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Carlos Torres: “Los umpires no podemos tener corazón”

Carlos Torres ganó el premio al mejor umpire de la LVBP en la temporada 2013-2014 | Cortesía LVBP

Carlos Torres ganó el premio al mejor umpire de la LVBP en la temporada 2013-2014 | Cortesía LVBP

El nuevo juez de la MLB salió de los Criollitos, ama su profesión y agradece a los peloteros protestones, porque le dieron el fogueo para llegar 

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Darío Rivero, umpire de largo recorrido en la LVBP, se topó un día con un joven árbitro que cantaba bolas y strikes para los Criollitos, en Barquisimeto. Tenía algo especial.

Rivero y Miguel Hernández, coordinador de arbitraje de nuestra pelota, se convirtieron en los mentores de este larense, que alguna vez soñó con llegar al beisbol mayor como monticulista y terminó abrazando el rol de antihéroe de los diamantes.

“También los umpires soñamos con las Grandes Ligas”, confiesa Carlos Torres, el barquisimetano de 35 años de edad que acaba de ser incluido en el roster de árbitros de la MLB. “Este es un paso más en el camino de lograr esa consolidación”.

-¿Qué es lo más difícil de su profesión?

-Tengo dos hijos, uno de 7 añitos y otro de 3. Es bien difícil estar sin ellos. Lo más duro de este trabajo es no poder estar largos períodos con ellos y con mi esposa. En algunas ligas viajamos cada dos días, en otras cada cuatro.

-¿Cómo le va con el inglés? ¿Puede responderle a un manager que venga a protestarle, gritando a toda velocidad?

-Comenzando mi carrera fue muy difícil, porque sólo sabía escribirlo bien. Gracias a Dios, ya no tengo problema. Por ese lado, ya estoy tranquilo.

-Usted ha recibido reconocimientos por su consistencia y equilibrio. ¿Cómo lo logra?

-Por la concentración. Todo va con la disciplina que puedas tener, igual que pasa con los jugadores. Amo mi carrera, y con este trabajo que amo, estoy sacando a mi familia adelante. Debo cuidarme, cuidar el físico, cuidar mi carrera, ser consistente. En la LVBP también nos han dado muchas charlas de autoestima, de manejo de situaciones. Han sido de gran ayuda.

-¿Alguien le ha reconocido en las calles?

-Tengo una anécdota en Barquisimeto. Iba caminando por el Obelisco, haciendo ejercicio, y se me acercó una persona. ‘¿Tú eres Carlos Torres, el chamo que es árbitro? Felicitaciones’, me dijo. Fue bien satisfactorio.

-Allá en Barquisimeto usted jugaba pelota. Era lanzador. Cuando muchacho, ¿también era cardenalero?

-Admiraba al señor Urbano Lugo como jugador y porque era fanático de los Leones. No fui fanático de los Cardenales, a pesar de que soy barquisimetano. Eso quedó atrás, es parte de mi infancia. Los árbitros no podemos tener corazón. Lo disfruté mientras duró. Ahora no importa quién gane o quién pierda, sino hacerlo bien cada noche.

-¿Recuerda lo que sintió al debutar en la LVBP?

-Mi primer encuentro fue en Barquisimeto, un Cardenales-Pastora. Estaba muy nervioso. Trabajé en la segunda base. Era un doble juego. Tenía miedo, temor de hacerlo mal. Gracias a Dios, todo después de eso fue productivo.

-¿Qué diferencia tiene trabajar en cada almohadilla?

-Como árbitro principal, me concentro especialmente en la zona de strike y en situaciones que puedan ocurrir con el corredor. Cuando estoy en primera base, pienso en diferentes reglas que puedan suceder, para reaccionar lo suficientemente rápido. Segunda base es una de las más divertidas para trabajar, porque podemos movernos de un lado a otro. Y puede decirse que la tercera base es la más relajada, pero un juego puede decidirse allí, así que no puedes darte el lujo de relajarte; debes seguir trabajando duro, siempre pensando en las situaciones que pueden suceder.

-¿Qué recuerdos colecciona un árbitro?

-Pelotas. Siempre nos queda una como recuerdo, al final del juego. El año pasado, en triple A, me pasó algo muy curioso: nunca había arbitrado un no-hit no run, ni siquiera en Criollitos, y me tocó estar detrás del home en dos no-hitters. Tengo una pelota de cada uno de esos juegos, firmadas por mis compañeros de trabajo. Tengo otra de mi primer juego en home en el spring training de Grandes Ligas y otras de la Serie de Caribe, de finales en Venezuela. Guardo especialmente la del séptimo juego de hace dos años, por la confianza que me expresaron al nombrarme principal.

-¿Cómo se mantiene la cabeza fría cuando alguien protesta groseramente?

-La LVBP es una gran escuela para el manejo de situaciones con un manager o un pelotero. Es muy importante mantener la calma. Si el juez la pierde, pierde el control del juego. Es algo que trabajo todos los días. Si ellos se alteran, no puedo perder la cordura.

-¿Quiénes son los más protestones? ¿Y quiénes son los mejores para trabajar?

-El más caballete era Henry Blanco. Es la persona con quien más cómodo me sentía al trabajar. A pesar de sus años en Grandes Ligas, nunca te trataba mal ni te tiraba debajo del autobús. Siempre fue un caballero. Entre los infielders, Edgardo Alfonzo. Pero hay muchos otros, como Endy Chávez o Gregorio Petit, verdaderos caballeros. De los protestones aprendemos muchísimo el manejo de situaciones. Son los que nos foguean en nuestra carrera. Con Alex Delgado y Raúl Chávez ahora nos reímos, al recordar las anécdotas, pero cuando comenzaba mi carrera, me ponía nervioso al trabajar con ellos. Querían hacer de cada pitcheo un strike. Ahora entiendo por qué peleaban. Fue bastante difícil de manejar, pero les doy gracias, porque les debo haber aprendido a controlar tantas situaciones y tener ahora mi número en las Grandes Ligas.

iserrano@el-nacional.com

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