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Manny Trillo: Fui segunda base por una coca cola

Trillo formó parte de la generación que vio surgir a Antonio Armas y Baudilio Díaz en el Caracas | Foto: Henry Delgado

Trillo formó parte de la generación que vio surgir a Antonio Armas y Baudilio Díaz en el Caracas | Foto: Henry Delgado

Es coach de las Águilas, pero creció como magallanero y nació al beisbol profesional con los Leones. Por fin es tiempo de contar su historia sobre el cambio que le llevó al Zulia, dice, y se ríe de quienes le llaman antipático 

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Transcurridos 30 minutos después del último out de la Serie Mundial de 2005, no había rostro más iluminado ni emoción más profunda en el clubhouse de los Medias Blancas de Chicago que la cara sonriente y la felicidad absoluta de Manny Trillo.

El monaguense cumplirá 63 años de nacido el 25 de diciembre y no se imagina en otro sitio que no sea un campo de beisbol. Fue el mejor camarero defensivo de la Liga Nacional, hace más de tres décadas, Jugador Más Valioso en una Serie de Campeonato y el primer Bate de Plata en la historia de su posición.

Que nadie se sorprenda. Desde niño sabía que era esto lo que quería hacer.

-¿Cuál es su primer recuerdo en el beisbol?

-Sería cuando tenía seis o siete años. Jugaba shortstop, el catcher se lesionó y el manager me mandó a quechar. Estuve llorando casi todo el juego.

-¿Recuerda la primera vez que entró al Estadio Universitario?

-Tendría 14 años de edad. Me vine con mi profesor desde Miraflores, en Quiriquire, por carretera, 10 horas para llegar y disfrutar un juego de beisbol profesional. Luego, cuando tenía 16 años, Oakland y Minnesota jugaron una exhibición y me invitaron a un try-out. Pisar el terreno era lo que cualquier muchacho anhelaba.

-¿En qué momento se dio cuenta de que el beisbol sería su carrera y su vida?

-A los 14 estaba decidido a ser pelotero. Me quedaba todo el día en clase de deporte. A mi mamá le pasaban la tarjeta de inasistencia, porque no entraba a las otras clases. “Pero mamá”, le decía yo, “si siempre voy a clases. A clases de deporte”. “¿Y las otras clases?”, me preguntaba ella. “No, mamá, esas no sirven”. Mis padres nunca me prohibieron ser pelotero. Quería serlo, y pelotero fui.

-Después de llorar la primera vez, terminó siendo receptor…

-Firmé como catcher. Pero un día, en rookie, me puse a apostar una coca cola con Ulises Urrieta en la práctica, a ver quién tomaba más rollings en el shortstop. Le gané. Yo fui segunda base por una coca cola. Porque cuando me vieron tomando rollings, me cambiaron de posición. Años después, Pepita Muñoz me hizo la misma apuesta. Todavía me debe cinco botellas de whisky. En triple A, con Oakland, nos íbamos siempre temprano al estadio con Gonzalo Márquez, para tomar rollings. Pero todo fue natural: lanzar por debajo del brazo, la forma de hacer dobleplays…

-¿También fue natural mirar la pelota casi siempre, antes de tirarla a primera?

-Había peloteros que me decían: “Suelta esa pelota rápido”. Por eso, me tomaba mi tiempo y miraba la pelota (ríe). Había quien decía que yo era antipático. Pero no era antipático. Quizás me veían serio. Es que me gustaba hacer bien mis cosas.

-¿Dónde fue más feliz? ¿En Chicago, al consolidarse como titular? ¿En Filadelfia, ya premiado? ¿En Cleveland?

-La mayor alegría fue la primera vez que me puse un uniforme. Esa es la meta de todo pelotero. En Filadelfia lo disfruté más, porque había peloteros con mucha experiencia, como Pete Rose, Larry Bowa, Mike Schmidt. En Chicago fueron los primeros años. A veces el coach tenía que explicarnos las cosas. En Filadelfia ya era mejor pelotero.

