• Caracas (Venezuela)

Deportes

Al instante

Omar Malavé: “No me importa que me digan sabermétrico”

Omar Malavé | Foto: Henry Delgado

Omar Malavé en sus tiempos con Caribes de Anzoátegui | Foto: Henry Delgado

El coach de banca del Magallanes cuenta sus anécdotas en la pelota. Es el único manager bicampeón del Lara y un apasionado por el estudio de las estadísticas. Le gustaría volver a dirigir, pero por ahora se enfoca en ser para Carlos García el asistente útil y acucioso que hubiera deseado tener como piloto

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Omar Malavé no jugó mucha pelota en su niñez. ¿Determinó eso que su carrera como jugador fuera tan corta? ¿O fue que los Azulejos vieron en él un caso especial, el de un joven con notables aptitudes para la enseñanza y la estrategia?

Posiblemente fuera lo segundo. Malavé es el único manager bicampeón con Lara en la LVBP y ahora ayuda a perseguir el tricampeonato del Magallanes, como coach de banca de Carlos García.

Apasionado de las estadísticas, asegura que vive “en la era de los números”.

-¿Cómo se enamoró del beisbol?

-Aunque soy oriental y era magallanero desde pequeño, yo jugaba fútbol. Tenía la fiebre de los mundiales. Jugaba pelotica en la calle, chapitas, pero a los 13 años me interesé en el beisbol, por un uniforme que vi y que me gustó mucho. Era un uniforme muy lindo. Pero no tenía las cualidades. Fui a un try-out y cuando me vieron tirando la pelota desde el outfield, tirando una granada, todo el mundo se burló de mí. El dueño del equipo me dijo: “Tú no sirves para el beisbol”. Mi hermano mayor, Jesús, estaba allí. Me dijo: “Pues yo voy a sacar un equipo, para que juegues pelota”. Consiguió las franelas y las gorras. Ahí comenzó mi carrera. A los 14 años, se interesó el Banco Industrial. Me pagaban 50 bolívares semanales, para los estudios.. Fui campeón bate, representé al estado Sucre y, siendo juvenil, firmé. Empecé a jugar a los 13 y tres años después ya estaba firmado para el beisbol organizado. Al final sí tenía las cualidades, pero no las había explotado, porque nunca había jugado. Entonces fue cuando me enamoré del beisbol.

-Qué cruel ese manager que le dijo, siendo niño, que no servía para el beisbol.

-Nunca un coach debe usar esas palabras. Fue mi hermano quien me sacó de allí. “Tú sí puedes”, me decía. Yo, como técnico, en 34 años que tengo trabajando aquí y en Estados Unidos, nunca le he dicho ni le diré a nadie algo así. Siempre he sido positivo. A raíz de ese episodio, aprendí que uno puede forjárselo todo.

-Ustedes, los Malavé, son una familia beisbolera. ¿Alguno de sus hermanos sirvió de rol modélico? ¿Tenía algún ídolo de juventud?

-David Concepción. Fue un pelotero que siempre admiré y admiro. La forma cómo jugaba, su trayectoria, su disciplina. También tuve la suerte de que los cinco hermanos jugamos pelota, aunque Jesús, el que tenía más talento, fue el único que no jugó beisbol profesional. Cuando Benito y yo compartimos en los Cardenales, después de tanto trabajo; cuando por fin estábamos en un equipo profesional, nos veíamos uniformados y no lo creíamos. Fue muy emocionante. No podíamos imaginar que tendríamos una carrera exitosa. Y ver debutar en las Grandes Ligas a Cheo, con Boston, fue otra emoción inmensa. Nosotros no pudimos llegar. Pero él sí lo logró.

-Su carrera como pelotero fue corta. ¿Qué era lo que más disfrutaba en el terreno?

-Aprender de los demás. Siempre preguntaba, estaba pendiente de los técnicos. Eso me ayudó mucho. Para mí, no era un trabajo. Todo eso que aprendí, me ayudó bastante cuando me retiré.

-¿Le costó mucho dar el paso, aceptar la oferta de iniciar tan joven una carrera de técnico? Porque allí le cerró la puerta al sueño de jugar en las Grandes Ligas.

