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Alex Delgado : Logré todo lo que me propuse en este beisbol

Alex Delgado jugó cinco posiciones distintas en las grandes ligas | Cortesía

Alex Delgado jugó cinco posiciones distintas en las grandes ligas | Cortesía

Ahora es coach de los Cardenales, pero mantiene frescos los recuerdos de su paso por los diamantes, donde se ganó el apodo “Señor de los Anillos”, por los 11 títulos en los que participó

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Fue catcher de Wilson Álvarez con unas Águilas consagradas, el receptor que condujo a los Caribes a su primera clasificación y líder en las recientes dinastías de los Cardenales y los Tigres.

Alex Delgado, el jugador con más coronas en la pelota profesional venezolana, empieza su tercera campaña como coach de los pájaros rojos, mientras se alista para un nuevo reto: algún día dirigir.

-¿Cuál fue el juego más difícil de tu carrera?

-Un Juego de la Chinita, con las Águilas. Me fui de 4-4, pero cuatro ponches. Qué momento tan difícil. El aficionado en Maracaibo es muy duro.

Quería abrir un hueco en el home y por allí mismo irme. Fue la única vez en mi carrera que me pasó. Me lanzaban recta por ahí y no podía. Y no era por la Feria de la Chinita, porque yo era muy responsable; nunca salía si tenía que jugar.

-¿Y el juego óptimo? ¿El mejor de todos?

-En una final Zulia-Magallanes. Wilson Álvarez lanzó nueve ceros y no hubo una sola seña a la que me dijera que no. Fue el juego de ganar el campeonato. También recuerdo el juego en Maracay, contra los Leones, pichando Francisco Buttó y bateando Bob Abreu. Lo teníamos en 0-2, le pedí recta a Buttó y, cuando iba a lanzar, algo me dijo que no. Pedí tiempo, fui a hablar con él y le dije: “Compadre, no vamos a inventar. Tira recta, que es tu mejor pitcheo. Pero eso sí, tíralo duro y para el suelo. No te preocupes, que lo voy a parar”. Fue el mejor slider que ha lanzado Buttó en su vida. Ponchamos Abreu, para ganar el campeonato.

-¿Es verdad el cuento de Víctor Moreno, que la única vez que te chequeó un pitcheo se la pegaron contra la pared?

-Y yo le dije: “Tuviste suerte. Le pedí a Dios que te dieran un jonrón”.

Estábamos ganando por dos o tres carreras. En verdad, cuando estuve con los Tigres casi nadie me chequeaba. Víctor, Buttó y Horacio Estrada nunca lo hacían.

-¿Y hubo algún pitcher que lo hiciera con frecuencia?

-Sin duda alguna que Víctor Zambrano. Era muy difícil de quechar. Él siempre quería lanzar su juego. Teníamos maneras diferentes de verlo. Nunca estábamos de acuerdo (ríe).

-¿Cómo debe preparar un receptor su trabajo con un lanzador?

-Yo, al terminar un juego, empezaba a planificar el siguiente día. Llegaba a la casa o al hotel y comenzaba a pensar en el juego anterior y en el siguiente, en cómo le habíamos lanzado a cada bateador, para cambiarles el plan. Eso les hacía más difícil batear. Los ponía a adivinar.

-¿Hubo algún momento en tu carrera más doloroso que aquella vez que Wilfredo Romero te rompió un ligamento en la rodilla, al chocar en el home?

-Fue el quinto juego de la final en Caracas, una lesión gravísima. Tenía mucho chance de hacer el equipo ese año con los Azulejos. No fue culpa de Willie, él tenía que romper el bloqueo. Perdí todo ese año, me rompí ligamentos, tendones, todo.

-¿Escuchaste a la gente gritarte desde en las tribunas?

