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Empanaderas reducen su jornada de trabajo por falta de ingredientes

Las empanaderas pagan los productos por encima del precio regulado

Las empanaderas pagan los productos por encima del precio regulado

Han tenido que usar maíz pilado, en sustitución de harina precocida, para preparar el alimento

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Las empanaderas margariteñas se han visto obligadas a reducir la jornada laboral debido a la acentuada escasez de harina precocida que hay en la isla. Muchas de ellas han optado por trabajar solamente los fines de semana y así dan tiempo para poder conseguirla.

En el mercado municipal de Conejeros y en el área asignada para la venta del producto en las adyacencias de la Basílica Menor de Nuestra Señora del Valle, la elaboración entre lunes y jueves se ha visto reducida en más de 90%. Patty Cova es una de las pocas que labora durante toda la semana en Conejeros, pero lo hace hasta el mediodía para atender a los clientes fijos.

De allí sale a peregrinar por los abastos y supermercados en busca de uno o dos paquetes de harina. Asegura que cuando no la consigue en esos sitios debe recurrir a los revendedores. "Pero el precio es muy alto ya que lo venden entre 15 y 18 bolívares, mientras que la regulada cuesta 7,50 bolívares el paquete".

Añade que de un paquete saca 20 empanadas grandes que son las de pabellón y camarones, y hasta 25 de tamaño regular. Otro de los productos que ha subido de precio es el aceite. Cuenta que paga el litro de soya a 30 bolívares y lo utiliza máximo dos días porque se quema muy rápido y, además, cambia el sabor de las empanadas. Pocas opciones. Las empanaderas margariteñas coinciden en que son muy pocas las opciones que tienen para no paralizar el trabajo, con el cual mantienen a sus familias.

Algunas de ellas, como el caso de Marlene Vargas, recurren al maíz pilado, que es vendido en una bolsita de medio kilo a 12 bolívares y solamente producen un máximo de 10 empanadas. Agrega que deben mezclarla con harina de trigo para hacerla más manejable y este producto tampoco se consigue. "Esa mezcla sola es muy dura y rinde poco.

Además, sino la utilizamos toda el mismo día se pone ácida y tenemos que botarla". Gladys de Brito es la única empanadera que se ha atrevido a trabajar toda la semana en el área de comida en las cercanías de la Basílica Menor del Valle, ya que es el único ingreso que percibe para mantener a su familia. "Yo no cobro 15 ni último y por eso tengo que trabajar todos los días. Estar sola me favorece en algo porque puedo vender, pero el resto de mis compañeras trabaja de viernes a domingo por falta de harina y otros ingredientes como el pollo", señala.

En vista de que tiene poco tiempo para salir a la caza del producto se ve obligada a pagar hasta 18 bolívares por paquete a los revendedores. Asegura que aunque eso le reduce las ganancias no puede aumentar el precio de las empanadas porque los clientes no quieren pagar más de 10 bolívares, a menos que sea la de pabellón o camarones que cuestan 25 y 30 bolívares respectivamente. En casos extremos, también ha tenido que recurrir a la masa de maíz pilado, pero no le resulta porque le cambia el sabor original a las empanadas margariteñas.

"A los clientes no les gusta con esa masa. Además rinde muy poco y no se ven las ganancias", afirma. Cuenta que la escasez de pollo las ha llevado a reducir las opciones de sabores y solamente están haciendo empanadas de queso, carne molida, mechada y pescado, además de las opcionales como pabellón, camarones y mariscos.

Caen ventas de arepas
Las vendedoras de arepas en la isla de Margarita viven una situación similar por falta de harina de maíz, razón por la que recurren a los revendedores y eso las obliga a subir los precios. "Nadie quiere pagar por una arepa 30 o 35 bolívares, las normales, y hasta 50 por las de camarón o mariscos. Nosotros no podemos hacerla por menos que eso, porque estaríamos perdiendo, subraya Carlos Guerra en un puesto de comidas en Porlamar. Argumenta que las arepas llevan más relleno y ellos no van a trabajar a pérdida.