-No fue fácil. Lo recuerdo como si fuera ayer. Mi esposa tuvo mucho que ver con mi decisión. Me costó siete años para subir de clase A a doble A. Siete años. Hasta besé la tierra del terreno cuando llegué a doble A. Y tres años después de eso fui a triple A. Como al mes, me dijo Bobby Mattick: “Te tenemos una buena noticia y una mala”. Él fue un maestro para mí, le debo todo en el beisbol estadounidense. “Vas a regresar a doble A, donde tenemos un cargo abierto para ser coach”. Imagínate, yo con 26 años de edad. Guao. Me dijeron que en un mes me iban a llamar y estuve pensándolo las primeras dos semanas, sin saber qué hacer. Fue mi esposa quien le dio sentido, como siempre. Ella siempre ha sido mi fortaleza, y me dijo: “La oportunidad está aquí, es una organización donde creciste y estas oportunidades no vuelven”. Después de 34 años, sigo vistiendo el uniforme de los Azulejos. Soy la única persona que se mantiene en la organización desde que comencé. Un Blue Jay natural.

-¿Sintió miedo?

-Me daba temor escribir los reportes en inglés. Cómo enfrentarme a mis jefes hablando ese idioma. Tuve la suerte de tener como coach a Joe Cannon, que jugó aquí con el Magallanes y me ayudó bastante. Me enseñó a hacer los reportes. Héctor Torres fue el otro que me dio el empuje y me enseñó cómo era el sistema.

-La familia celebró cuando Cheo debutó en las mayores. ¿Cómo celebraron cuando usted fue nombrado coach de Grandes Ligas?

-Me llamó Cito Gaston. Yo estaba tomando la siesta y no lo creía. Me costó tanto trabajo. Tantos viajes de 12 horas, trasnochos, hoteles. Me ericé, no podía creerlo. “Ya es hora de que estés en las Grandes Ligas”, me dijo él. Cuando terminó la llamada, llamé a mi esposa, sin poder creerlo todavía. Nunca lo olvido. Era lo que me faltaba. Si no llego a subir otra vez, ya lo hice, llegué a donde tenía que llegar. Ese mismo año me entrevistaron para el cargo, cuando salió Gaston.

-¿Cuán distinto es dirigir allá respecto a hacerlo aquí?

-Allá no estás tan pendiente de las victorias, sino del desarrollo de los peloteros. Este año me volvieron a pedir que dirigiera, en Dunedin, después de dos años, y de allí salieron tres peloteros que llegaron a las Grandes Ligas. Tuve una temporada excepcional y fui Manager del Año en la Liga de Florida. No me lo esperaba. Pero aquí es diferente, aquí hay que ganar o ganar.

-¿Le gustaría hacerlo de nuevo?

-Sí, me gustaría volver a dirigir aquí. Ha habido oportunidades, pero no se han concretado. Ahora soy coach de banca y estoy enfocado en eso.. Trato de usar toda la experiencia, todo lo que tengo, para ayudar a Carlos García como antes hice con Luis Sojo. Soy su mano derecha. Trato de hacerle todo lo que yo quise que me hicieran como manager: llevarle las estadísticas, los matchups, la defensiva.

-Desde su primera experiencia como coach de Sojo recuerdo su inclinación por estudiar los números. ¿Ha seguido profundizando esa inclinación?

-Por supuesto, me encanta. Y lo he estado desarrollando más desde que llegué a Grandes Ligas. Allí aprendí a ver todo diferente. Te das cuenta de que debes usar cualquier detallito que pueda ayudarte a ganarle al contrario. Estuve siete meses con un gran maestro, Brian Butterfield, que ahora es coach de tercera base en Boston. Me enseñó todos los detalles de la defensiva y ofensiva. La información está. Que quieras interpretarla y usarla, queda de tu parte. Aquí en Venezuela no se ha desarrollado, no tenemos departamentos de video, pero trato de usar la información que está disponible. Nos ha sido de mucha ayuda en los años que llevo aquí. Los técnicos que están comenzando deberían usarla. La forma como mueves la defensiva te puede ayudar a ganar un juego.

