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Un maestro pudo con el número uno del mundo

Djokovic consiguió 19 tiros ganadores | FOTO EFE

Djokovic consiguió 19 tiros ganadores | FOTO EFE

Con un juego agresivo desde el inicio, Novak Djokovic venció en dos sets, 6-3- y 6-4, al español

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Bajo las luces azul zafiro del O2 Arena, Novak Djokovic fue el maestro de los maestros: el serbio derrotó 6-3 y 6-4 a Rafael Nadal y selló un final de curso memorable, de los que hacen época y se recuerdan como hazañas, porque ha celebrado 22 victorias consecutivas y cuatro torneos (Pekín, Shanghái, París-Bercy y su tercera Copa de Maestros) mientras perseguía por medio mundo al número uno del planeta.

El español, que es el hombre que le ha arrebatado ese dorsal, se quedó a una victoria de celebrar bajo techo y sobre cemento el único gran torneo que le falta. Djokovic se lo negó con un ejercicio rebosante de frescura, conquistando con rabia, fuerza y sabiduría. Fue toda una declaración de intenciones: en 2014, las dos raquetas echarán fuego.
El serbio suma 22 victorias seguidas: en 2014 las dos raquetas echarán humo
Djokovic salió en tromba. En 12 minutos iba ya 0-3, con Nadal desarbolado. En 15 minutos, el serbio tenía bola de break para marcharse 0-4. Esa bola era el set y media final, porque hay pocos tenistas que jueguen mejor a favor de viento que Nole, pocos que manden con pulso más seguro y que con más presteza devoren los encuentros (34-0 en las finales en las que ganó ese primer parcial).

Nadal, el campeón del autocontrol, quizás el único competidor que de verdad sabe jugar punto a punto, ciego al marcador y sordo a las presiones del momento, fue capaz de neutralizar ese peloteo, y a los 19 minutos se apuntó su primer juego (3-1). Entonces, empezó un partido nuevo.

En ese encuentro ya no hubo paseos militares, sino combate de trincheras. El español dejó de buscar tanto el revés de su contrario, que aprovechaba su insistencia para abrirle la pista con latigazos cruzados, y procedió a intentar destruir su derecha, la receta que le dio sus dos últimas victorias. Así llegó el momento que decidió el encuentro.
Con las hostilidades igualadas en el juego de fondo, tremendos los intercambios ("¡Maestro!", le gritaban a Nole los serbios; "¡Vamos Rafa!", apoyaban otros a su contrario), al español le abandonó el servicio. Dos dobles faltas en el 4-3 del primer parcial (cuatro en total) le sirvieron a Nole una pelota que podía dejarle sacando por el set. Era de nuevo la manga en un punto, el parcial en un peloteo. Lo que ocurrió a continuación fue casi inexplicable.
Para llevarse ese segundo punto de break, protagonizó un intercambio impresionante. Nadal jugó como mandan los libros. Su saque llevaba la marca de las cuestiones finiquitadas. Con ese argumento poderoso, el español se marchó a la red y creyó cerrar el debate con una volea de la vieja escuela, cruzada, pegada al suelo, quizás un poco larga. Está todo hecho, bola de break salvada, debió decirse. Sin embargo, como por arte de magia, la bola volvió, y con ella cargó Djokovic a por el partido. Con los ojos desorbitados, el serbio gritó como si llevara al demonio dentro, celebrando un 5-3 hecho de pura magia. Un punto que quedará para siempre en el recuerdo.

Gran final. Para lograr el break clave del duelo, Nole protagonizó una recuperación eterna. Ese grito retumbó en la cabeza de Nadal lo que tarda en extinguirse un trueno. Un segundo. Solo una pelota de Nole que pasó tras tocar la cinta evitó que el español, inmediatamente recuperado, tuviera dos bolas de break (3-5 y 30-30) para mantener viva la primera manga.

Perdida esta, el partido se le hizo demasiado largo. Djokovic, ya se sabe, es un maestro de las devoluciones. En el último partido del curso, Nole no le dejó tirar con la agresividad que ha marcado su temporada, y aún así, el español se defendió con fuego. Un aviso de lo que vendrá en 2014.