• Caracas (Venezuela)

Diómedes Cordero

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Diómedes Cordero

La dura consistencia

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El escritor, ensayista, investigador literario y profesor universitario Douglas Bohórquez pareciera alcanzar en Como un discípulo del lobo (Caracas: Fundación Editorial El perro y la rana, 2011), su quinto libro de poesía, la consistencia formal necesaria para que en el poema la poesía manifieste el  testimonio y la reconfiguración de lo real, mediante el registro de la dificultad del poeta para expresar fielmente la experiencia vital y, al mismo tiempo, el deseo del poeta por exponer la reflexión como posibilidad de renovación de la lengua y reconocimiento del fracaso de la aventura poética: dificultad y deseo que Celan referiría en su consideración sobre la poesía contemporánea: “la poesía ya no se impone, se expone”. Bohórquez tiene conciencia de que es necesario “un poco de agua digo entonces / para despejar el horizonte, para ablandar / la dura consistencia / de lo que no se puede decir / y rebotan y resbalan entre los dedos las sílabas impronunciadas / apenas soñadas o entrevistas / imposibles de combinar / en la menesterosa forma de un poema” (cursivas nuestras), como lo dice en el poema “Caza”, manifestando la imposibilidad del sujeto poético de alcanzar “la mujer intensamente deseada”. 
   Pareciera que ante la menesterosidad de la forma del poema, Bohórquez apela a la condición del palimpsesto, no para reescribir sobre las huellas de su escritura poética, conservando las antiguas, sino como procedimiento de carácter onírico que le permita reconstruir el poema soñado, “casi perfecto”, anterior, en el tiempo inmediato, posterior, de la vigilia: la memoria del sujeto poético como método de reconstrucción espectral de la experiencia y de restitución de la intensidad poética perdida. El texto como exposición del pasaje entre el deseo (el sueño) de la forma y la imposibilidad paradójica (el fracaso) de la materialización del poema, como parece alcanzarlo en el poema en prosa “Palimpsesto”: “Entonces supe que aquel poema estaba referido a ella, que intentaba nombrar algo de la belleza y sutileza del ser, de los juegos en los que nos confundíamos con una intensidad única, alucinante.”
    Quizás sea la conciencia poética crítica de Bohórquez la que determine, cohesione, unifique y revele, relativamente, la poética de los setenta y siete poemas de Como un discípulo del lobo. Desde “Novela”, “Retórica”, “Palabras I”, “Palimpsesto”, “Palabras II” hasta “Palabras III”, se revela, por acumulación del sentido, la insuficiencia, la precariedad, la condición de menesteroso, del sujeto poético de la poesía de Bohórquez: “y no sabemos finalmente qué se nos cuenta / ni quien habla”; “todo ha sido retórica hueca / palabras vacías”; “El lenguaje es mi altura y mi miseria / como deslumbrantes fantasmas las palabras”; “Como un espectro daba vueltas en mi memoria”; “Como un pintor obsesionado en dibujar el rostro de un dios invisible, así busco yo las palabras”; “animal o persona / todo tan difícil de decir”. Douglas Bohórquez pareciera alcanzar en Como un discípulo del lobo “esa brevísima pasión que somos”: la escritura que transformaría en lenguaje poético la experiencia que hace legible los conflictos de la vida: el esplendor y las miserias de lo real.