• Caracas (Venezuela)

Diómedes Cordero

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Diómedes Cordero

De la nostalgia

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Con Obra Poética (1962-2004) (Mérida: Ediciones El otro, el mismo, 2013), el editor, escritor, ensayista e investigador literario Víctor Bravo “inicia la Biblioteca Antonio Pérez Carmona que publicará la obra completa de este escritor trujillano, venezolano y universal”. En la poética de Pérez Carmona (1933-2006), poeta, narrador, ensayista, cronista, según Bravo, en el prólogo: “Imaginario Universal, Imaginario de Comarca”, el dibujo de “la figura del poeta” aparece en el pasaje “de la descripción al canto”, cuando “transforma la reflexividad sobre el mundo y el encanto de la comarca en el estremecimiento de la fragilidad del ser”. “Canto al Lago de Maracaibo” (1962), “De la nostalgia” (1983) y “De la guerra y la ternura” (2004) son las tres partes (libros) que conforman la poesía completa de Pérez Carmona.

“Canto al Lago de Maracaibo”, originariamente un solo poema de mediana extensión, exalta, mítica y metafóricamente, la exuberancia del paisaje lacustre primigenio, en contraste con  la posterior historia del descubrimiento, la colonia y la explotación petrolera: “El Lago mitológico y espíritu viviente” opuesto a “El Lago cosmopolita con barcos y hombres anudando / la comunión humana”. Visión historicista y poética: “El Lago poema de la resurrección, verso en la plenitud de la belleza” materializada, en la edición de Bravo, con la agregación del poema (sin nombre) introductorio al ensayo Los cuicas y sus herederos poéticos (1979): “¿Por qué buscar a Rimbaud, / si cuatro siglos atrás estos hombres bronceados / cantaban y volaban en la magia de las palabras / como pájaros elegantes y azules que portaban banderas heroicas / sobre las cumbres y los pozos de neblina?”.

“De la nostalgia”, como dice Dámaso Ogaz, en uno de los tres epílogos de Obra poética, los otros dos de Adriano González León y Rafael Ramón Castellanos, se decanta por “los bosques, el pozo, la noche, el contacto estremecedor con la pequeña ciudad, el conocimiento trágico de los grandes poetas y las oraciones a los amigos fugados al inmenso reino”, privilegiando, al abandonar el poeta los registros de la Historia y la ideología, la celebración de “la nostalgia y la ternura, en correspondencia con la naturaleza”, como señala Bravo, dentro de la estela de Vicente Gerbasi, fundador de esta singular tradición poética venezolana, Ramón Palomares, Luis Alberto Crespo, Rafael José Álvarez y Eugenio Montejo, que canta el lar y el paisaje regional con procedimientos vanguardista de la más elevada modernidad poética. Frágil, vulnerable, melancólico, nostálgico, triste, el poeta, “solitario y dionisíaco” recurre a imágenes primordiales del paisaje y la cultura de la comarca, en alucinado y prodigioso diálogo con poetas y ciudades de Occidente: Homero, Novalis, Shelley, Keats, Lautreámont, Verlaine, Baudelaire, Brecht; Londres, París, Madrid, Cartagena, Bogotá; para,“triturado por la melancolía y la muerte”, al decir de Ogaz, intuir que sólo “los poetas se atan en la vida y en la muerte”.

“De la guerra y la ternura”, aún cuando conserva el imaginario poético y culturalista de “De la nostalgia”, regresa a la tendencia historicista de “Canto al Lago de Maracaibo”, pero iluminada, parcial e ideológicamente, por las figuras, imágenes y representaciones del museo de la cultura de la izquierda latinoamericana.

El espacio imaginario de la Media Luna, Escuque y Trujillo guardaría el secreto de la poesía de Antonio Pérez Carmona. Queda al lector abismarse.