• Caracas (Venezuela)

Diómedes Cordero

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Diómedes Cordero

Corazones de paso

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El cambio y la variación, como lo indica uno de los epígrafes de Corazones de paso (Barcelona-Venezuela: Fondo Editorial del Caribe, 2012), del poeta, ensayista y editor Julio Bolívar, parece determinar, desde la imposibilidad de la identidad del sujeto y desde la posibilidad de la multiplicidad de lo real, el carácter heterotélico de su poética: el poeta pareciera consciente de la negación de una voz poética centrada en sí misma y en sí mismo, el reconocimiento particular y personal de que lo poético residiría en la materialización de distintas y diversas experiencias; cercano, probablemente, a la idea de Seamus

Heaney de que “la poesía es también un documental del mundo”. Corazones de paso “documentaria” cinco de las mudanzas, traslados, experiencias, del poeta, relativamente autónomas, en su condición de situaciones poéticas, que conforman las cinco partes del libro: “Contiendas”, “Isla”, “Dios siempre nos mira”, “Personales” y “Corazones de paso”.

“Contiendas” centrado en la pelea de gallos, sería la variación poética de nueve instantes de una etología del gallo como símbolo de gallardía y valentía: desde la negación de la mirada, lo inescrutable del deseo del enfrentamiento, la analogía entre el carácter solitario del animal y el de la figura del escritor, la violencia como código de la muerte y el honor, la muerte como ascesis del deseo, la heroicidad del triunfo, la desigualdad del desenlace, la vergüenza de la derrota, la interrogación ante la muerte del gallero hasta la alegría inocente y lúdica del canto del gallo; y de dos finales, uno, un apunte biográfico del gallero Antonio Yusti, dedicado también al poeta Igor Barreto, quizás el más ilustre gallero venezolano, y, el otro, una moral para el noble arte de la riña de gallos.

“Isla”, la más breve de las partes de Corazones de paso, sería una variación melódica y sentimental de la condición y cultura de la insularidad.

“Dios siempre nos mira” sería una profanación poética de la ortodoxia teológica: un Dios que no recuerda, la omnisciencia celebradora de la muerte y el pedimento de un dios menor, “minúsculo”, que sólo hable con el alma de los desposeídos.

“Personales” sería la variación biográfica de la figura del poeta y su desafío a la realidad diaria: la iluminada herida escrita de un cuerpo, el recuerdo imposible de un espejo, la perfección de un oficio, el cine devenido en originaria experiencia amorosa, la doble paternidad, la memoria de la abuela, la estirpe materna, el peso excesivo de lo real, el defecto y el orgullo del poeta, el sentido de los gatos, la opulencia de una negra, el sueño de los otros del yo y la escritura incierta de la burocracia.

Y, finalmente, “Corazones de paso” sería la variación de los asuntos “poéticos”: la fugacidad del paisaje cubano, la súplica sagrada y profana convertida en oración, la melancolía inventada, la disipación de la nostalgia, la soledad del desierto, las dificultades y derrotas de los amantes, el erotismo del alma enamorada, el recuerdo de la ciudad venezolana de Valencia, la inevitabilidad de los días, la mudez de la lengua, la mirada del retrato, la destrucción del amor, el dolor y la enfermedad del resentimiento, el incendio de la conciencia, el sinsentido de morir en la infancia, la poética de la voz baja, las vicisitudes de los siglos, el instinto animal del crimen, los pasajes del corazón, el amor inconmensurable de la mujer, la soledad del sentimiento, la imperceptibilidad del tiempo, la ceguera del pasado, la levedad de la felicidad, la belleza de lo pequeño y el movimiento incesante de los cuerpos y las cosas.

En voz baja, discreta, menor, el poeta pleno, o de lirismo sosegado, o de suave ritmo narrativo, o de leve tono argumentativo, registra el perfil de las variaciones descritas que irradian el sistema de Corazones de paso. Su singularidad poética radicaría en la paradójica y probable convicción de Julio Bolívar: la imposibilidad de una voz única. Ser varios para ser uno y, sin embargo, ser fiel a sí mismo para no repetirse.