• Caracas (Venezuela)

LVBP 2013 - 2014

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Ángel Bravo: Un umpire, en un juego, me sacó una pico ‘e loro

Ángel Bravo | Foto: Ernesto Morgado/El Nacional

Ángel Bravo | Foto: Ernesto Morgado/El Nacional

El ex jardinero de La Guaira tiene una estatuilla en el Salón de la Fama del beisbol venezolano, gracias a sus hits, su defensa en el outfield y sus muchas bases robadas. Todo comenzó cuando Luis Aparicio fue a buscarlo en un billar, una mañana 

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Ángel Bravo tenía 21 años de edad cuando Pedro Padrón Panza se lo trajo a los Tiburones, en 1963, al desaparecer la Liga Occidental. Esa mañana que aceptó firmar con La Guaira cambió su vida y le puso en ruta al Salón de la Fama.

Jugó en las grandes ligas, impuso récords en Venezuela y todavía se uniforma, como coach de los escualos. “Tengo muchas anécdotas”, ríe. Y le gusta contarlas.

-¿Cuál es su recuerdo más feliz dentro de un campo de pelota?

-El primer juego de la Serie Mundial, en 1970. Sabía que me estaban viendo mi padre y mi madre, por televisión. Para todo aquel que firma un contrato profesional, llegar a las grandes ligas es el mayor anhelo, y la mayor emoción es jugar la Serie Mundial. Tuve esa dicha y lo disfruté como no tienes idea.

-¿Recuerda su primer día en el profesional?

-Fue muy malo. Me pusieron a jugar en el rightfield, con el juego empatado 0-0, se me cayó un fly y perdimos 1-0. Fue en el estadio Alejandro Borges de Maracaibo, con el Pastora, en la Liga Occidental. Me sentaron después de eso. Pero cuando volví a jugar, un mes después, salí de emergente y le di un jonrón a Phil Niekro, por el left.

-¿Cómo llegó a la LVBP? ¿Cómo se lo trajo Pedro Padrón Panza?

-Luis Aparicio le dijo a Padrón: “Tengo un pelotero que quiero que te lleves. Si él no va, yo no voy”. Y Padrón le preguntó: “¿Quién es ese pelotero?”. “Ángel Bravo”. “¿Y puede batear?”. “Batea más que todos en tu equipo”. Porque yo bateaba. Me fueron a buscar a mi casa, en La Rita, y me consiguieron como a las 10 de la mañana, en un billar, jugando. Padrón se presentó y me dijo: “Sé que ganabas 800 bolívares mensuales. Yo te voy a pagar 2.000”. “Pero me pagas el hotel y la comida”, le respondí. Y aceptó.

-¿Por qué Aparicio insistió en que fueran juntos?

-Porque somos como hermanos. Y yo reforcé un año a Rapiños y bateé demasiado. Allí creció aún más nuestra amistad, al punto de que sus hijos me dicen tío y mis hijos le dicen tío a Luis.

-¿Cómo era la vida en La Guaira?

-Aparicio y yo vivíamos en el hotel Macuto, en el Álamo, pero era muy solitario en aquella época. Así que le pedimos a Padrón que nos mandara a la pensión con los demás peloteros, a la casa de una señora que se llamaba Elisa. Esa señora era lo máximo con nosotros. Aparicio el viejo, Luis y yo teníamos una habitación para los tres. La señora nos hacía la mejor comida del mundo y le pagábamos 200 bolívares mensuales. ¡Y los pagaba La Guaira! Allí vivían José Herrera, Enzo Hernández, Carrao Bracho, vivíamos todos.

-Desde entonces se convirtió en emblema de la franquicia. ¿Cuál es su mejor recuerdo con los Tiburones?

-Nadie sabía quién era Ángel Bravo. Pero todo lo que he sido, lo que soy y lo que tengo, se lo debo a los Tiburones. Ese es mi mejor recuerdo.

-Mi mejor recuerdo de usted es cuando le vi hacer un pisa y corre con un foul fly al cuadro, en el Universitario. ¿Usted tiene otro, aparte de ese?

-Son tantos, pero sí, ese es uno. Tiene que estar en los libros de récords. Pero también recuerdo que hice un triple play sin asistencia, jugando en el centerfield.

