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A los pies de Miguel

Miguel Cabrera en el Derby de Jonrones/ Cotesía Diario El Siglo/ Pablo Gómez

Miguel Cabrera en el Derby de Jonrones/ Cotesía Diario El Siglo/ Pablo Gómez

El Jugador Más Valioso de la Liga Americana, a pesar de ser el único de los 8 participantes que no está activo en la LVBP, se llevó el evento

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Miguel Cabrera parecía un cantante de los Beatles recorriendo las calles Liverpoool, Inglaterra, durante la década de los 60.

Todos querían retratarse con el Jugador Más Valioso de la Liga Americana, el estadio estaba lleno por él.

No importaba si ganaba la exhibición o no, todos los aplausos eran para él. Pero fiel a su estilo competidor, Cabrera, a pesar de ser el único de los 8 participantes que no está activo en la LVBP, se llevó el evento.

En su casa debe estar construyendo el estante para trofeos más grande del país. Este año tendrá que buscarle puesto a la Triple Corona de las mayores, hazaña que no hacía un pelotero en 45 años, al premio Hank Aaron, al Bate de Plata del joven circuito y, como si algo faltara, al trofeo que ayer le entregó Pepsi.

En total sacudió 13 bambinazos. Para más morbo, en cada una de las tres rondas sacó la última pelota para avanzar a la siguiente fase. En la final venció a Luis Jiménez, que sacó 3 bambinazos, y a Eliézer Alfonzo, cuatro veces campeón en este tipo de eventos, que desapareció 2 esféricas.

"Gracias a Dios por darme la oportunidad y el honor de estar con la fanaticada tigrera otra vez y con la de toda Venezuela. Pudimos dar un buen espectáculo. Estaba un poco cansado", admitió Cabrera, mientras abandonaba el recinto sumergido en la multitud que pedía una rúbrica de su ídolo.

Todo quedó en familia, por si necesitaba un poco más de protagonismo el slugger de Maracay. Su primo, Frank Torres, miembro del cuerpo técnico de los Tigres de Aragua, fue el encargado de servir cada pelota que enviaba el inicialista hacia la calle David Concepción, vía que rodea el escenario. Hasta un árbol de mangos que está en la corredera del estadio sufrió con las pelotas que impactó Miguelito.

"Al principio cuando no salían las pelotas estaba nervioso. Pero ahora estoy emocionado. Satisfecho de la fanaticada tigrera. El trofeo va para Maracay", dedicó el oriundo del barrio La Pedrera.

Maracay durmió con fiesta.

Este año los Tigres, últimos en la tabla de clasificación, no han brindado alegrías. Pero el bondadoso de Miguel Cabrera le dio otro espectáculo a su amada afición.