• Caracas (Venezuela)

Diego D'Sola

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Diego D'Sola

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El asesinato del estudiante Kluiverth Roa, así como la brutal e inadvertida detención de Antonio Ledezma, son señales inequívocas de la naturaleza real del régimen. La progresión diaria hacia la dictadura abierta presenta simultáneamente el más grave peligro y la más preciada oportunidad para las fuerzas democráticas.

Peligro porque, frente a la aguda crisis económica y social, el instinto de supervivencia del régimen lo obliga a ver en las armas de la represión y el miedo su única garantía de permanencia en el poder. Aunque el silenciamiento violento de la disidencia refleja fragilidad, tampoco es descartable un escenario donde el gobierno pueda anestesiar, como lo ha venido haciendo, a la dirigencia opositora hasta suprimir su capacidad de respuesta. Descabezada y sin poder de convocatoria, la oposición sería incapaz de conducir un proceso de transición democrática. ¿Contempla la MUD una línea de acción frente a un posible autogolpe? ¿Cómo debería afrontar el liderazgo opositor un arrebato a la voluntad popular?

Por otra parte, la experiencia histórica demuestra que el incremento de la represión funciona como factor de cohesión de las corrientes disidentes. La agresión estatal produce el efecto proporcional y opuesto de aglutinar a las fuerzas democráticas. La dirigencia opositora tiene, por ende, la oportunidad de alcanzar una alianza perfecta, necesaria para articular un mensaje nacional, democrático y conciliador que permita romper la prevalente percepción que la divide entre “radical” y “moderada”. En este sentido, el impecable diagnóstico del padre Ugalde en una reciente entrevista revela que la restauración democrática está en puerta, en tanto la oposición pueda superar diferencias de forma y ahondar en coincidencias de fondo.

Como bien expone Óscar Arias es su carta al país, los pilares fundamentales del régimen –apoyo popular e ingresos petroleros– se encuentran en su mayor mengua en 15 años, sin posibilidades previsibles de recuperación. Como mejor prueba tenemos el silencio oportuno de otrora leales personeros del gobierno, además de las bruscas deserciones dentro de las filas del chavismo. Cada día se dificulta más brindar apoyo irrestricto a un barco en hundimiento.

En el difícil contexto actual solo la resistencia activa y la movilización pacífica y organizada pueden asegurar la superposición de la mayoría democrática. Parafraseando a Laureano Márquez, existe el riesgo de que la inacción y el apaciguamiento opositor acaben por “inmovilizar el alma nacional”. Pero también existe la oportunidad de que la exacerbación de la crisis y la represión sirvan para propiciar, por la vía democrática y constitucional, la pronta salida del régimen de Nicolás Maduro. Es hora de cerrar filas.