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Diómedes Cordero

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Diómedes Cordero

Sobre Papel Literario

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El septuagésimo aniversario de Papel Literario, el suplemento cultural del diario El Nacional, podría ser analizado desde una doble perspectiva: por un lado, su innegable significación cultural en la literatura y el arte venezolano y, por el otro, el impacto real que ha tenido en la formación de la industria de la cultura en el país, en los setenta años de producción, circulación, distribución y consumo cultural ininterrumpidos.

Pero, quizás, con un propósito similar al que Benjamin pensó para su revista, que no llegó a publicar, Angelus Novus, “ser testigo de una época”, eludiendo “la superficie estéril de lo nuevo o de la última moda” de la prensa diaria, el nuevo aniversario de Papel Literario, podría revelar mejor la tensión actual, sincrónica, existente entre lo privado y lo público, el arte y el mercado, lo perecedero de lo diario y la duración de lo artístico, el autor y los lectores, funciones que los suplementos culturales detectan, interpretan, como un radar del estado artístico y la consistencia crítica de un tiempo de la sociedad.

Papel Literario, actualmente dirigido por Nelson Rivera, selecciona, critica e interpreta y ofrece a los lectores una visión diversa, plural, democrática, cosmopolita, de las prácticas culturales, que aunque privilegia la literatura incluye el arte, la música, la fotografía, la política, la filosofía, la historia, la sociología, las redes sociales, etc. (el teatro y el cine, quizás por su relación con lo escénico y lo espectacular son tratados principalmente en la sección cultural del diario), con un ejercicio de periodismo cultural crítico e interpretativo cercano a la singularidad de la escritura literaria; es decir, Papel Literario funcionaría como una máquina de leer que jerarquiza y valora las distintas creaciones literarias y artísticas, las ideas y tendencias de superficie y subterráneas de la cultura nacional y global, que sin desconocer el funcionamiento de la industria cultural y el mercado, actúa como un agente, un instrumento, de apropiación, mediación y difusión intelectual entre el campo privado del creador y el espacio público de la cultura.

El rigor y la independencia crítica de Papel Literario, con la garantía de la política empresarial y editorial de El Nacional, expresada en la condición de escritor del fundador del diario: Miguel Otero Silva, y en la de poeta del primer director del suplemento: Juan Liscano, y seguida, fiel y acertadamente, por los herederos y directores actuales, permitió y permite el privilegio y el compromiso de Papel Literario de y con los intereses del lector frente a los intereses tanto de los autores como de los editores: entre las fuerzas de la cultura y el mercado Papel Literario optaría “por lo que está tomando forma, en tanto que auténtica actualidad”, como diría Benjamin, para expresar la autenticidad y autonomía de un suplemento cultural que pretende ir al otro lado de la información, como un modo de intentar producir un conocimiento perdurable de la historia parcial de la literatura, el arte y el pensamiento.

Ante la aprobación de la nueva Ley Orgánica de la Cultura del país, caracterizada por Fernando Rodríguez como “chovinista, estatista, excluyente, censora, populachera, pasadista, ignorante de los mecanismos modernos de difusión cultural, provinciana hasta en el lenguaje”, lo que significaría la negación y destrucción de la diversidad cultural, la negación de las industrias culturales y comunicacionales y la desaparición del mecenazgo cultural, por parte del Estado, y la consecuente complicación y desvirtuación estatalista de las relaciones entre la cultura y lo público y lo privado, Papel Literario, a los setenta años, enfrentaría, en su papel de testigo de época, un necesario ennoblecimiento del ejercicio crítico e interpretativo de las pulsiones, tensiones y tendencias culturales de la nación. Una inteligencia crítica y un criterio literario y artístico como destino de verdad a la altura de su época.