• Caracas (Venezuela)

Diego E. Arria

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Venezuela sí es una amenaza

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La Mesa de la Unidad Democrática y muchos dirigentes de la oposición son responsables de facilitarle al régimen la absurda movilización para rechazar la ley promulgada por el Congreso de Estados Unidos (ejecutada por el presidente Obama) cuyo  propósito es la defensa de la sociedad civil venezolana y de sus derechos fundamentales

¿Y por qué  lo afirmo? Tales declaraciones replican en su esencia las mismas del régimen. Efectivamente, tan pronto se anunciaron las sanciones a siete jerarcas por acciones criminales la MUD  destacó que la acción unilateral de Estados Unidos  era injerencista e inaceptable.

Dijeron: “Recibimos con aprecio y agradecimiento el apoyo de la comunidad internacional, pero no aspiramos ni admitimos que la comunidad internacional o alguno de sus miembros asuma deberes que son nuestros. Esta es una lucha de los venezolanos por Venezuela”.

O sea, gracias pero nos bastamos solos. Agregaron: “Preferimos la acción preventiva (…) que acciones sancionatorias unilaterales”. Y el gobernador Henri Falcón remató: “Rechazamos la injerencia extranjera en nuestros asuntos internos”, (mismo argumento del régimen). Entonces ¿qué solicitaban sus delegados en sus innumerables viajes al exterior si no querían apoyos unilaterales?  

Finalmente aseguraron: “Venezuela no es una amenaza para ningún país”.  Sin duda un atrevimiento afirmar algo semejante cuando es conocido que nuestro país ha sido utilizado para amparar y promover a grupos de narcoterroristas que han sido mas que una amenaza por ejemplo para Colombia. Su régimen ha establecido relaciones de la más alta peligrosidad con grupos terroristas internacionales. Asociado a regímenes como el de Irán que han puesto a nuestro país bajo el radar de la comunidad internacional. Que dispone de recursos que lo hacen un enemigo no subestimable. Que es un factor más que significativo en el tráfico de drogas y  en el lavado de dinero. Que acredita con pasaportes a terroristas. Todas estas consideraciones lo hacen un enemigo nada despreciable de la paz.

Validar y servir de fiador de un régimen  de pandillas  ante el mundo es imperdonable. Y nos cuesta caro a los que luchamos por la libertad.

No aceptan que se sancione a las siete personas directamente responsables por las muertes, persecuciones, torturas y abusos de inocentes víctimas de sus acciones que no pueden ser penalizados en nuestro país donde la justicia está a su servicio. ¿Por qué? Porque “no aceptan que ningún miembro de la comunidad internacional asuma deberes nuestros” y no propician ni  aceptan ninguna injerencia.  

¿Es que acaso la MUD cuenta con mecanismos para imponer la justicia a estos criminales? ¿Y cómo asume esos deberes? Estas preguntas deberían  contestarlas a los familiares de tantos inocentes muertos, presos, torturados y perseguidos. Es evidente que los que suscribieron esta declaración no han sido víctimas personales del régimen. No tienen familiares ultimados. Torturados. Presos. Perseguidos. Secuestrados o despojados de sus propiedades.

Nos venimos quejando con razón que somos víctimas de la indiferencia, del acomodo y hasta de la complicidad de muchos gobiernos, pero cuando emerge uno como el de Estados Unidos que en su orden ejecutiva define claramente al régimen venezolano con el perfil de un estado forajido y casi fallido de modo que el mundo aprecie claramente nuestra trágica realidad los opositores oficiales increíblemente la rechazaron por “injerencista”.

Pero hay una consideración mucho más importante para nosotros los venezolanos  que intento resumir: la MUD irresponsablemente al introducir el concepto de injerencia (igual que el régimen) olvida o decide desconocer una consideración fundamental del derecho internacional humanitario referente a que la violación de los derechos humanos sobrepasa las consideraciones de soberanía nacional.

“Las violaciones graves a los derechos humanos no constituyen ‘asuntos internos’. Son la excepción al principio de no intervención. Y en el caso de Venezuela, estas violaciones han sido establecidas por la ONU y los más respetados organismos internacionales no gubernamentales de derechos humanos, incluyendo Amnistía Internacional y Human Rights Watch” (Paz Zárate). 

En la Cumbre Mundial de las Naciones Unidas en septiembre de 2005, todos los dirigentes mundiales acordaron que cuando un Estado no cumpla la Responsabilidad de Proteger (R de P), la comunidad internacional tendrá la responsabilidad de ayudar a proteger a la población amenazada. La Responsabilidad de Proteger es un compromiso para prevenir y detener crímenes masivos. Me  pregunto, en un país como el nuestro donde cada 20 minutos matan a una persona ¿no es una realidad de la más alta peligrosidad?

Nadie discute  el respeto debido a los principios de soberanía y de la no injerencia en los asuntos internos de un país, pero la MUD no intenta ni siquiera condenar que el régimen chavista y su FANB pretenden utilizarlos como una licencia para cometer todo tipo de delitos. Literalmente como un parapeto detrás del cual delinquir. Y como hemos visto hasta a matar.

Durante los años que tuve la oportunidad de servir como asesor especial  de Kofi Annan, secretario general de la ONU, se comenzó a aplicar el principio de la Responsabilidad de Proteger (R de P) a  las sociedades secuestradas por sus gobiernos he incapacitadas de defender sus derechos. ¿Acaso esta no es nuestra realidad?

Definimos entonces  a la soberanía no como una licencia para controlar a aquellos que se encuentren en el interior de las propias fronteras, sino como un conjunto de obligaciones para con los ciudadanos.

Annan hizo hincapié tanto en la soberanía de los individuos como en la del Estado y se desarrolló el concepto de “soberanía como responsabilidad”. Que la primera y más importante de esas responsabilidades es la de proteger a los ciudadanos de los abusos mas atroces. En términos  sencillos: el individuo es primero. Precisamente lo opuesto al comportamiento del régimen chavista.

Es penoso constatar que algo tan evidente como la responsabilidad de proteger al igual que la prevalencia indiscutible de los derechos humanos sobre el concepto de la soberanía haya sido desconocido por la MUD y muchos otros dirigentes. Igual hizo la vergonzosa misión de cancilleres de Unasur que vino como cómplices de Maduro y su pandilla. Desmentir que no era un acto de injerencia era obligante, pero no lo hicieron.

He venido repitiendo y escribiendo por años sobre una dirigencia política inmersa en la negación de la realidad y que no tienen como resarcirnos de las consecuencias de semejante irresponsabilidad. Eso no puede jamás llamarse unidad. Ni menos oposición.