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Una zurda de oro en busca de recompensa

La dependencia ofensiva en el zurdo hoy no es vista como un mal signo. Es mérito del capitán que deja la vida por cumplir su sueño mundialista

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Desde el boom vinotinto hasta el primer Mundial de mayores. Ese debería ser el recorrido completo de Juan Arango en la selección, al menos el que merece su ilustre carrera.

Pieza fundamental del grupo que en su momento puso a la Vinotinto en el mapa, Arango ha sido todo y ha vivido todo en el camino con el combinado nacional: fue la promesa joven, el titular indiscutible, el ídolo que creó la Arangodependencia, el doloroso ausente, la figura criticada, el líder asignado y luego natural, el hombre del gran segundo aire y el héroe que confirmó en esta etapa reciente su lugar como el mejor de Venezuela en su historia.

Ayer, aunque el empate no haya sido el resultado esperado, Arango dio un paso más hacia ese objetivo-recompensa. Pensar en Brasil 2014 impulsa al maracayero a entregarse por completo en el que probablemente será su último intento por conocer la gloria mundialista, el sueño que el zurdo ha confesado que le falta cumplir.

A sus 32 años de edad, Arango despierta de nuevo la sensación que provocó entre 2002 y 2006, aquella época en la que siempre se pedía que fuera la estrella en cada partido, porque así había malacostumbrado Arango a la gente con su talento. Una era en la que sus goles o pases eran exigidos y sus hazañas eran esperadas.

Hoy, Arango disfruta otra vez de esa idolatría. En 2011 y 2012 ha logrado asombrar de nuevo a quienes creían haber visto todo del zurdo. Ayer, su golazo contra Ecuador obligó a la gente a corear su apellido en el estadio, a esperar nuevamente un tanto en cada tiro libre o intento al arco.

"Juan está viviendo una segunda juventud, es increíble, no lo entendemos (risas), pero hay que aprovecharlo. Está viviendo un momento muy dulce y debemos aprovechar su pierna izquierda, su liderazgo, su jerarquía dentro y fuera de la cancha. Está en muy buen momento, ojalá que continúe así y que siga ayudándonos", confesó admirado Miku Fedor tras el partido.

Michael Arroyo, rival ecuatoriano, ni siquiera esperó el final del juego para pedirle a Arango su camiseta. Lo hizo antes de ir al vestuario en el entretiempo, un ejemplo claro de lo que significa hoy el zurdo en el contexto suramericano.

Por eso su lucha y la de Venezuela van de la mano para cerrar un ciclo en Brasil de la manera indicada. Y por eso Arango, en lugar de celebrar su actual momento, no descansa en su intento.

"Este ha sido un año muy positivo pero hay que seguir trabajando. El año que viene será mucho más duro", dijo anoche.

Y es que ahora, en medio de esta segunda juventud, está mucho más cerca de su sueño.