-Lo recuerdo. El público gritaba como si fuera un boxeador al que acababan de noquear. Y lo que más me dolió es que cuando pedimos unas muletas prestadas al Caracas, dijeron que no. Aunque seamos enemigos en el terreno, afuera debemos colaborar. Tuve que salir apoyado en un bate, ayudado por mis compañeros, hasta el autobús. Ha sido mi peor momento, sin duda alguna.

-¿Fue esa una jugada decisiva en aquella serie entre Leones y Cardenales?

-Sí. Cuando todos llegamos al dugout, todos decían: “Tenemos que ganar, tenemos que dedicarle el juego a Alex, que se fajó. ¡Vamos!”. Giovanni lanzó seis innings de relevo espectaculares y Roger Cedeño fue el último out con un rolling a segunda. Volvimos a Barquisimeto y me tocó ver el último juego en la banca, con un yeso.

-¿Cuál es tu final favorita?

-Muchas. Pero la que le ganamos al Caracas en su casa, coronándonos en el Universitario, fue la más especial.

-¿Cuál fue el pitcher más difícil de enfrentar?

-Todos (ríe).

-Al revés, entonces. ¿Con cuál te iba mejor?

-Para nadie es un secreto que no fui un gran bateador, aunque tuve momentos buenos. El más difícil creo que fue Iván Arteaga. No podía descifrarlo. Si él iba a pichar, sabía que me iría de 4-0.

-¿Cómo a un especialista en estudiar pitcheos puede irle tan mal ante los lanzadores?

- El desgaste físico en la receptoría es muy grande. Y yo sudaba mucho, sufría mucho de calambres y no pensaba mucho en la ofensiva. Era un catcher defensivo, eso era lo que me daba de comer. Llamar buenos juegos era lo que podía hacerme mejor².

-¿Cuál es el dolor mayor de un receptor?

-Que me hicieran 10 carreras en un juego (ríe).

-¿Y el dolor físico?

-La espalda. Tuve una lesión en el tobillo, pero lo que más me molestaba era la parte baja de la espalda. Las rodillas nunca, gracias a Dios. Ahora sí, después de retirado, pero nada grave.

-¿Qué es lo que más echas de menos como pelotero?

-Jugar la final. Ir por la calle y que la gente te vea. Ser el protagonista, salir al terreno. Uno vive para esos momentos. -¿Qué recuerdas de tu primer día en las grandes ligas?

-Que llegué al estadio, en Texas, vi el lineup y estaba jugando en el left.

El corazón se me iba a salir por la boca. Hasta que Juan González no me dio un fly y lo atrapé, no se me fueron los nervios.

-Es curioso que jugaras tantas posiciones en las mayores.

-Jugué segunda, tercera, leftfield, rightfield, catcher y primera. Yo era buen atleta. Criarte en las caimaneras ayuda mucho.

-¿Te quedó algún sueño por cumplir como pelotero?

- Habría deseado hacer una carrera larga en las mayores. No se pudo. Pero yo era fanático a muerte del Zulia y firmé con las Águilas. Era fanático de los Medias Rojas y jugué con Boston. Gané campeonatos y aquí en Venezuela logré todo lo que me propuse.

-¿Cuándo serás manager?

-Algún día lo voy a hacer. Aprendí de Buddy Bailey y estoy aprendiendo de Pedro Grifol. En un futuro no muy lejano, ojalá lo pueda hacer.

-Si tuvieras que elegir a un pelotero para acompañarte en un séptimo juego de la final, ¿a quién escogerías?

-Sin duda alguna que Alex Romero. Segundo, Luis Maza. Tercero, Robert Pérez.

Cuarto, Héctor Giménez.

-¿Qué es lo más extraño que te ha pasado en un diamante?

-Una vez, con los Tigres, salí a quechar sin el peto. Cuando estábamos listos, el pitcher Dan Murray me llamó y me dijo: “¿Dónde está tu protector?”. Salí corriendo al dugout. El bateador estaba listo y yo ya estaba dando las señas. Fue muy cómico.