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Peligra trabajo artesanal por altos precios y falta de materia prima

El gobierno ahoga económicamente a los artesanos, un segmento numeroso de trabajadores por cuenta propia que representa 7 millones de personas de la población económicamente activa / Raúl Romero

El gobierno ahoga económicamente a los artesanos, un segmento numeroso de trabajadores por cuenta propia que representa 7 millones de personas de la población económicamente activa / Raúl Romero

El gobierno ahoga económicamente a los artesanos, un segmento numeroso de trabajadores por cuenta propia que, según el Instituto Nacional de Estadística, representa 7 millones de personas de la población económicamente activa, afirmó Alfredo Padilla, director general de la Asociación de Trabajadores Emprendedores y Microempresarios. Padilla alertó que los altos precios y la escasez de la materia prima ponen en riesgo la subsistencia de muchas familias. “Por ejemplo, la persona que hace tortas, empanadas y pan para vender al público no consigue los ingredientes en los mercados ni en las distribuidoras, por lo que tiene que acudir inevitablemente a los bachaqueros lo cual les sube muchísimo los costos”, dijo

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“Sin la harina no hago pan desde enero”

Desde hace ocho años Mercedes Pérez y su esposo tienen una panadería artesanal en el anexo de su casa, en la urbanización Caribe en la parroquia Sucre, en Caracas. “Con el negocio nos fue muy bien hasta el año pasado cuando la harina de trigo, la levadura, la mantequilla, la leche y la malta eran difíciles de conseguir, pero en estos momentos es casi imposible encontrarlos”, dijo.

La artesana relató que los primeros panes salieron de una cocina a gas y fueron reuniendo el capital para comprar el horno industrial, las bandejas y la amasadora, entre otros utensilios, para elaborar pan casero blanco e integral, acemitas, cachitos, pastelitos, pizzas y pan de jamón en Navidad.

“Sin la harina no hago pan desde enero. En el local solo vendemos cigarros, caramelos y algunas galletas que es lo que puede comprar la gente de aquí. Por lo caro, desistimos ofrecer refrescos, platanitos y palitos de maíz”, dijo.

El saco de harina de trigo de 45 kilos lo compran en Quinta Crespo o en los chinos, pero hace tiempo que no hay y no se consigue ni “bachaqueada”.

“Si las panaderías grandes tienen dificultades, imagínate nosotros”, expresó.

“Con la crisis arreglo y coso más ropa”

Desde hace 15 años Zulema Rodríguez se dedica a la confección y reparación de prendas de vestir en su taller ubicado en el centro comercial La Candelaria, que le permite cubrir los gastos del grupo familiar. “Con la crisis, arreglo y coso más ropa porque la gente prefiere reciclar el vestuario. Ya no puedes comprar, por ejemplo, un pantalón nuevo a 25.000 o 30.000 bolívares”.

La costurera narró: “Ahora tengo más trabajo, pero los materiales suben de precio cada semana”. Agregó que el cono de hilo aumentó de 300 a 1.300 bolívares entre 2015 y la semana pasada, mientras que la última gruesa de broches, que contiene 5 docenas, la pagó a 2.500 bolívares frente a 200 bolívares que le costó la anterior.

Respecto a los botones dijo que están escasos y costosos, mientras que con los cierres “hay que patear calle para conseguirlos a 400 y 500 bolívares la unidad”.

Otro material que sube de precio constante y desproporcionadamente son las telas, sobre lo cual Rodríguez manifestó que los comerciantes especulan mucho. “He visto como el mismo rollo de tela lo suben de precio 30%-40% en días. Cuido mucho las máquinas porque no hay repuestos: el técnico las revisa y les hace mantenimiento muy seguido”.

Zulema comparte la costura con la música, que la da otra entrada económica, cantando en una tasca con el espectáculo “El show del recuerdo”.

“Pensaba vivir solo de la repostería”

Jessica de Oliveira comenzó a preparar y vender ponquecitos, tortas para toda ocasión y galletas en 2011. Ganó una clientela numerosa porque los ponquecitos los vendía en su trabajo principal como vendedora en la charcutería de su padre, en la esquina de Pueblo Nuevo en La Candelaria.

“Pensaba vivir solo de la repostería, que me encanta, y cuando ya iba a tomar la decisión los ingredientes empezaron a escasear o a ponerse muy caros. Desde hace seis meses no horneo nada”, refirió la joven de 29 años de edad.

Con el incremento de los precios de las pasitas, almendras, maní y coco rallado, De Oliveira tuvo que reducir los sabores de los ponquecitos a chocolate y vainilla, y se quedó con el último para poder seguir vendiendo. “Lo que paralizó todo fue la falta de harina de trigo, leche y mantequilla en los comercios, y me niego a comprársela a los bachaqueros que venden 3 y 5 veces más caro, como por ejemplo el kilo de harina a 1.500 y 2.000 bolívares”, expresó la repostera.

La joven destacó que elaborar una torta con los ingredientes “bachaqueados” implicaría trasladar los costos al cliente. “La gente ya no tiene la capacidad de pagar 6.000 bolívares por una torta cuando el sueldo lo gasta principalmente en comida”. Agregó que los huevos se consiguen, pero su precio aumenta semanalmente, lo mismo que las esencias, los frutos secos y el polvo de hornear.

“La carpintería ya no da para mantenerme”

El oficio de carpintero es tradición en su familia oriunda del estado Lara. Por ello, Guillermo Rodríguez trabaja desde 2011 en esta actividad luego de su salida en octubre de 2010 del Banco Industrial de Venezuela, entidad que por cierto todavía no le ha pagado los pasivos laborales correspondientes.

“Al principio me iba muy bien. Llegué a instalar tres y cuatro cocinas empotradas al mes, sobre todo, entre los meses de agosto a diciembre. Con la muerte de Chávez el trabajo comenzó a caer y ahora está en un punto crítico, y la carpintería ya no da para mantenerme”, relató Rodríguez. “Ya no hay dinero para encargar muebles y cocinas, cada vez más caros por la subida de los materiales, cuando los salarios se gastan en comida y en otras necesidades prioritarias”.

Al comprar los precios de los materiales en 2013 con la actualidad, el artesano dijo que las láminas de MDF y HR aumentaron de 210 a 22.000 bolívares, mientras que la de fórmica se disparó de 600-700 bolívares a 47.000-80.000 bolívares. “De carpintero ahora soy todero. Pinto casas e, incluso, cociné almuerzos, pero lo dejé por la escasez de la comida”.