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El impresionante regreso de Rafael Nadal

Rafael Nadal pasó a la final / AFP

Rafael Nadal / AFP

Al mallorquín apenas le falta enfrentarse con el número uno, Novak Djokovic, para probarse contra todos los obstáculos tras su lesión

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Abran paso, pongan la alfombra roja, Rafael Nadal está de vuelta. Arde la pista y quema la pelota. Juan Martín del Potro pega y pega, revienta la bola, golpea como si cada tiro fuera la bala de la que depende su vida. Nadal acude al encuentro de esos disparos a pecho descubierto.
Primero manda, luego sufre y domina finalmente el tío vivo de la final de Indian Wells para remontar 4-6, 6-3 y 6-4, alzar su primer título sobre cemento desde 2010 (Tokio), celebrar su victoria 600, recuperar el número cuatro del mundo y gritar alto y claro un mensaje a los cuatro vientos: he vuelto.
A falta de la prueba de Novak Djokovic, el número uno mundial, el mallorquín ha cerrado su vuelta al circuito con resultados impensables. Tras siete meses lesionado con una rotura parcial de ligamento rotuliano y una hoffitis en la rodilla izquierda, suma tres trofeos, una final y cuatro victorias sobre top-10 (Federer, Ferrer, Del Potro y Berdych) desde febrero. Asombroso.
“Muchas felicidades, te mereces el fantástico regreso que estás teniendo”, le dijo el argentino Del Potro.
La rodilla izquierda estaba vendada, pero no parecía dolerle. Rafael Nadal recuperó una pelota tras otra y por primera vez se atrevió a resbalar sobre cemento tras siete meses lesionado. “Me moví increíble”, valoró luego, tras gritar desaforadamente y correr a abrazarse a la gente de su banquillo, donde se funde con Rafael Maymò, su amigo, su fisioterapeuta, la persona que conoce más íntimamente cuánto sufrimiento, cuántas lágrimas y cuánto dolor ha costado la victoria. “Cuando conseguí calmarme, jugué increíble”, continuó.
“Los siete últimos meses fueron especialmente duros para mí. Gracias a todos los que me ayudaron y apoyaron. Sin ellos habría sido imposible. Esta es una de las victorias más emotivas de mi carrera. Es impresionante”, se despidió en la pista del público tras sumar su vigésimosegundo masters 1000, el récord absoluto.
“No sabía ni si podría llegar hasta aquí (cuando volvió al circuito), la sorpresa ha sido mayúscula”, explicó luego en los micrófonos de Teledeporte. “Las dos primeras semanas fueron muy duras, estaba jugando con demasiado dolor, no habría podido seguir así. En Acapulco, la rodilla me dio tregua. Desde entonces, me permite moverme con libertad. Si hace tres semanas alguien me dice que podría correr como en esta final a por todas las pelotas, habría dicho: ‘Está loco”.