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Una leyenda llamada Clemente

Roberto Clemente/ Archivo

Roberto Clemente/ Archivo

Este domingo se cumplen cuatro décadas de la gesta más grande que haya logrado boricua alguno en las Mayores

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“Pensamos que batearía para .120 y que a nadie le interesaría”.

Fueron las palabras de E.J. ‘Buzzie’ Bavasi, exvicepresidente de los Dodgers de Brooklyn, en referencia a la firma del jugador de béisbol puertorriqueño Roberto Clemente.

Brooklyn fue la primera organización que firmó al jardinero en febrero de 1952.

Según informes de prensa y biografías del jugador, los Gigantes de San Francisco y los Bravos de Milwaukee también se interesaron en los servicios de Clemente, que venía de jugar con los Cangrejeros de Santurce en la pelota invernal, a sus 18 años. Supuestamente, Milwaukee le ofreció hasta un bono de $30,000.

Clemente se inclinó por Brooklyn y pactó por un salario de $5,000 y un bono de $10,000.

En aquella época, la liga les requería a los equipos que firmaban jugadores por un salario o bono superior de $4,000 a protegerlos en el equipo grande por dos años o corrían el riesgo de perderlos en el sorteo especial de la temporada muerta.

Brooklyn optó por enviarlo a la filial Triple A con la novena The Montreal Royals, sabiendo que, probablemente, lo perderían en el draft.

Ese año, Bavasi trató de convencer a los Piratas de que seleccionaran al lanzador John Rutherford en el sorteo. Cada equipo tenía derecho a un turno.

Branch Rickey, un exdirectivo de los Dodgers, trabajaba para los Piratas y lucía inclinado a aceptar el ofrecimiento. Sin embargo, las negociaciones entre Rickey y el propietario de los Dodgers, Walter O’Malley, no prosperaron y el acuerdo se cayó, recordó Bavasi.

“Así fue como obtuvieron a Clemente”, dijo Bavasi.

el número 21

En noviembre del 1954, mientras Clemente jugaba con Santurce, los Piratas, que venían de registrar la peor marca en todas las Mayores, seleccionaron al boricua en el primer turno, sin pensar que, posteriormente, se convertiría en una de las figuras emblemáticas de la organización.

Adquirieron sus derechos por solo $4,000. Era una cantidad de dinero menor a la que había devengado al estampar su firma con Brooklyn, pero la oportunidad de demostrar su talento a diario no tenía precio.

Iniciaron los campos primaverales y Clemente buscaba su espacio en el equipo grande. Según una de sus biografías, el mejor jardinero de los Piratas, Frank Thomas, solicitó más dinero y perdió gran parte de los entrenamientos.

Con 20 años, Clemente aprovechó la oportunidad y fue incluido en el roster. Originalmente, Clemente eligió el número 13. Más tarde en la campaña lo cambió al 21. Trascendió que lo hizo porque su nombre completo, Roberto Clemente Walker, contenía 21 letras.

Arrancó la temporada y Clemente no jugó los primeros tres partidos. Su debut aconteció el domingo, 17 de abril de 1955, casualmente, ante los Dodgers de Brooklyn en un doble juego. Y en su primer turno conectó un sencillo que el campo corto Pee Wee Reese no pudo alcanzar.

Fue cuando se comenzó a escribir la historia de una leyenda, a quien llamarían el Astro Boricua.

Clemente jugó 124 partidos y promedió .255 con cinco jonrones, 47 carreras remolcadas y 48 anotadas. Totalizó 121 indiscutibles. Se ponchó en 60 ocasiones y se embasó 18 veces en 474 turnos.

1960: un año especial

Al siguiente año, Clemente ya registraba su primera temporada con promedio de .300. Jugó 147 partidos y bateó .311 con 169 indiscutibles, a la vez que sumaba 17 asistencias en los jardines.

La temporada del 1960 fue especial para el carolinense. Hizo su primera aparición en un Juego de Estrellas -de un total de 15 en su carrera- y ganaba la Serie Mundial ante los Yankees de Nueva York. El nombre de Clemente sonaba con fuerza.

En la próxima campaña, el boricua continuó demostrando su potencial al sumar dos galardones relevantes: fue campeón bate de la Liga Nacional con robusto promedio de .344 y ganó su primer Guante de Oro, el primero de 12 de forma consecutiva.

Clemente ganó títulos de bateo consecutivos en 1964 y 1965 con .339 y .329, respectivamente. En el 1964 logró su primera campaña con 200 hits o más al acumular 211, la mayor cantidad que pegó en una temporada.

Clemente escribió otra página dorada en su carrera en el 1966 al ser seleccionado el Jugador Más Valioso de la Nacional, tras batear para .317 con 29 jonrones, 119 empujadas, 105 anotadas y 31 dobles.

Su cuarto y último título de bateo llegó en el 1967 con promedio de .357 al acumular 209 imparables, junto a 23 jonrones y 110 carreras remolcadas.

El hit 3,000

Para el 1971, hizo su segunda aparición en una Serie Mundial y todos los ojos estuvieron sobre él. Clemente fue elegido el Jugador Más Valioso de la serie al batear limpiamente en los siete partidos, sumando 12 indiscutibles y promedio de .414. Pittsburgh venció a los Orioles de Baltimore para que Clemente ganara su segunda sortija de campeonato en su carrera.

Clemente cerró la campaña con 178 imparables, totalizando 2,882.

Llegó la campaña del 1972 y Clemente logró una de las gestas más memorables de las Grandes Ligas. El 30 de septiembre, Clemente pegó una línea entre el bosque central y el izquierdo para un doble que lo convirtió en ese momento en apenas el jugador número 12 en llegar a los 3,000 imparables.

Ese fue el último hit de su carrera y este próximo domingo se conmemorará el 40 aniversario de dicha hazaña.