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Gregorio Machado: “Desde chiquito fui caraquista”

Machado fue exaltado al Salón de la Fama de Magallanes este año | FOTO AVS PHOTO REPORT

Machado fue exaltado al Salón de la Fama de Magallanes este año | FOTO AVS PHOTO REPORT

El legendario lanzador, manager y coach tocó una pelota de Spalding por primera vez a los 16 años de edad. Poco después ya lanzaba en la LVBP

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Gregorio Machado sale cada tarde a la práctica de los Navegantes Magallanes con un fungo en la mano y una sonrisa en el rostro.

Quizás no sea el mismo bate que usaba en los años 90, cuando ayudó a construir una dinastía y daba roletazos a sus peloteros, orgulloso de ver a aquella generación que aún hoy le emociona; la de Melvin Mora, Edgardo Alfonzo, Richard Hidalgo, Eddy Díaz.

La sonrisa sí es la misma. Machado es tan amable como magallanero. Siempre tiene un momento para conversar con quien le requiere o para firmar autógrafos al pie de las tribunas.

Desde esta temporada, también tiene un lugar en el Salón de la Fama de la nave.

-¿Hay algún equipo del Magallanes, en particular, que recuerde especialmente por su forma de jugar?
-El de los 90. Allí había jugadores en el banco que podían ser regulares en otros equipos. El del año pasado también fue muy bueno. Pienso que este es superior, muy aguerrido; no tenemos a Elvis Andrus, pero sí a Alberto Callaspo. Pero pese a que este de las últimas dos temporadas ha estado muy bien estructurado, el grupo de los 90 es indescriptible. Magallanes de entonces se parecía a la Guerrilla de La Guaira: jamás se entregaba.

-Y de su tiempo como lanzador, ¿cuál rescata?
-En los años 60 y 70 jugaban muy pocos criollos. Tres o cuatro estaban en play. Había 18 o 19 importados. Aparte de Dámaso Blanco, Gustavo Gil y Alexis Ramírez, todos eran importados.

-¿Quién, en esa época, era el bateador más difícil de enfrentar?
-Oswaldo Blanco. También José Herrera. A Herrera sólo podías ponerlo out haciéndole pitcheos buenos, porque era muy buen bateador de envíos malos. Y Ángel Bravo. Hay que lograr que a los grandes se les reconozca sus trayectorias. Muchos de los peloteros de hoy ni siquiera los han oído nombrar.

-¿Cuándo dejó de echar de menos su carrera de lanzador?
-Nunca. Uno lanza en las prácticas y revive esas experiencias. En una semifinal, contra Aragua, lancé 10 innings en Maracay un viernes y el domingo siguiente me utilizaron en una entrada. Fueron 11 en menos de 72 horas. Le cuento a los muchachos y no me creen. Hoy trabajan un inning y necesitan descansar.

-¿Cuál es su primer recuerdo de infancia relacionado con el beisbol?
-Comencé a jugar a los 16 años de edad, shortstop, con el equipo doble A de Barlovento. Allá no había beisbol menor. Antes de eso, jugaba en la escuela, en los recreos. En lo que salíamos del salón ya teníamos la partida armada. Jugábamos con pelota de goma, con catcher y todo. Jugué con pelota Spalding por primera vez a los 16. En Barlovento no se jugaba baloncesto ni volibol, nada. Era beisbol con pelota de goma, ir al río o bolas criollas. Yo era muy caraquista.

-¿Caraquista? ¡Y en el Salón de la Fama del Magallanes!
-Nunca pensé que iba a jugar profesional. Oía mis juegos por radio y en el primer juego que vi en el Universitario, Tigres contra Tiburones, cuando vi pichar a Jesús Rizales me dije: yo también puedo. Él movía la bola. Yo tampoco tuve mucha velocidad, pero la tiraba más rápido. En realidad, nunca dependí de la velocidad ni tiré a 90 millas. Dependía del control y mi buen cambio.

-¿Cómo firmó?
-Jugaba con la Universidad Central y el manager era Pompeyo Davalillo. Como Pompeyo trabajaba con el Caracas, hacíamos partidas con los peloteros que había firmado. Pero él tenía un compromiso: no podía firmar estudiantes. Entonces, en un campeonato nacional, me vio Napoleón Reyes y me firmó para el Magallanes. Hasta ese día fui caraquista (ríe).

-Cuando escuchaba los juegos por radio, ¿soñaba con estar aquí?
-Nunca pensé en jugar beisbol profesional. Y mucho menos que estaría tanto tiempo metido en esto.

-¿Cuál fue el momento más difícil que pasó en un campo de pelota?
-Mi carrera fue muy bonita. Si lo hubo, no lo recuerdo.

-¿Ni siquiera como coach o manager?
-Tampoco. Los malos recuerdos hay que borrarlos siempre.