• Caracas (Venezuela)

Douglas Estanga

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Durmiendo con el emperador

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La invasión era inminente. Cada cabeza de playa sería tomada por tropas del imperio. Su gobierno rodaría, y su país –azotado por siete plagas– sería derrotado. Por eso, cuando el hombre más poderoso del mundo le envió un emisario para reunirse, aceptó sin dilación. Aquella noche, la última reina del Egipto antiguo retuvo en la alcoba lo que, de otro modo, hubiera perdido frente al César en los campos de batalla: el poder.

Cleopatra está vigente. En la guerra y en la política todo vale, dicen los pragmáticos. El presidente de Estados Unidos lo es. El de Cuba también. Este último, en lugar de enterrarse a sí mismo, ha decidido enterrar un libro que, en 2016 cumple 100 años: El imperialismo, fase superior del capitalismo, de Vladimir Ilyich Ulyanov. Por desgracia, algunos en América Latina –particularmente en Venezuela– siguen creyendo que Lenin y otros difuntos viven.

En 1916, la consigna del anticolonialismo tenía sentido. Uno de cada cinco metros de las tierras continentales pertenecían a la corona británica, y uno de cada cuatro habitantes del planeta era su súbdito. Pero, en la década de los sesenta, África, Suramérica y la mayoría de los países del Caribe completaron el proceso de descolonización frente a Europa. El mundo ya no estaba repartido del modo en que Lenin lo conoció. Atrás había quedado la oscura noche del colonialismo.

Más de medio siglo después, en un mundo multipolar, el antiimperialismo también lo es (no hay un solo imperio). El siglo XX conoció el imperialismo norteamericano; pero, también el soviético. Lenin –muerto en 1924– no vio la expansión de su país, pero la avisoró. La URSS imperial surgió en la Conferencia de Yalta, donde los ganadores se repartieron el mundo, tras la Segunda Guerra Mundial. Un evento así, había sido futurizado por el creador de los soviets en el Capítulo IV de su libro: “Por primera vez, el mundo se encuentra ya repartido, de modo que lo que en adelante puede efectuarse son nuevos repartos, es decir, el paso de territorios de un ‘amo’ a otro, y no el paso de un territorio sin amo a un ‘dueño”. Fue así como el comunismo soviético se convirtió en amo de Eurasia, Europa Oriental completa y de casi toda Europa Central. Cuba vino después.

No ha mucho de, en la primera década del siglo XXI, surgió un nuevo-viejo imperio: China, y ha llegado para quedarse. Hace rato desplazó a los viejos imperios europeos; y es, hoy por hoy, la potencia con más dinero, según el Fondo Monetario Internacional.

El mundo ha cambiado. El imperio no invadió; y, a contracorriente del cacaraqueo antiimperialista que sigue sin enterrar a Lenin y a otros difuntos, Estados Unidos ha iniciado en La Habana y en Buenos Aires un nuevo relacionamiento con América Latina. Aún así, Brutus insiste en apuñalar a César. ¡Celos, malditos celos! Mientras tanto, su amada antilla está durmiendo con el emperador.