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Las casualidades no son Vinotinto

La selección de fútbol a su llegada a Maiquetía  / Félix Gutiérrez

La selección de fútbol a su llegada a Maiquetía / Félix Gutiérrez

La selección nacional de baloncesto y la de fútbol coincidieron en su llegada al país este lunes. Aunque el motivo de su arribo fue distinto, los fieles de cada equipo recibieron a sus héroes entre banderas, gritos y tambores 

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Como es recurrente en este lugar, Valeria esperaba el vuelo en el que llegaba su primo y Gerardo vino a recibir a su tía. Pero este lunes el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, en Maiquetía, tuvo unos invitados de interés nacional. "¿A quién esperan?" "¿Quién va a venir?", preguntaban los curiosos que veían cómo el pasillo de desembarque se llenaba progresivamente de medios de comunicación. Pocos se creían que por esa puerta cruzaría La Vinotinto. Sí. Mejor dicho: las Vinotinto.

La escena estaba armada para darle la bienvenida a los venezolanos que dejaron su sello en Estados Unidos, pero sus compatriotas que estaban en el otro continente se presentaron primero: la selección de baloncesto arribó de España casi al mismo tiempo que la de fútbol, una "pequeña casualidad" que evidenció la espontaneidad de los organizadores y puso en el mismo escenario a dos batallones vinotintos. Pesada tarea tuvo el hombre encargado de lidiar con la euforia de la prensa mientras un grupo de tamboreros armaba la fiesta y agitaba a los presentes. 

El “tikitá tikitá” de los cueros sonaba sin importar quiénes serían los homenajeados. Los intérpretes de este ritmo musical vinieron a tocarle a La Vinotinto, no importaba si esta colgaba un balón desde el perímetro o lo mandaba a guardar entre los tres palos. Pero lo que sí era cierto es que el repique de los tambores sonaba tan sabroso como el grito nacional del gol que anotó Salomón Rondón contra Uruguay para la clasificación a cuartos de final y como los aplausos que recibieron los “Héroes de México” aquel septiembre de 2015, cuando en este mismo lugar José Vargas cruzó la puerta mecánica de la aduana con el trofeo de campeones de América en sus manos.

Casualmente, el propio Vargas encabezó este lunes el grupo de basquetbolistas que llegó de una intensa preparación en España. Aunque esta vez el capitán apareció con las manos vacías, el objetivo inmediato está claro: revalidar el Campeonato Sudamericano, que se jugará entre el 26 de junio y 2 de julio en el Poliedro de Caracas. “Queremos ganar y celebrar con nuestras gente”, sostuvo el capitán de la selección ante los micrófonos de El Nacional.  


Entre pitos, banderas tricolores y gritos de emoción, Windi Graterol, Gregory Echenique y David Cubillán también dejaron varias postales en un regreso triunfal que espera vaticinar un desempeño igual al del torneo que hace cuatro años ganaron en suelo venezolano, en Margarita. “Que siga brillando esta generación de oro” fue el mensaje que dejó el ministro para el Deporte, Mervin Maldonado, quien acompañó a los atletas en su llegada a Maiquetía pasadas las siete de la noche.  

Ya cumplidas las ocho horas y con la mitad del público que alentó en el recibimiento del equipo de baloncesto, los gritos y el estruendo de los tambores repitieron el libreto para recibir a la otra Vinotinto. Otra vez el ministro Maldonado, ahora con nuevo atuendo, salió de la puerta de desembarque acompañado del técnico Rafael Dudamel y el futbolista Wilker Ángel. La escenografía con pancartas de “Vamos a Río 2016” y la bandera nacional se mantuvo igual para recibir a parte del equipo que se despidió en cuartos de final de la Copa América Centenario luego de clasificar invicto y con su mejor registro histórico en una fase de grupos (7 puntos).

A la selección que mantuvo en vela a todo el país desde el 5 de junio también le salió una ovación, más modesta pero merecida al fin. Josef Martínez, Rómulo Otero, Yhonathan Del Valle, Arquímedes Figuera y Alexánder González regresaron de Estados Unidos también con las manos vacías pero con la satisfacción de haber recobrado la confianza de toda Venezuela y de ellos mismos. Como dijo el propio Dudamel en Maiquetìa: “Los resultados parecieran milagrosos, pero esto no fue obra de la casualidad”.