-Si hace 10 años alguien uniformado decía eso, habría sido tenido por nerd, por sabermétrico. ¿No le importa que lo digan de usted?

-No me importa, para nada. Mientras tengas información y aprendas, la debes usar. Hay quienes no la usan. Pero estamos en otra era, en la era de los números. La información está allí para usarla. A mí me ha funcionado, y mientras me siga funcionando, voy a seguir usándola.

-Domingo Carrasquel se le adelantó, al ganar el primer título para los Cardenales. Pero usted fue el primer manager bicampeón en Lara…

-Mis mejores años fueron con los Cardenales. Allá gané dos títulos y clasificamos varios años. Veo el número de Carrasquel retirado, cada vez que voy a Barquisimeto, y el mío nada (riendo). Aprendí mucho de él. Aquí también he pasado buenos momentos. Magallanes era mi equipo en la niñez, me dormía escuchando los juegos en la radio. Llegué hace tres años para un Caracas-Magallanes y Sojo me recibió con el número 16. “¿Y esto?”, le dije. “¿Tú no eres el 16?”, me respondió. “¿Y a quién se lo quitaste?”. “¡Tú agárralo!”. Y cuando me vi con esa M, sentí algo completamente diferente. Mi hermano Benito pichó muchos años aquí, José Francisco nos dio aquellos estacazos en la final de 1996 cuando yo era coach de tercera del Lara, y ahora estoy aquí, viviendo lo que ellos vivieron. También me pasó con el Caracas. Dos organizaciones de mucho respeto.

-¿Cuál es su recuerdo más antiguo ligado a la pelota?

-Dave Parker. Recuerdo verlo con mi papá por la televisión, y mi papá diciendo: “Cuando ese negro pone el pie así, se va para la calle”. El negro hizo eso y la metió entre center y rightfield. “Guao”, me dije. “Mi papá sabe mucho de beisbol”. La pelota era nuestro menú de cada noche.

-De todos los buenos momentos, ¿cuál escoge como el de mayor emoción?

-Cuando gané el primer campeonato. Fue en Caracas, en siete juegos. Las dos finales contra el Caracas fueron muy buenas. Tuvimos que hacerlo todo perfecto para ganar.

-¿Quién ha sido el pelotero ideal para dirigir?

-Luis Sojo. He tenido la suerte de dirigir a tres peloteros sobre 1.000 hits: Sojo, Tomás Pérez y Robert Pérez. Algunos podían creer que Sojo era indisciplinado, pero era el pelotero perfecto. Si no se estrechaba con el equipo, ya sabía que cuando cruzara esas líneas daba 110 por ciento. Y te jalaba al equipo. Ese sí era un líder. Y Robert; ha sido excepcional, disciplinado, un caballero. No se cree la forma física en la que está. Un gran trabajador. Dos peloteros que sabían lo que tenían que hacer cada día.

-¿Y a quién ubica en la acera contraria?

-Muy pocos. Si traigo un caso, William Cañate. Tenía las cualidades. Pensé que iba a ser un peloterazo y se quedó en el camino. Siempre se lo digo a los jóvenes. Recuerdo una anécdota con Antonio Castillo. Mucha gente pensaba que no iba a llegar. En un spring training, lo bajaron de doble A a clase A. Él quería regresarse a su casa. Tuvimos que hablar con él. Ese mismo año, estaba lanzando en las Grandes Ligas y al año siguiente estaba en una Serie Mundial. Son cosas que uso siempre como referencia con mis peloteros, especialmente con los latinos.

-¿Qué es lo que más le ha dolido en su carrera?

-Estuve tres años con el Caracas. Fuimos a una final, que perdimos, y al regresar, el año siguiente, la forma en que me trataron, me hizo entender lo difícil que era el fanático caraquista. Eso fue muy triste. Ojalá algún día pueda regresar por la puerta grande. Que los fanáticos me vean como lo que siempre fui y quise ser en Caracas. Siempre he trabajado para ganar.

-Los peloteros guardan muchas cosas: pelotas, guantes, spikes. ¿Qué guarda un manager?

-Tengo muchas cosas en mi casa. Un garaje lleno. Pero la camisa del primer campeonato siempre va a estar allí. Me costó mucho lograrlo.