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Coppelia Venezuela abrió y cerró por falta de insumos en tres semanas

La fábrica, que funciona en Falcón, está en su primera fase y tiene una capacidad para producir 583.000 helados al mes

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“¡Inspección! Inspección a las unidades fronterizas y agroindustriales desde Caracas hasta el Alto Apure. No les extrañe que aparezca el vicepresidente Nicolás Maduro o la ministra Carmen Meléndez a cumplir una inspección”, dijo el presidente Hugo Chávez en su segundo gabinete ministerial luego de ganar la reelección el 7 de octubre.

“Estamos buscando la eficacia, la eficiencia política, económica, administrativa, y la calidad revolucionaria de lo que estamos haciendo”, señaló, después de reclamar la paralización de la fábrica de helados Coppelia Venezuela.

El objetivo, dijo, es “garantizar la eficiencia” en las industrias del Estado. En lo que respecta a la fábrica de helados, entre las filas del chavismo se le conoce como “el escándalo Coppelia” y es descrito por los detractores del ministro de Industrias, Ricardo Menéndez, como un ejemplo de los precarios estándares de calidad con los que se maneja la manufactura en el esquema del socialismo del siglo XXI, es decir, abrir un fábrica y cerrarla en menos de tres semanas por falta de insumos.

Coppelia está ubicada en la planta Alfredo Maneiro, en la carretera San Juan de los Callos en Falcón. Fue inaugurada el 21 de octubre pasado durante el primer gabinete económico que realizó Chávez. La distribución del producto es atendida por Lácteos Los Andes, comprada por el Gobierno en 2008.

La fábrica está en su primera fase y tiene una capacidad de producción de 4.000 litros por turno, lo que equivale a 583.000 helados mensuales. En la segunda fase se incorporará una planta en Acarigua, estado Portuguesa, con capacidad para 30.000 litros. Tres sabores fueron anunciados: mantecado, fresa y chocolate a un precio de de 9,50 bolívares, para ser comercializados en Café Venezuela, Arepera Venezuela, Panaderías Venezuela. También estarían disponibles en Mercal, Pdval y abastos Bicentenario.

Tres semanas después el presidente Chávez preguntó: “¿Por qué no están produciendo helados?”. La ministra de la Secretaria del Despacho de la Presidencia y Seguimiento de la Gestión de Gobierno, Carmen Meléndez, respondió que los trabajadores le habían informado que una máquina “estaba estropeada”. El proveedor iraní tenía problemas para conseguir el repuesto.

Una fuente del sector industrial, que pidió no mencionar su nombre, afirmó que Meléndez dispone de una red de informantes, en la cual los cubanos se destacan por los reportes detallados, con conversaciones incluidas, sobre 127 empresas que controla el Estado. De allí que Chávez supiera con nombre y apellido quién era el gerente que dijo: “A mí no me importa el socialismo”

La fuente también aseguró que los trabajadores no contaban con servicio de transporte y que la planta había sido instalada en un lugar sin acceso al servicio público y a 45 minutos a pie bajo el sol de Falcón.  

Sin materia prima

Los helados Coppelia han sido desde la década de los sesenta un símbolo de la revolución cubana. El proyecto de abrir una fábrica en Venezuela no sólo guarda un significado en la lógica del control de las cadenas de producción, sino que también es un estandarte de la profundización del socialismo del siglo XXI. Por eso, Chávez le ha puesto especial atención, dijo la fuente.

Recordó que en el acto inaugural de la planta, el Presidente aseguró que todos los ingredientes de los helados provenían de industrias estatales: crema de leche de las plantas de Machiques (Zulia) y Cabudare (Lara) de Lácteos Los Andes; azúcar de la Corporación Venezolana de Alimentos; cacao de productores de Barlovento, estado Miranda y el concentrado de naranja de la planta Roberto Bastardo de Monagas. La pulpa de guayaba y de mango vendría de la planta Centinela, en Barinas; la de piña de productores de Bobares en Lara; la de durazno de Maturín y la leche de coco llegaría de Falcón.

Los envases del producto son fabricados por la Corporación de Industrias Intermedias de Venezuela y grasa vegetal (manteca) elaborada por Industrias Diana. La escasez del producto –básico para los helados- fue precisamente el que produjo la paralización de la planta.

Sólo una empresa privada importa esta grasa vegetal para los helados, pero la escasez de divisas a la que está sometido al sector desde junio ha hecho que las compras del producto se reduzcan al mínimo. Cuando el Coppelia Venezuela trató de conseguir el ingrediente se dio cuenta de que no estaba disponible en el mercado nacional, lo que condujo a que la ministra Meléndez ordenara una investigación a la empresa Diana para determinar por qué no estaba procesando el producto.

Inspirada en el ballet

Hladería ícono de la revolución cubana

Entre las calles 23 y L, Vedado, en el área de la Rampa en La Habana, Cuba, está ubicada la heladería Coppelia. Fue bautizada con ese nombre en 1961 y antecedida en la región por otra heladería con el mismo nombre abierta en Chile en 1949. La denominación fue tomada de un ballet estrenado en Paris, Francia, el 25 de mayo de 1870 durante la monarquía de Napoleón III.

En América Latina esta tradicional heladería cubana se dio a conocer para las nuevas generaciones con el filme Fresa y Chocolate, de Tomás Gutiérrez y Juan Carlos Tabío. Luego del derrumbe del Muro de Berlín y de la Perestroika en la Unión Soviética, la isla pasó por el llamado “periodo especial” por los recortes de ingresos.

En aquel tiempo la sociedad cubana comenzó a reclamar la caída de la calidad de los helados Coppelia por la falta de insumos para prepararlos. Actualmente cada semana atraca en el puerto de La Habana el buque Ana Cecilia con encomiendas y ayuda.

Los cubanos muestran con orgullo la heladería Coppelia como un símbolo de la revolución y allí suelen coincidir con turistas estadounidenses, que no hacen cola y pueden pagar con dólares.