-Pero eso no está en los libros, que sólo citan el de David Concepción y el de Edgar Tovar…

-Búscalo. Luis Aparicio también hizo uno, en los interligas, contra Dominicana, y tampoco está. Fue una línea que me dieron, corrí mucho para adelante y la tomé. Los corredores habían salido, así que pisé segunda y toqué al corredor. Tripleplay.

-¿Recuerda el año?

-No, fue hace mucho tiempo. Pero lo hice. Y también fui el outfielder con más asistencias, ocho. Nadie ha hecho más.

-¿Cuánto de zuliano le va quedando, después de tanto tiempo viviendo fuera del Zulia?

-Yo no cambio Santa Rita por nada del mundo. Todos los meses voy a ver a mi familia. Allá tengo 16 nietos y dos bisnietas. Aquí tengo dos hijos y cuatro nietos, pero la mayoría está allá.

-Si pudiera volver a jugar y le dieran a escoger algunos peloteros fundamentales para disputar juntos la final, ¿a quiénes elegiría?

-Uno es Luis Aparicio. Y César Tovar. Aunque no jugó conmigo, era un grande. Elio Chacón. Aparicio lo consideraba el mejor segunda base de Venezuela. Decía que fue su mejor combinación. Mejor que Nelly Fox.

-¿Quién ha sido su jardinero favorito, el que más ha disfrutado al ver jugar?

-Vitico Davalillo. Vitico era un centerfielder excepcional. Buen brazo. Y con buen bate. Como él no sale otro.

-¿Y su jugador favorito?

-Luis. He sido toda mi vida un gran admirador de Aparicio. Era un profesional, desde los zapatos hasta la gorra. Siempre impecable. Será por nuestra gran amistad, pero sigue siendo mi ídolo.

-¿Cuál es su anécdota favorita en un diamante?

-En un playoff bateé de 5-5. En ese juego salí a robar tercera base. El umpire era J.J. Ruiz. Era el año en que rompí el récord de bases robadas. Ya me estaba limpiando el uniforme y él me cantó out. Le dije: “¡J.J., tu madre! ¿Cómo me vas a cantar out?”. ¿Y sabes qué hizo? Me sacó una navaja pico ‘e loro y me dijo: “¡Te vas de aquí o te corto!”.

-¡¡¡¿En el terreno?!!!

-En el terreno. Cada vez que me acuerdo, me río. Él ompayaba con un cuchillo pico ‘e loro. Así que salí corriendo pal dugout.

-¿Y cuál fue el momento más difícil en su carrera?

-Cuando Padrón Panza me llamó a la oficina y me dijo que no me iban a contratar. Le dije: “Está bien. Sé que cuando uno está viejo, ya no lo quieren. Pero yo di la vida por este equipo, recuérdelo. Fueron muchos años”. ¿Dónde iba a hacer dinero? Esa era mi preocupación. Lo máximo que gané en las grandes ligas fueron 12.000 dólares, con Cincinnati. Fue el momento más desagradable que pasé como jugador profesional. Me retiré del beisbol obligado. Le doy gracias a Dios y a la Virgen que conocí a un preparador de caballos llamado Manuel Medina, que me ayudó. Me puso a trabajar con él en el hipódromo y, parece mentira, lo que no me dio el beisbol, me lo dieron los caballos. Me fue muy bien, aunque todavía jugué un año más, con el Caracas.

-¿Cómo se dio eso?

-El Negro Prieto me fue a buscar al hipódromo y me dijo que necesitaba un bateador zurdo. “Estoy muy gordo”, le dije, pero me convenció. Así que regresé, fuimos campeones y me retiré en la Serie del Caribe, en Santo Domingo.

-¿Ha regresado al Salón de la Fama después de ser exaltado?

-Sí. Siempre que tengo chance llevo a mis nietos.

-Y finalmente, ¿sí dio 1.000 hits? Porque entre las dos ligas, según la Enciclopedia del Beisbol en Venezuela, fueron poco más de 900, no 1.000...

-Fueron 912 en esta liga y más de 200 en la occidental. ¿Y sabes cuál fue el último? Contra José Rijo, en esa Serie del Caribe. Él era mi amigo y le dije que me iba a retirar, que si me tocaba batear, me la tirara por ahí. Cuando el manager Felipe Alou me dijo que cogiera un bate y saliera al home, Rijo me dijo: “Por ahí va, viejo”. Me la puso y di una línea al left. Pedí tiempo y me fui. Así me retiré del beisbol.