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Jorge Roig: “El diálogo llegó más tarde de lo debido”

Roig: Los interlocutores más importantes son los económicos, no los políticos | Foto Alexandra Blanco / Archivo

Roig: Los interlocutores más importantes son los económicos, no los políticos | Foto Alexandra Blanco / Archivo

El dirigente gremial considera que se requieren cuatro o cinco meses para llenar otra vez los anaqueles

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Desde hace más de una década, Fedecámaras no es considerado un interlocutor legítimo para el gobierno. Sin embargo, esta semana, durante la Conferencia Nacional de Paz, se le concedieron cinco minutos al presidente de la organización empresarial, Jorge Roig, para dirigirse al presidente Nicolás Maduro en cadena nacional. Enfatizó en se requiere un diálogo sincero para resolver los problemas económicos que se reclaman en las calles.

¿Cuál es la diferencia de este llamado al diálogo con la mesas técnicas que se hicieron el año pasado?
—Tiene dos diferencias positivas. La primera es que es el propio presidente Maduro quien lo está convocando y no los ministros comunicándose con algunos empresarios. La segunda es que se convoca de manera más institucional, nos llaman a nosotros, Fedecámaras, por primera vez en mucho tiempo. Ciertamente, se está tratando de que sea Fedecámaras quien también coordine con sus sectores y sus regiones lo que debería ser el diálogo. Entonces, estos dos factores le dan un aire de diferencia y optimismo con respecto a las conversaciones anteriores.

¿Qué motiva este acercamiento?
—Siento que se llega más por necesidad que por convicción. También llega un poco más tarde de lo que ha debido ser, lo cual le quita efectividad. Pero, en vez de estar reclamando lo que pudo ser, vamos a concentrarnos en lo que pudiera ser a partir de ahora. Las condiciones del país son dramáticas, hay una crisis social, política y económica. Esa conjunción es un cóctel verdaderamente explosivo para el gobierno, hay unos indicadores económicos que son bastante precarios. Es el momento de conversar o de seguir profundizando en un modelo que ciertamente no ha funcionado. En las encuestas que tenemos, más de 75% pide que el sector privado y el sector gobierno se sienten a conversar.

¿Cree que sirva para generar paz?
—El solo anuncio del diálogo entre los diferentes componentes, injustamente enfrentados como el caso del sector empresarial con el gobierno, da un clima de pacificación, pero sería ingenuo pensar que esto es suficiente. El malestar sigue allá afuera, no es falso, es absolutamente legítimo, lo cual no justifica para nada la violencia. Creo que el diálogo tiene que ser mucho más extenso. El gobierno ha llamado a los estudiantes, y creo que deberían ir. Creo que el miércoles la oposición hubiera hecho falta. Lo que no podíamos los empresarios era no ir a un diálogo que hemos buscado por tantos años. 

¿Cuáles son los principales reclamos de la sociedad venezolana?
—Hemos hecho encuestas en los estratos D y E de la población. Estuvimos evaluando los problemas para poderlos evacuar en el caso de que nos sentemos en una mesa de diálogo. El tema número uno sigue siendo la inseguridad. Pero el segundo es el desabastecimiento, y el tercero, la inflación. Hoy en día los interlocutores más importantes son los de economía no los políticos.

¿Cuáles serían las propuestas que Fedecámaras llevaría a la mesa?
—Tenemos que resolver dos problemas a corto plazo, uno es que no hay productos en los anaqueles, esos hay que importarlos, por lo que debemos definir las prioridades con el sector privado. Para ello hay que simplificar el régimen cambiario, lo cual vemos con buenos ojos, pero dependerá del músculo que tenga el gobierno para otorgar dólares. En todo caso están dando los pasos correctos. Sin embargo, aunque empezaras a importar ya, antes de cuatro o cinco meses no tendrías los anaqueles llenos en el caso de muchos productos. Por eso hay que priorizar algunos bienes que ahora tendrían altísimos índices de desabastecimiento, como la leche, el aceite, y urgentemente entregar divisas a los fabricantes de pasta.

El segundo es que los productos vuelvan a fabricarse en el país. Para eso hay que mandar señales claras de confianza, diálogo, que cesen las expropiaciones y que no se persiga al empresario y se justifique con una Ley Orgánica de Precios Justos. El hecho de que haya una solución de corto, mediano, largo plazo no implica que una tenga que esperar a la otra, todas tienen que arrancar hoy. La diferencia estriba en el lapso de ejecución.

¿Cuál es el diagnóstico que podría hacer de la industria venezolana?
—Hay sectores que están menos golpeados que otros. La industria alimenticia y la farmacéutica están muy complicadas. Se les adeuda una cantidad de divisas importante y no se han hecho las inversiones que se tenían que hacer, pero ciertamente hay un plantel instalado en el país bastante grande que podría permitir una capacidad de reacción bastante rápida.

Hay que tratar el problema por cadenas productivas. Si le vas a dar dólares a la industria de alimentos tienes que darle también a las empresas que envasan. Conectar las prioridades es un tema para las mesas de diálogo. En este momento las plantas venezolanas están produciendo todo lo que pueden producir, que es muy poco, precisamente por la escasez de divisas.

En su exposición el miércoles dijo que Fedecámaras había reconocido errores. ¿A qué está dispuesto Fedecámaras a comprometerse?
—Los empresarios tenemos que hacer un reconocimiento expreso de un código de ética. Tenemos un modelo económico que incentiva vicios como el contrabando, la especulación, la sobrefacturación. Lejos de justificarlo, los empresarios verdaderos debemos rechazar y condenar estas actitudes, y ahí es donde tenemos que ser mucho más enfáticos y más fuertes los empresarios organizados: denunciar a todos esos oportunistas de oficio. Estamos trabajando en hacer público nuestro código de ética y devolverle el orgullo a ser empresario.

—El gobierno parece avanzar en una profundización del modelo. ¿Cree que el diálogo revierta el proceso?
—Este gobierno no ha resuelto fundamentalmente dos cosas. La primera es como Venezuela deja de ser menos rentista, de cada 100 dólares 96 vienen del petróleo, antes eran 75. Lo segundo que ellos tienen que resolver es cuál es el papel del sector privado dentro de este proceso. Queremos el respeto a las reglas claras del juego, donde haya libertad para dedicarnos a nuestras actividades en las áreas que nos hayamos podido poner de acuerdo.