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LVBP 2013 - 2014

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La grandeza de Mariano Rivera permanecerá para siempre

Dentro de cinco años aparecerá en las papeletas para el Salón de la Fama de Cooperstown, lugar en el que sin duda contará con una vitrina | FOTO AP

Dentro de cinco años aparecerá en las papeletas para el Salón de la Fama de Cooperstown, lugar en el que sin duda contará con una vitrina | FOTO AP

Rivera desde que llegó de su natal Panamá siempre tuvo como única bandera, la honradez, que combinó a la perfección con la humildad y confianza

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La figura del lanzador panameño Mariano Rivera se hizo aún más grandiosa en la temporada que dedicó por completo a despedirse del deporte del béisbol profesional, donde personificó la perfección en todo lo que hizo tanto dentro como fuera del diamante.

Muy pocas veces en la historia del deporte se puede disfrutar de una figura como la de Rivera, de ahí, que todos al despedirlo tras 19 años de cerrador estelar en las Grandes Ligas le diesen las "gracias".

Si los éxitos deportivos con los Yanquis de Nueva York, el equipo de toda su carrera profesional, fueron únicos al conseguir ser el mejor cerrador de todos los tiempos y cinco títulos de la Serie Mundial, más sobresalió todavía la clase de persona que era y los valores que defendía.

Rivera desde que llegó de su natal Panamá siempre tuvo como única bandera, la honradez, que combinó a la perfección con la humildad y confianza en sí mismo a la hora de aprovechar las cualidades que poseía y hacer que los demás pudiesen recibir su ayuda, que a partir de ahora será mayor como ya tiene planificado.

Esa fue la verdadera razón que hizo que Rivera eligiese el 2013 como el año de la retirada, porque para él la edad tenía otro efecto diferente a los demás y lo demostró con nada menos que 44 salvamentos y 2.11 de promedio de efectividad, además de ser elegido al decimotercer Partido de las Estrellas.

Nadie dudaba dentro del mundo del béisbol que podía haber seguido lanzando pelota de calidad, pero en su interior tenía ya el convencimiento que lo había dado "todo" y no era "honesto" seguir sin sentirse satisfecho consigo mismo.

Rivera había insinuado ampliamente que el 2012 sería su última temporada, pero luego cuando se lesionó la rodilla derecha el 3 de mayo en Kansas City, cambió los planes y decidió jugar un año más.

Su regreso al montículo requirió de meses de dura rehabilitación, pero Rivera se vio determinado a dictar la manera en que diría el adiós definitivo.

Rivera le dijo primero al piloto de los Yanquis, Joe Girardi, a Derek Jeter, Andy Pettitte y a otros pocos compañeros más, la decisión que había tomado.

Luego llamó a una conferencia de prensa y, acompañado de su familia y compañeros, el más grande cerrador de todos los tiempos la dio a conocer al mundo entero.

Ningún otro jugador de los Yanquis ha tenido una trayectoria tan grande como la de Rivera, no si mides la grandeza en términos de desempeño, contribución para ganar y representar a la franquicia de la manera correcta.

Rivera será siempre un modelo de éxito para los Yanquis, y cuando se hable de la grandeza en el béisbol, así como de la humildad y dignidad que deben tener los profesionales.

Por eso mismo, fue conmovedor ver como los jugadores del equipo rival salían del "dugout" para ovacionarlo y expresarle de esa manera que entendían su clase y aportación, pero sobre todo que le daban las "gracias" por haberles permitido conocer a un deportista único e irrepetible.