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¿Es muy severo el castigo a Yorvit Torrealba?

Yorvit Torrealba

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Para algunos sí, para otros no. Hay precedentes, sin embargo. Al gran David Concepción lo suspendieron por el resto del campeonato 1976-1977 por golpear en el rostro con el guante al árbitro Juan Loayza

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El caso Yorvit Torrealba quedó definitivamente cerrado. ¿O no? A la espera de que el pelotero pueda intentar una medida en los tribunales, la liga falló ayer de manera definitiva en contra del segundo recurso de reconsideración que introdujo el jugador. Torrealba deberá cumplir la sanción, por lo que no podrá jugar antes del 2 de enero, suponiendo que el Caracas disputa todos sus 63 juegos de la ronda eliminatoria, indicó ayer el presidente de la liga, José Grasso.

Era una decisión esperada. Grasso no soltó prenda en los días pasados, oficialmente, pero dejó entrever en sus declaraciones que, aunque la directiva se reuniría para volver a discutir el asunto, ya existía una sanción y no había en la actual normativa un recurso al que pudiera apelar el caraqueño o el tren ejecutivo del circuito. Está claro que el alto mando liguero desea que esto se convierta en un caso ejemplarizante. Es parte de la lucha de la LVBP contra la violencia, una lucha que carece de sinergia, pero que tiene un fin positivo para el espectáculo y la sociedad. El propio receptor ha admitido una y otra vez que su acción contra el umpire Darío Rivero hijo fue inaceptable y que merecía una reprimenda.

¿Es muy fuerte el castigo? Para algunos sí, para otros no. Hay precedentes, sin embargo. Al gran David Concepción lo suspendieron por el resto del campeonato 1976-1977 por golpear en el rostro con el guante al árbitro Juan Loayza, y a su compañero Enos Cabell, que para entonces era un refuerzo habitual del beisbol venezolano, lo extrañaron por tres torneos en todo el Caribe debido a que, ofuscado, le mostró el dedo medio al público. Es posible establecer una relación entre la suerte del Rey David y lo que le ocurre a Torrealba, aunque la dureza con que fue tratado Cabell sugiere que aún puede hacerse más de llegar a repetirse situaciones como las del pasado reciente, en las que peloteros responden con agresiones las propias agresiones que vienen desde las tribunas. Lo hemos dicho antes y volvemos a plantearlo: sería extraordinario que la LVBP y los equipos hicieran pequeños videos en los que los propios jugadores instaran a la afición a comportarse en los distintos escenarios, a aplaudir a sus parciales antes que a gritar improperios; a mostrar deportividad y civismo, al mismo tiempo que pasión y combatividad, que es posible combinar todo eso sin llegar a los extremos de los tiempos recientes.

¿Imaginan el poderoso vehículo que resultaría la transmisión de esos videos en todos nuestros estadios, una o dos veces por día, así como la colocación de carteles rotulados en las entradas del público, reforzando el mensaje? El gasto sería insignificante y lo mucho que se puede ganar con ello hace que valga la pena intentarlo, ¿no lo creen? Lo peor que puede hacerse en este tema es simplemente no hacer nada.

El caso Torrealba plantea otra necesidad: la ampliación de las condiciones de campeonato, la creación de una normativa que indique, de modo más o menos taxativo, qué tipo de sanción debe aplicarse cuando algún protagonista del espectáculo incurre en un desatino de este tipo. Hoy todo se somete a la discrecionalidad de la liga, desde el manager que toca a un umpire hasta el jugador que arroja un depósito de agua al graderío. Es menester que los equipos designen una comisión en la próxima convención, para tomar los casos recurrentes y establecer castigos según cada falta. Y diseñar un sistema de apelaciones.

Echar las bases para que exista cada vez menos espacio para la duda y el reclamo, y más apoyo para que en el espectáculo de nuestra pelota quepa toda la familia.