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“En Amuay no había suficientes materiales para extinguir el fuego”

Refinería de Amuay

Refinería de Amuay

Gustavo Benítez, ingeniero en seguridad industrial e incendios, explica que las unidades de almacenamiento de El Palito están equipadas con mecanismos efectivos para atender emergencias, como aprendizaje de accidentes anteriores. En su opinión, esta vez no funcionaron. “La refinería estaba protegida”, asegura

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Los recientes incendios de las refinerías de El Palito y Amuay han hecho que la mirada de la opinión pública se vuelque sobre la seguridad industrial y el mantenimiento preventivo de las instalaciones de Petróleos de Venezuela.

Gustavo Benítez, ingeniero contra incendios, especialista en seguridad y trabajador de la industria durante 25 años, participó en asesorías técnicas, evaluaciones con peritos internacionales y elaboración de protocolos de acción ante contingencias. Fue sobreviviente de accidentes industriales y no recuerda que en Venezuela haya ocurrido un hecho igual de catastrófico como la explosión en el Centro de Refinación de Paraguaná, el 25 de agosto pasado.

Con base en su experiencia asegura que en Pdvsa ha habido un cambio gerencial que se ha dedicado más a resolver crisis que a perseguir objetivos, lo que ha llevado a la desatención de las estrictas normas de seguridad que existían en la empresa. Los hechos son una demostración de que algo no está funcionando bien dentro de la industria, afirma.

—¿Qué evaluación puede hacer sobre la seguridad industrial en las instalaciones de Pdvsa?

—La seguridad se ha dejado de lado, se da prioridad a otras situaciones. Pdvsa había establecido unas normas que obligaban a una revisión periódica y al mantenimiento de todas y cada una de las partes que integran las estructuras de procesos. Pero se le ha dado prioridad a la política. Esa es la gran realidad. En la empresa se ha producido lo que llaman espiral del desastre: elementos que se van acumulando hasta llegar al punto central del espiral, y no hay reversión. ‘Déjalo’, ‘apágalo’, ‘sácalo de servicio’, ‘la señal a sala de control se activa constantemente, desconéctala’, y otras acciones similares son factores que se agregan a esta espiral. Se está gerenciando por crisis no por objetivos, como se hacía antes.

—¿Qué tan protegidas se encuentran las refinerías contra los rayos?

—En El Palito se instalaron durante el primer lustro de los ochenta pararrayos de vanguardia que brindaban cobertura a todas las instalaciones, incluyendo los muelles y los tanques de crudo y gas. Esos pararrayos debieron funcionar, pero no lo hicieron. La refinería estaba protegida.

—¿No hay otros sistemas de protección?

—El mismo tanque tiene sistemas de aterramiento que funcionan como un pararrayo. En el caso de ser un tanque de techo flotante, tienen un sello de neopreno que va en los bordes y el techo se mantiene equidistante de las paredes a través de unos pantógrafos. Los sellos brindan la protección adecuada para que no haya la emisión de gases a la atmosfera y no se puedan imitar los vapores de prendido del material almacenado. Aparentemente, los sellos de neopreno no estaban funcionando.

Entonces, cae el rayo y se incendian los sellos. En esta refinería y en todas, se dispusieron equipos que se llaman elevadores de espuma o cámaras espumadoras que permiten aplicar espuma al sello y extinguirlo en un lapso de entre 15 y 20 minutos máximos de aplicación. Ahora, pareciera que no funcionaron. Los sistemas de elevación de espuma interactúan conectados a los camiones de bomberos que son muy modernos, más eficientes que los de los bomberos urbanos.

—¿Por qué los incendios duraron tanto?

—Cuando contrastas lo que existía antes versus lo que ocurre ahora, hay algo que no está funcionando bien. Lo que ocurrió es que la espuma de las otras instalaciones petroleras fue llevada a Amuay y dejaron las instalaciones desprotegidas a riesgo de que si se presentaba una situación de este tipo no había cómo responder. En El Palito hay suficiente agua contra incendio, pero funciona solo para enfriar, eso lo que hace es mitigar y evitar que los otros tanques se incendien por propagación, pero no va a extinguir. Mientras no apagues el tanque que está incendiado continúa consumiéndose hasta que se agota el combustible y el tanque queda en pérdida total.

