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Es una ventaja gigante

Grégor Blanco dio triple e impulsó la primera carrera de los Gigantes/ Reuters

Grégor Blanco dio triple e impulsó la primera carrera de los Gigantes/ Reuters

Venezuela volvió a protagonizar en el tercer juego de la Serie Mundial, por el lado de los vencedores y por el de los derrotados. Ganaron los Gigantes 2-0 y, si repiten este domingo, conquistarán el campeonato

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Pablo Sandoval fue el héroe del primer juego. Grégor Blanco le puso ritmo a la segunda confrontación. Y ayer, nuevamente, Venezuela estuvo de moda en la Serie Mundial.

Blanco disparó un triple impulsor de una carrera, anotó la segunda poco después y arruinó la brillante jornada de su compatriota Aníbal Sánchez, para dar a los Gigantes un triunfo 2-0 en el Comerica Park que dejó a San Francisco a sólo un partido de celebrar.

Nunca un equipo abajo por tres encuentros ha podido alzarse con el campeonato en esta instancia de la campaña. Apenas una vez en la historia de los playoffs, en la serie de campeonato de 2007, una escuadra, los Medias Rojas, pudieron hacer el milagro, al barrer con los Yanquis en cuatro duelos.

Son demasiadas probabilidades en contra. Los californianos están a un paso de su segunda diadema en tres temporadas, gracias en buena medida al aporte venezolano.

Hasta Ryan Vogelsong, que se combinó con Tim Lincecum y Sergio Romo para encabezar el blanqueo, dice que debe su presencia en esta cita a la pelota criolla. Fue su dominante actuación con los Tiburones lo que le ganó una invitación a los Gigantes, dos años atrás.

Sánchez no lanzó mal. El estropicio duró apenas un inning. Precipitó su infortunio exclusivamente por un boleto, el que le sacó Hunter Pence. Parece difícil que cuatro bolas malas le costaran la lechada y el partido. Fue así.

Sin Pence en circulación, no habría ocurrido el robo de base ni el wild pitch. Sin gente en base, Blanco no habría empujado la primera carrera de su equipo, con el largo triple que estrelló contra la barda del centerfield.

Si Pence hubiera fallado, en lugar de ponerse en circulación, Blanco habría ido al plato con dos outs, pues Brandon Belt se había ponchado, y Héctor Sánchez habría dejado a su compatriota esperando remolque en la antesala, al ver pasar el tercer strike.

Brandon Crawford nunca habría ido a batear en ese segundo episodio. No habría llevado a casa la segunda de los suyos, porque la granada que dejó caer delante del centerfielder Austin Jackson, que Jackson atacó mal y dejó pasar, para un error, habría ocurrido en la parta alta del tercero, comenzando un episodio totalmente nuevo.

En el beisbol, como en la vida, sólo existe pasado, presente y futuro. Los futuribles quedan para analizar la suerte del derrotado. No alcanzan siquiera a ser consuelo.

Dos veces Jim Leyland dudó sobre el abridor venezolano. En el segundo, luego del Texas leaguer que soltó Crawford, ordenó al bullpen que Rick Porcello soltara el brazo. Sánchez finalmente salió del problema, pero Leyland pidió al coach Mike Rojas que mantuviera en acción a Porcello, pensando en el tercero.

El zurdo Drew Smyly calentó en el sexto. Quizás para lanzarle a Belt y Blanco, si el aragüeño se enredaba. No se enredó. La recta, y su combinación con los envíos quebrados, fueron sacando de ritmo a los toleteros visitantes.

Cuando Joaquín Benoit trepó al morrito del bullpen, antes de iniciarse el séptimo, ya era pura precaución de Leyland; no se disputa un juego de Serie Mundial sin una red que evite mayores daños, cuando alguien pierde el equilibrio.

La curva con que Sánchez ponchó parado a Ángel Pagán, para completar sus siete buenas entradas, fue una proclama, casi un punto de cuenta con que el nativo de Maracay dejó en claro su dominio: siete se le embasaron en siete actos, con ocho ponches y el único boleto de su perdición.

Para cuando Benoit relevó, en el octavo, todo estaba decidido, aunque más de 40.000 personas en el estadio y casi todo el estado Michigan no lo creyeran.

A Omar Infante le tocó batear de último. Tenía que ser así. Romo lo atacó con rectas y quebrados, hasta que lo ponchó

La huella de Venezuela volvió a quedar marcada en esta Serie Mundial. Tanto en la victoria de San Francisco como en la derrota de Detroit