pero luego le sumaron una planta para producir galletas y otra para elaborar alimentos balanceados para animales, la cual es conocida por sus siglas: ABA.

El centro agroindustrial ha padecido una historia de altibajos que no hace honor al pergamino con el que nació: su desempeño retrata las dificultades que han tenido los esfuerzos gubernamentales para consolidar en la entidad oriental una serie de industrias de derivados de soya, rubro estratégico por su versatilidad para ser transformado en productos de consumo masivo con gran contenido nutricional y que hoy mayoritariamente se tienen que importar.

El último capítulo de las turbulencias en el complejo está asociado a la inoperatividad de la planta de alimentos para animales. La fábrica, confirmaron fuentes internas consultadas de manera independiente, se terminó de construir en marzo pasado y vendió a agroproductores de comunidades cercanas. A partir de ese mes, sin embargo, las actividades cesaron. Un dato se añade al cuadro: representantes obreros y de las comunidades han denunciado ante los cuerpos de seguridad del Estado la supuesta pérdida de 40 toneladas de material.

"Calculamos que fueron 20 toneladas de soya y 20 más de otros insumos", señalaron las fuentes del complejo. El caso ha atraído la atención de la prensa regional y se han desarrollado mesas de trabajo para reactivar la planta. Una de las propuestas es terminar la tutela de la fábrica de productos para animales por parte de una compañía pública de mayor dimensión que la ha manejado hasta ahora: la empresa socialista José de Abreu e Lima, presidida por Alfredo Herrera, y cuyas instalaciones todavía se construyen con cooperación de Brasil en Cachipo, municipio Aragua de Anzoátegui.

La compañía que se levanta con esfuerzo binacional constituye la gran propuesta industrial del Gobierno para expandir el cultivo y la transformación de la soya. El año pasado, sin embargo, se hicieron evidentes los problemas: aún no están en funcionamiento plantas que se prometieron para 2012, los rendimientos de las cosechas han estado por debajo de las expectativas y se han producido pérdidas de soya y dinero, según registros del Ministerio de Agricultura, informes internos del Abreu e Lima y datos recabados por productores locales. "Queremos que la Corporación Venezolana de Alimentos asuma la gestión de la fábrica ABA", dijo un obrero consultado.

La tendencia, sin embargo, ha apuntado en sentido contrario en los últimos tres años: empresas asociadas a la corporación han sido liquidadas o sus activos transferidos a otros organismos de los ministerios de Agricultura y Tierras o de Alimentación. Capacidad limitada. El complejo Eulalia Ramos Sánchez se encuentra en la avenida Intercomunal de El Tigre. Justo al lado de un parque abandonado que está lleno de desperdicios.

El centro industrial no parece semejar otras fábricas en las que hay movimiento permanente de obreros y camiones: luce más bien como una sede de oficinas administrativas. Observadores han señalado que el conjunto no rinde al tope: "Ha tenido muchos inconvenientes y no trabajan al máximo de su capacidad", afirma Juan Geovani Urbaneja, presidente de la Fundación Socialista de Integración del Sur y quien fue diputado en el Consejo Legislativo Regional.

El dirigente presentó en 2011 una denuncia ante el Ministerio Público por lo que consideraba un hecho recurrente con respecto a las bebidas saborizadas: "La producción de soyitas no llega a las escuelas, son negadas al pueblo, ya que son botadas en grandes cantidades por motivos desconocidos". Fotografías acompañaban el escrito: Urbaneja no conoce si la Fiscalía abrió la averiguación para establecer si lo dicho por él era cierto.

Un grupo de 10 estudiantes del Instituto Universitario de Tecnología José Antonio Anzoátegui de El Tigre tuvo acceso al complejo e hicieron ejercicios académicos sobre problemas de la planta: identificaron la falta de transporte y de personal calificado para el mantenimiento de equipos clave como fallas que incidían en la producción y distribución.

"Actualmente la agroindustria presenta algunos problemas y carencias que afectan la fabricación diaria de los productos y, por ende, en el abastecimiento de las escuelas", se lee en el informe publicado en Internet en el blog de José Romero, uno de los autores, en mayo pasado. Las fuentes internas, sin embargo, apuntan que las plantas de producción de bebidas y las de galletas están operativas.

Desde 2010 pasaron a formar parte de Lácteos Los Andes, empresa adscrita al Ministerio de Alimentación: "Con esas 2 plantas del complejo no hay problemas, se atienden 20.000 niños con sus productos. La situación con ellas se ha estabilizado desde el año pasado al presente". Las memorias y cuentas del ministerio de 2011 y 2012 no ofrecen datos que permitan evaluar el rendimiento individual de las plantas de Lácteos Los Andes, una empresa cuya mal situación ha sido denunciada por trabajadores a lo largo del presente año.

En el complejo Eulalia Ramos Sánchez se añadieron líneas para procesar jugos de frutas y otras maquinarias para procesar aceite y leche fueron destinadas a otras plantas del país, según las fuentes y declaraciones oficiales publicadas el año pasado. El primer complejo del Alba sufre con los altibajos.

La compañía pública Eulalia Ramos Sánchez produce jugos, galletas y alimentos para animales La primera etapa del complejo, en la que se fabrican bebidas saborizadas, fue inaugurada por Hugo Chávez en 2007.

Más allá de Cuba y Bolivia
La primera etapa del proyecto para construir el complejo Eulalia Ramos Sánchez, en El Tigre, tenía una fórmula de cooperación que no parecía dejar nada al azar.

Los recursos financieros y humanos los aportaba Venezuela; la asesoría tecnológica era cubana y la soya para ser procesada tenía origen boliviano. La filial Cereales y Oleaginosas de la liquidada Corporación Venezolana Agraria fue la responsable de materializar la fase inicial constituida por la planta de bebidas saborizadas. Riblia Rodríguez, como presidente de la compañía, fue clave en el proyecto: la funcionaria después lograría escalar a distintos puestos de responsabilidad entre ellos la presidencia de Agropatria, cadena creada hace tres años luego de la expropiación de Agroisleña.

Las actas de CVA Cereales y Oleaginosas muestran que se compraron equipos a Cuba que resultaron insuficientes para la operación de la planta: por eso se debió recurrir a complementar la maquinaria con adquisiciones a proveedores italianos. El Gobierno de Venezuela poco después de inaugurarla volteó la mirada a Brasil para un proyecto de mayor dimensión y asegurar la materia prima: sembrar 35.000 hectáreas de soya en la mesa de Guanipa, Anzoátegui.

Los amazónicos son uno de los mayores productores mundiales del rubro y también asesoran en la construcción del complejo agroindustrial José de Abreu e Lima, empresa que ahora está en el centro de la atención como alguna vez lo estuvo el Eulalia Ramos Sánchez.



EL DATO
Venezuela produjo 48.000 toneladas de soya el año pasado, según números del Ministerio de Agricultura y Tierras.

El país importa 1,2 millones de toneladas anuales entre materia prima y productos derivados del rubro. El Gobierno intenta crear en Anzoátegui los cultivos y las industrias para mejorar la producción nacional.

Lacifra
80.000 niños se beneficiaban de las bebidas saborizadas de soya producidas en el complejo Eulalia Ramos Sánchez cuando fue inaugurado en 2007. Hoy los trabajadores calculan que se cubre una población de 20.000 aproximadamente.

Con información de Celina Carquez