—¿Fue una propagación secuencial lo que sucedió en Amuay?

—Sí, también se le llama el efecto dominó. Yo trabajé como planificador de alternativas, teníamos hasta cuatro círculos de respuesta. Lo que pasó en Amuay lleva a suponer que no había suficientes materiales para extinguir el fuego. El problema era que no había espuma. Si tú tienes espuma suficiente puedes atacar el tanque por la parte de arriba con unos cañones a los que les dicen “terminador”, que son equipos para aplicación de espuma en volumen y se logra la extinción en un lapso no mayor de dos horas. De haber tenido los materiales, los tanques se habrían apagado en pocas horas.

—¿Qué tanto influyó la falta de mantenimiento en accidentes como estos?

— Fue crítica. El mantenimiento es necesario para la prevención, para que funcionen los explosímetros limitantes de área, los sensores. En el caso de Amuay, si esos equipos hubiesen estado operando, el gas habría quedado confinado y no hubiera llegado a los sitios donde llegó. Además, quién autorizó que se construyeran casas en la zona de seguridad, cuando nosotros éramos muy celosos con eso.

—¿Hubo incidentes similares en la industria petrolera?

—Sí, en Amuay en los años ochenta. Se produjeron accidentes por falta de mantenimiento pero nunca con estas consecuencias. Incluso en 1960 hubo un gran incendio ocasionado por un rayo, pero eso obligó a que en la década de los ochenta en todas las refinerías se instalara un pararrayo por tanque, tomando en cuenta que es una zona de alta tormenta. Todo vino a raíz de Tacoa, 19 de diciembre de 1982. Yo fui uno de los sobrevivientes de esa situación y participé en la investigación.

—¿Qué importancia tiene investigar esos hechos?

—Esa es otra cosa, ocurren los eventos y no se hace la investigación. En Amuay debieron comenzar las investigaciones en las dos horas subsiguientes de haber atendido la emergencia, pero este caso era distinto porque hubo fatalidades. En esas dos horas siguientes se toman muestras en los escombros para llevarlas a cromatografía en laboratorio y establecer cuál fue el producto que provocó la explosión. Eso se tenía que hacer de inmediato, buscar los puntos carbonizados, realizar una serie de experimentos, hacer mapas para ir denotando cuál fue el impacto en las estructuras. Nada de eso se tiene.

—¿Este tipo de accidentes tienen cobertura?

—Los contratos de las reaseguradoras dicen que cuando se demuestre negligencia y falta de mantenimiento y no se han aplicado las correcciones, la empresa no cancelará lo correspondiente a indemnizaciones. Yo dificulto que se reconozca eso.

—¿Cuáles son las recomendaciones para la industria actual?

—De haber un cambio de gestión, estos problemas no los vamos a resolver en cinco años. Hay que buscar asesoría y preparar a los trabajadores. Recuperar el CIED, Centro Internacional de Educación y Desarrollo de Pdvsa. Antes, un operador tenía que hacer un curso de dos años. Esa era Pdvsa.

Perfil

Gustavo Benítez es ingeniero en seguridad industrial y en incendios de la Universidad de Kansas, con un posgrado en higiene y salud ocupacional y varias especializaciones relacionadas.

Tiene experiencia en todas las áreas operativas de la industria petrolera petroquímica. Fue gerente de Higiene, Seguridad y Ambiente en la Región Oriental. Ha sido instructor de diversos institutos, coordinador en proyectos de seguridad industrial, evaluador para empresas de reaseguros internacionales y autor de dos libros sobre el tema. Actualmente se desempeña en Colombia como instructor de Higiene, Seguridad y Ambiente en varias instituciones.