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El legado de José Grasso

José Grasso / Leonardo Noguera

José Grasso / Leonardo Noguera

El presidente de la LVBP entre 2007 y 2013 deja una obra importante a su sucesor, Oscar Prieto Párraga

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La gestión de José Grasso Vecchio al frente de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional termina este jueves.

Luego de seis años, que comenzaron con su sorpresiva designación en 2007, este experto en finanzas y amante de la pelota entrega la presidencia a Oscar Prieto Párraga.

“No puedo dejarla en mejores manos”, aseguró este miércoles, vía telefónica, desde Panamá.

Es un final agridulce. El ejecutivo tiene un legado, pero su tercer período cierra de modo tan inesperado como fue su designación, colofón de algunos capítulos desafortunados y decisiones polémicas, que culminaron en la suspensión y posterior anulación del castigo a Luis Ávila, presidente del Caracas.

Es casi una paradoja, porque Grasso, como aficionado de muchos años, era abonado caraquista al asumir el despacho y fue propuesto para el cargo precisamente por los melenudos. Resulta una prueba de su intento de imparcialidad que algunos tildaran de empeñarse en contra de los capitalinos, al participar de la toma de decisiones en casos como los de Ávila, Yorvit Torrealba y otros.

No recordamos un presidente de la LVBP tan proactivo en su deseo por proponer ideas y proyectos.

Algunos de sus antecesores no tuvieron tiempo para desplegar una gestión y otros asumieron un papel discreto, administrando la oficina y los intereses comunes, pero dejando el protagonismo en los equipos.

Ramón Guillermo Aveledo cambió en algo esa característica, pero su sucesor se convirtió en un protagonista mayor, y para bien.

La joya más llamativa de su legado es el rescate e internacionalización del Juego de Estrellas, convertido ahora en un espectáculo que, además, da dividendos.

También fue uno de los motores, especialmente junto con su par mexicano Omar Canizales, para que la Serie del Caribe por fin tuviera un nuevo formato competitivo, que incluyó una final y que resultó todo un éxito en lo deportivo, no sólo en lo económico, en su más reciente edición.

Le faltó tiempo y le sobraron obstáculos para tratar de lograr mayores innovaciones en el clásico de febrero y en la Confederación del Caribe, pero este inicio en Hermosillo posiblemente inspire más novedades, para bien.

El aporte más notable de Grasso fue dar impulso y apoyo a la determinación de varios miembros de su equipo, encabezados por Domingo Álvarez y Yocoima Mata, para elevar el nivel del arbitraje.

Tomando como ejemplo a Manuel González, quien ya era umpire en las ligas menores para 2007, patrocinó la participación en cursos y la profesionalización de varios hombres de azul: Carlos Torres, Robert Moreno, Jorge Terán y David Arrieta hacen vida hoy entre clase A y triple A, y otros más han ido a la Liga Mexicana de verano.

Hoy existe todo un sistema de supervisión y estímulo para ellos; la tarea no está completa, pero el nivel arbitral es muy superior al de una década atrás.

Grasso le dio un perfil profesional a la liga, casi empresarial. Su página web es ahora un verdadero medio de comunicación, repleto de noticias.

Las finanzas del circuito son sólidas, en parte por los patrocinios que consiguió.

Se preocupó por la imagen de nuestra pelota y hay pruebas de sus intentos por convencer a todos los propietarios de la necesidad de dar lucimiento al espectáculo, a pesar del empeño de los equipos de mantenerse en el pasado, cuando insisten, por ejemplo, en jugar a veces con colores similares en los uniformes.

Grasso también pactó la creación de un comité de apelación para las suspensiones de peloteros, a partir de la campaña venidera.

Creó las jornadas de reflexión.

“Ahora haré como hizo Aveledo conmigo: daré mi informe final y me haré a un lado definitivamente”, expresó.

Deja tareas sin finalizar, aficionados insatisfechos y algunas antipatías. Pero el repaso a sus seis años de labor sugiere que es difícil hallar a otro presidente que haya aportado más que él a la LVBP.