• Caracas (Venezuela)

Diego E. Arria

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Comandante de la Aviación: “Viviremos y venceremos”. Todo un miserable

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"Dios reciba en su seno a estos capitanes heroicos y que su condición de ‘caballeros del aire’ sea considerada para emplearlos como ‘ángeles custodios’ de nuestra irreversible revolución bolivariana. Viviremos y venceremos", palabras no del capellán de la fuerza aérea, sino las del mayor general Edgar Valentón Cruz Arteaga, comandante general de la fuerza aérea.

Las pronuncia una semana después del siniestro ocurrido el 17 septiembre en el que lamentablemente murieron dos jóvenes oficiales en el avión de combate Sukhoi Su-MK2 que se habría estrellado cuando supuestamente realizaba una acción de intercepción de una aeronave que violaba el espacio nacional.

La supuesta aereonave –si ese fue en realidad el caso– no ha sido identificada ni menos aún encontrada, pero no ha impedido que haya sido calificada por el régimen como portadora de drogas proveniente de Colombia.

Resulta especialmente singular que un avión de combate pueda estrellarse persiguiendo una pequeña areonave, y que sus dos pilotos no hayan podido eyectarse a tiempo. Pocas causas pueden impedir esa acción, como sería en caso de haber ocurrido una explosión  en la areonave, o que no se hubiesen percatado de un ataque para derribarlo –cuestión que el encargado de noticias de VTV no descarta–.

Cabe destacar que de siete accidentes registrados de los Sukhoi en el mundo en solo dos casos los pilotos no lograron eyectarse y sobrevivir. Uno en India y dos en nuestro país.

No se aclara si la misión era para derribar la areonave o para hacerla aterrizar, como debería ser el caso de no tratarse de un error de orientación de la supuesta aeronave. O si por lo contrario se trataba de un acto de disuasión militar a Colombia, lo cual no es descartable por las denuncias presentadas en días previos por el gobierno de ese país de que aviones venezolanos habían violado su espacio aéreo.

El régimen contribuye activamente a fomentar el misterio del siniestro, pues no enseñan fotos ni videos del avión con la ubicación del sitio. Tampoco informan si los cuerpos de los pilotos estaban dentro de la nave. Menos aún se conoce si el mantenimiento del Sukhoi estaba al día. Si contaba con repuestos adecuados. Si Rusia sigue prestando mantenimiento. Si el adiestramiento de los pilotos es supervisado por los rusos, etc.

Estos aspectos que permanecen ocultos para los venezolanos no lo serán para el fabricante ni para el gobierno ruso, cuya responsabilidad y prestigio estaría en juego, y ante lo cual el régimen no se atreverá a alegar injerencia extranjera.

Ahora el irresponsable de Maduro se propone comprar 12 aviones más. Un poco como "ta’ barato dame una docena", en un país medio muerto de hambre por culpa de su pandilla de irresponsables. Cada Sukhoi vale 46 millones de dólares sin incluir comisiones. Casi el doble del precio de aviones de combate similares. Negocio a la vista: 452 millones de dólares, más repuestos y comisiones.

En cualquier país del mundo ya habría respuestas para las pocas, lógicas y simples interrogantes que apunto arriba, a las cuales se sumarán incontables más de los expertos. Pero no en Venezuela donde Maduro y Padrino se limitan a lamentar el sacrificio de héroes de la “gloriosa fuerza aérea bolivariana” que de gloriosa no tiene nada. Una investigación con colaboración externa sería lo correcto pero no lo harán.

Pero ante esta tragedia que enluta a dos familias venezolanas y a los  propios integrantes de la fuerza aérea y a la fuerza armada, el comandante general de  la Aviación, mayor general Edgar Valentón Cruz Arteaga, pronunció las siguientes palabras, dirigidas a los pilotos fallecidos que no deben pasar inadvertidas:

"Los capitanes, hijos de la revolución bolivariana cuentan con el permanente, consecuente e incondicional respaldo de todo nuestro componente y, a través de él, con el de toda nuestra FANB (¿?). Dios los reciba en su seno y que su condición de ‘caballeros del aire’ sea considerada para emplearlos como ‘ángeles custodios’ de nuestra irreversible revolución bolivariana. ¡Viviremos y venceremos!".

No solo es una declaración, ridícula, vergonzosa y deplorable ofrecerles a los capitanes fallecidos el "incondicional respaldo de toda la FANB". Este general lo primero que debe hacer es decir la verdad completa de lo ocurrido. Eso no solo lo merecemos los venezolanos propietarios de la nave siniestrada, sino muy en especial los familiares de los capitanes y el plantel completo de la fuerza aérea, seguramente consternada por este hecho, al igual que por las palabras de Maduro, de Padrino y de su comandante general. 

Promover póstumamente a los dos capitanes al grado de  mayores no es para nada suficiente. Decirles la verdad a todos es lo que toca, al igual que indemnizar como corresponda a la familia de los capitanes de acuerdo con los grados de responsabilidad que se puedan establecer de manera independiente –lo cual está por verse.

Este general Cruz Arteaga irrespeta la memoria de los capitanes venezolanos en misión –cualquiera que fuese la que cumplían– montándose sobre sus cadáveres para promover una abominable revolución capaz de promover oficiales como él, que son una vergüenza nacional. Cómplice de toda la tramposería de la que es capaz la pandilla del régimen al cual le sirve ocultando la verdad.

Cruz Arteaga merece el repudio de todos, comenzando por sus compañeros de la fuerza aérea, por su insensibilidad, por su falta de consideración con estos oficiales y con sus familiares.

Todos estos años, y con especial orgullo, he guardado la condecoración "Cruz de la Fuerza Aérea" en Primera Clase –la más alta que se concede–. Claro, era la de la Fuerza Aérea Venezolana. FAV. No esta que, en vez de volar, su comandante general la arrastra y la empantana por tierra.

Es el mismo mayor general Edgar Valentón Cruz Arteaga que, al final de sus palabras, les dijo a los oficiales fallecidos: “Viviremos y venceremos”. Todo un miserable.