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Consumidores recorren el país en busca de productos

Escasez en anaqueles / Leonardo Guzmán

Escasez en anaqueles / Leonardo Guzmán

Las personas que trabajan vendiendo comida son de los más afectados por no conseguir materia prima

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Visitar varios establecimientos con el propósito de reponer los alimentos y los productos de higiene personal que escasean en el hogar se ha convertido en una tarea común de las familias venezolanas en los últimos años que se ha acentuado desde finales de 2012.
Desde octubre el índice de escasez que mide el Banco Central de Venezuela ha superado 16%. Sólo el mes pasado se ubicó en 21,3%, lo que se ha evidenciado en anaqueles vacíos y en largas colas de personas a las puertas de los supermercados cuando llega un producto al local.
La situación se repite en todo el país y una de las estrategias empleadas por las personas para hacerse de bienes que no se consiguen con regularidad en sus zonas de residencia ha sido viajar a Caracas u otras ciudades donde la distribución de determinados productos es más regular. Incluso hay quienes aprovechan amistades para pedirlos de Colombia o de las islas más cercanas.
Johana Barreto, residente de Valencia, relata que viaja a visitar a su hermana una vez al mes en Caracas y aprovecha para adquirir productos que prácticamente han desaparecido de los anaqueles en la capital de Carabobo.
“A veces es mi familia la que viene a Valencia y les hago encargos. Me traen tres o cuatro paquetes de café, dos de harina, dos latas de leche en polvo, en fin, veo qué me falta y lo pido”, expresa.
Andreina García vive en Caracas y viaja todos los fines de semana a visitar a su familia en La Victoria, Aragua. Señala que se encarga en la semana de visitar distintos supermercados en la búsqueda de los productos más solicitados por su mamá. “El sábado pasado llevé papel higiénico, margarina y harina de maíz. Trato de comprar varios paquetes para que alcance para mis hermanas, cuando llego hacen mercado”, dice.
Escoger entre una marca y otra ya no es prioridad, aseguran los consumidores. Hay quienes están comiendo productos comprados afuera del país. Pedro Linares, habitante de la isla de Margarita, dice no tener problemas con el arroz. Señala que tiene unos familiares en la Península de Macanao que son pescadores de altura y cuando tocan en las costas de la Guyana Francesa, aprovechan para traerle algunos sacos con el cereal. “Me traen paquetes de entre 5 y 10 kilos de arroz y es de muy buena calidad”.
Los consumidores reconocen que en Caracas el abastecimiento de los productos tampoco es regular, pero sostienen que son repartidos con mayor frecuencia.
“En Caracas se consiguen más las cosas, no se desaparecen tanto. Aquí en Acarigua la escasez se puso peor desde enero, los últimos dos meses han sido muy fuertes”, dice Patricia Sabástegui, residente de Portuguesa. “Ya llega al limite de que vas por la calle y la gente grita que hay papel en un abasto y todos salen corriendo”, añade.

Trabajo comprometido. La escasez de algunos alimentos se ha hecho más evidente para las personas que trabajan comercializando comida. Evelinda Hernández vende arepas en el centro de Porlamar y afirma que ha tenido que sustituir algunos alimentos que usaba porque no los consigue. Su hermano que vive en Maracaibo le lleva envases de crema de leche con sal, para sustituir la margarina que no encuentra en los supermercados de la zona. “El producto es muy diferente pero así las arepas no quedan tan secas”, añade.
Carmen Hernández, residente de Margarita, hace tortas para vender. Asegura que gracias a su hermana que vive en Bolívar, pudo preparar la torta de cumpleaños de su esposo. “Mi hermana me envío dos envases de margarina. Ese es uno de los productos que está más escasos en estos momentos. Quienes vivimos de la repostería estamos pasando trabajo”, sostiene.

Encomiendas de comida

El traslado de alimentos y de productos de higiene personal hacia el interior del país se ha hecho evidente también en las empresas de encomienda. Las personas que no pueden viajar con regularidad a visitar a sus familiares o conocidos y a llevarles los bienes demandados, pagan por el envío de los productos tarifas que van desde 42 bolívares.
Un empleado de una de las empresas de encomiendas, que prefirió no ser identificado, sostiene que cada vez es más frecuente que las personas utilicen sus servicios para trasladar alimentos. “Es algo que está prohibido, nosotros no transportamos ni comida ni productos de higiene personal. Sin embargo la gente lo ha estado haciendo”.
Señaló que la empresa tiene un principio de confidencialidad que le impide conocer a exactitud lo que envían sus clientes, pero que se han percatado del traslado de alimentos porque algunos se han dañado antes de llegar a su destino. “Hay margarinas que se han derramado de sus envases. Al cliente se le dice que no es posible esos envíos y nosotros no nos hacemos responsables por su deterioro o extravío”, añade.