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Alex Cabrera, del "casi" retiro a la inmortalidad

Cabrera y su reacción al conectar el jonrón 21 del año | Foto: Ernesto Morgado

Cabrera y su reacción al conectar el jonrón 21 del año | Foto: Ernesto Morgado

El Samurái aseguró que de no ser por “Ramoncito” el récord de Baudilio Díaz seguiría vigente

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En poco más de un año, la historia de Alex Cabrera cambió. El 9 de diciembre de 2012 parecía convencido a dejar el beisbol. Lucía seguro, fehaciente, con la idea de que el cuadrangular que conectó ante el derecho Sean Gallaher, después de una recta solicitada por su hijo Ramón, el receptor de los Leones, sería su último sablazo.

Se quitó la camiseta al llegar al plato y anunció que se retiraba. “Precisamente me acordé de eso, cuando estaba en el hotel, con familiares y amigos. Vimos el jonrón 21 y me recordé de lo difícil que fue convencerlo, él estaba decidido. Gracias a Dios no me equivoqué. Sentía que podía tener una temporada como esta”, relata por teléfono Ramón, que decidió no ir al Universitario el pasdo domingo a ver a su padre por considerar que sería una presión extra.

Alex, inmerso en las consultas de los muchos periodistas que se le acercaron luego del encuentro en el que impuso el nuevo récord de jonrones, recordó ese episodio de la campaña anterior.

“Le debo todo a ‘Ramoncito’, que ese día me dijo que su ídolo era yo. Que no me retirara, que sería algo frustrante para él. Todo lo hice por mi hijo. Dios me está demostrando que no me podía retirar”, confesó el Samurái.

Hoy Alex cumple 42 años de edad y Ramón adelantó que habrá sorpresas en la casa de los Cabrera. “¿Cómo no tenerlas después de todo lo que ha hecho? Vamos a celebrar ese jonrón 21, teníamos varios días esperándolo. Todo esto es algo muy bonito para la familia”.

“Esta felicidad hay que disfrutarla y celebrarla”, dijo Alex, ya despojado de toda la ansiedad por romper la antigua marca de Baudilio Díaz.

Aún quedan ganas, retos y superación en el alma del Samurái. La triple corona es su próxima meta. Pero vaya que mucho crédito de ese espíritu se lo debe a Ramón, el promotor de la asombrosa campaña de su padre y su “rival” deportivo.