• Caracas (Venezuela)

Douglas Estanga

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Auge y caída del eje Caracas-La Habana

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La revolución bolivariana no daba un paso sin consultar con La Habana. Ni para vivir, ni para morir. Pero el 17 de diciembre de 2014 las cosas cambiaron. Estados Unidos y Cuba anuncian su reconciliación. Maduro se entera por Twitter. Su mejor aliado pactaba en secreto con el enemigo, dejando atrás más de 53 años de ruptura diplomática y a la revolución bolivariana por fuera, como la guayabera. Ese día, el eje Caracas-La Habana recibió una herida de muerte. Raúl había hecho los números. No quería volver a los años del período especial (aquellos años de hambruna posteriores al derrumbe de la Unión Soviética) ahora que la Venezuela socialista estaba quebrada. Así es el ajedrez político. Así es el ajedrez de la economía internacional.

Copiosas inversiones están llegando ahora  a Cuba desde América del Norte y Europa. Atrás queda el embargo de 1961, tras las expropiaciones decretadas por Fidel Castro contra empresas norteamericanas. Atrás queda la Ley Helms-Burton de 1995. Obama y Raúl demolieron el último rezago de la Guerra Fría. Ya American Airlines opera 23 vuelos charter semanales –no solo hasta La Habana, sino también a Camagüey, Cienfuegos, Holguín y Santa Clara– desde Los Ángeles, Tampa y Miami. Actualmente otras líneas estadounidenses –Delta, Southwest, Alaska Air y Jet Blue entre ellas– han solicitado autorización para 20 vuelos diarios desde Chicago, Dallas, Charlotte y otras ciudades. En las áreas de tecnología, informática, hotelería, medicinas, material médico-quirúrgico, agricultura e industria naviera el potencial de negocios es infinito. En este sentido –durante una visita del gobernador de Virginia, Terry McAuliffe– una universidad, Virginia Commonwealth University, y el Puerto de Mariel firmaron un acuerdo para el desarrollo naviero.

En el marco de esta revisión de su política económica, la isla acaba de firmar un Acuerdo de Cooperación y Diálogo Político con la Unión Europea, el cual allanará el camino para la firma de un acuerdo de cooperación técnica. A tal fin viajó a Cuba la secretaria de Asuntos Exteriores de la UE, Federica Mogherini. En el campo empresarial, delegaciones de Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y España han estado allí. No se necesita ser adivino para prever que el pueblo cubano va a elevar sus estándares de vida.

Mientras Cuba abre su economía al mundo, el presidente de Venezuela insiste en fundir motores socialistas que no van a ninguna parte. Ha terminado prisionero de sus cuentos (particularmente, el mito de la “guerra económica”). Alguien debería  decirle a Alonso Quijano que deje de pelear contra molinos de viento.

Pese a su paso por la Cancillería, el presidente no entiende el complejo juego de los negocios internacionales. Debería saber que esa herramienta ha sacado a muchas naciones del foso. Especialmente, cuando el FMI pronostica que la economía venezolana retrocederá 18% en 2016. Un presidente náufrago debería averiguar cómo han hecho otros para salvarse. Sacudirse la pereza sería un buen comienzo. Preguntar a los que saben, sería importante. Leer un libro, aún mejor. Si estudiara los cambios de rumbo de China e Irán (dos países a los que suele llamar “hermanos”) sacaría lecciones útiles para su pellejo y para Venezuela. Como hizo Deng Xiaoping, después del colectivismo de Mao. Como está haciendo Rouhani, después de Ahmadinejad (las armas nucleares no dan de comer). Los chinos se sacudieron los trastos de la economía marxista. Si Maduro no lo hace pronto, otro pronto lo hará.

El anuncio del Pacto Washington-La Habana no fue una fecha al azar. Barack Obama y Raúl Castro la escogieron para honrar al cumpleañero que hizo posible el histórico arreglo, el papa Francisco, quien pudiera ser muy útil a Venezuela y a sus factores de poder. El Vaticano es una institución informada y luminosa. Puede ayudarnos a evitar sufrimientos innecesarios. Si acude a esa instancia, el presidente no se enterará de su futuro por Twitter. En todo caso, aunque no conserve el cargo y Raúl no lo respete, debería intentar salvar la guayabera.