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La historia del Leicester tiene su lado oscuro

Leicester City | Foto EL COMERCIO

Leicester City | Foto EL COMERCIO

Un escándalo con prostitutas en Tailandia de varios elementos de la plantilla desembocó en el cambio que generó el éxito 

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La empresa tailandesa King Power, principal sponsor del Leicester campeón de la Premier League de Inglaterra, es el conglomerado comercial encargado de regentar las zonas de Dutty Free de los dos principales aeropuertos de Tailandia.

Su dueño, el magnate Vichai Srivaddhanaprabha, deseaba fervientemente hace seis años saciar su pasión por el fútbol y decidió invertir parte de su fortuna, que hoy alcanza los 3,2 billones de dólares, en comprar un club pequeño del Championship, la segunda división de Inglaterra.

Así, llegó a Leicester en 2010 con la intención de invertir en el equipo para que subiera a la Premier League, y así verlo entre los grandes. Se quedó corto dos veces, hasta que en 2014 se coronó campeón de la división de plata de Inglaterra y subió a primera.

A partir de ahí, la historia comenzó a favorecerle. La campaña pasada tuvieron que sufrir para quedarse en primera división, pero una racha ganadora de cinco partidos les permitió sobrevivir. El técnico que hizo el milagro, Nigel Pearson, sin embargo, fue despedido después de una historia sórdida en la pretemporada.

El escándalo. Srivaddhanaprabha decidió que el equipo debía jugar la pretemporada en Tailandia. En ese periplo, el hijo del DT y jugador del plantel, James Pearson, junto con Allan Smith (ex selección de Inglaterra) y Tom Hopper se filmaron teniendo relaciones sexuales con un grupo de prostitutas de ese país, en una orgía que determinó el destino final del club.

Pearsons, su hijo y los otros dos futbolistas fueron despedidos de la institución por “diferencias irreconciliables” con la directiva. El magnate tailandés decidió traer en medio de la pretemporada a Claudio Ranieri, y todo cambió.

Ranieri le imprimó un estilo familiar a una plantilla armada a retazos, con futbolistas descartados por otros equipos. “Quiero que jueguen por sus compañeros. Somos un equipo pequeño, así que tenemos que luchar con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma. No me importa el nombre del rival. Todo lo que quiero es que luchen. Si son mejores que nosotros, bueno, felicidades. Pero tienen que probarlo”, fue su primer mensaje.

Su meta era lograr 40 puntos, y el saldo se había logrado en diciembre. Hoy todo es fiesta en Midlands. Y todo comenzó con una orgía.