-¿Y quién era mejor llave? ¿Iván De Jesús o Larry Bowa?

-Creo que De Jesús. Siempre tuve muy buena comunicación con él. Aún la tengo.

-¿Qué es lo más extraño que le ha pasado en un campo de juego?

-Una vez, jugando en segunda, con dos outs, me tiraron la pelota, pisé y tiré a primera. Les dije que me debían un out, que por eso saqué cuatro (ríe).

-¿Cuál es su mejor recuerdo con el uniforme del Caracas?

-Aquel Juego de la Chinita en que bateé de 4-4, con dos jonrones. Eso fue muy  grande. Pero también lo fue jugar con César Tovar, Gonzalo Márquez, Vitico Davalillo.

-¿Y con el uniforme del Zulia?

-Haber ganado una Serie del Caribe. Y conocer a Rubén Amaro, que fue como un padre para mí, dentro y fuera del beisbol. Eso también.

-¿Fue muy difícil asumir que era la hora del retiro?

-No. Yo siempre he asumido las cosas como llegan. A lo mejor pude jugar dos o tres años más en Venezuela, pero uno tiene que saber decir: está bueno. Quise seguir como coach, porque puedo pagar todo lo que alguien me enseñó, pagar mis años en las grandes ligas, enseñándole a alguien más todo lo que aprendí. Mientras pueda caminar y tirar una pelota, estaré en el beisbol. Digo yo (ríe).

-¿Es posible sentirse abrumado por el escenario en un primer juego de la Serie Mundial?

-No. Porque para llegar allí ya uno ha jugado muchos encuentros. La presión se la pone uno mismo. Cada vez que yo cometí un error en el primer inning, me decía: cóntrale, y todavía faltan ocho innings más, imagínate.

-Pero si casi no cometió errores en su carrera…

-Ahí era cuando me decía: denme por aquí, para ver si es verdad, para ver si soy malo, o qué. La presión se la pone uno mismo.

-¿Fue doloroso que el Caracas lo cambiara de equipo?

-Sí, me dolió. Chicago me prohibía jugar en Venezuela, pero quería jugar en mi país. Eso no se puede prohibir. Entonces, venía de jugar una Serie Mundial con Filadelfia y se dijeron muchas cosas: que quería jugar en Maracaibo, que mi esposa de entonces era de allá. Muchas veces la verdad no se sabe y el culpable es uno. No señor. Pedí que me pagaran lo justo. Sabía lo que le pagaban a los importados y no me iban a pagar menos a mí, que era un grandeliga. La liga nombró como árbitro a Chiquitín Ettedgui y él nunca dijo nada, no opinó. Ahora es cuando estoy contando la verdad. Nunca dijo cuál era el salario justo que debería aceptar. Le pregunté: “¿Entonces, señor Ettedgui?”. No dijo nada. Ahí me paré de la mesa y dije: “Como no llegamos a ningún acuerdo, hagan lo que ustedes quieran. Me pueden cambiar al Magallanes, porque soy fanático del Magallanes. Quiero mucho al Zulia. Le doy gracias al Caracas, pero quiero jugar. Si no llegamos a un acuerdo, me cambian”. Esa fue la verdad, que nunca salió al público. Uno viene a jugar al Universitario y lo pitan. ¿Por qué? Si aquí uno no se va, a uno lo van. Uno no se cambia, a uno lo cambian.

-¿Cuál fue el episodio más duro de afrontar en el beisbol?

-Estar en una final y no ser campeón. Eso duele mucho.

-¿Dónde guarda los guantes de oro y los bates de plata?

-Eso está en un cuarto. Para que lo vean las visitas.

-¿Qué tiene de zuliano, después de tantos años en Maracaibo?

-Muchas amistades. Algunos creen que soy maracucho, por mi forma de hablar. Pero no se me ha pegado nada.

-Si volviera a nacer, ¿qué le gustaría ser?

-Pelotero. Una vez quise ser actor. Hasta hice una película con Joselo. Pero ese no soy yo. Yo volvería a jugar pelota.