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Hambre de gloria

Argentina dependió de Messi para llegar hasta cuartos de final del Mundial / BBC MUNDO

Messi tiene la oportunidad de hacer historia con Argentina / BBC MUNDO

Lionel Messi y Thomas Müller serán las principales armas ofensivas de Argentina y Alemania, cuando esta tarde en Maracaná busquen ganar la Copa del Mundo 

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Lionel Messi salió de Rosario, Argentina, cuando aún era un niño. Su padre, Jorge, un obrero de una fábrica rosarina, quería llenar a toda costa el sueño del pequeño jovencito, jugar al fútbol como profesional.

Desde los ocho años, el chico recibió un diagnóstico que afrontaba sin complejos. Un problema ocasionado por la falta de segregación de la hormona de crecimiento, hizo que su padre dejara todo y cuando “Lío” cumplió once años, no dudó en aprovechar la oportunidad que les presentó el Barcelona.

El cuadro catalán pagaría el tratamiento (costosísimo) del joven, a cambio de que este se formara en sus filiales. Su talento era inconmensurable, a pesar de que la pelota aún le daba por las rodillas hasta los nueve años de edad. Pero esto no era un impedimento para mostrar con las categorías infantiles de Newells Old Boys todo lo que podía hacer.

Pese a irse tan joven de casa, Messi siempre estuvo atado a Rosario. Extrañaba su casa, su barrio, a su madre, María, quien eventualmente se mudó con ellos a España, y a Antonella, con quien lo unía una amistad especial.

Tanto así, que su talante introvertido no fue un impedimento para proponerle matrimonio años más tarde, luego de que se convirtió en el famoso ariete zurdo del “Barsa”, después de que debutó de la mano del holandés Frank Rijkard en la primera división de España.

Antes de eso, ya era famoso en Argentina. Su generación ganó el título sub 20 en el Mundial de Canadá en 2005, y su meteórico ascenso a la cima del fútbol fue imparable.

El enano tímido de Rosario, se volvió el más grande del mundo. Ganó todo con Josep Guardiola en el genial Barcelona que cambió la manera de concebir el fútbol. No sólo en lo grupal. Balones de oro, premios al jugador del año de UEFA, de revistas especializadas, todo adornaba las repisas de su casa.

Sin embargo, Messi aún tiene una cuenta pendiente. Y es su principal motivación desde hace meses. Se fue dosificando para llegar a este momento a plenitud.

“Messi tiene que ganar algo con Argentina”, replica el corillo de voces a su espalda, mientras “Lío”, siempre retraído, como el niño sentado en la silla de la fiesta infantil que no se para a correr; se llenaba de hambre de gloria.

Hoy en Maracaná, Messi querrá ganar. Ya es su costumbre. Sabe que si lo hace, inscribirá su nombre entre los grandes de este deporte, sin discusión. Alzar la Copa del Mundo, lo pondrá en el Olimpo reservado para los mejores de la historia. Una oferta atractiva, hasta para un tipo tímido que nunca pudo crecer del todo.

 

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La última vez que Alemania jugó una final del Mundo, Thomas Müller tenía apenas nueve meses de nacido. No recuerda nada de aquel penal de Anderas Brheme, con el que los teutones se desquitaron de Argentina en 1990, y menos de las galopadas de Rudi Völler o de Jurgen Klinsmann, los atacantes de aquella “Manschaft”, la última que pudo probar la gloria. Hasta ahora.

Thomas nació en Weilheim, Baviera, la región donde además ha vivido toda su vida. Nunca pudo despegarse de la zona de la cerveza más pura del mundo.

El atacante comenzó su carrera desde niño en el Bayern Munich (el conjunto principal de Baviera) al que ingresó cuando tenía diez años. Ahí comenzó a labrarse su propio camino, y no fue sino hasta 2007 que debutó como profesional, justo un año después del Mundial que se disputó en Alemania.

Ese año, Müller llegó al primer equipo del Bayern de la mano de un holandés, Louis Van Gaal, quien vio en el joven potencial para explotar como jugador de banda, como mediapunta, y en algún que otro momento como delantero.

No tardó en llenar la retina de Joachim Löw, técnico de la selección alemana, quien no dudó en sugerir su nombre para la selección sub 21 que ganó el título de Europa en Turquía en 2009.

En ese momento, ya el bávaro tenía un nombre forjado en el balompié teutón. Y siendo tan precoz como en el fútbol, decidió encarrilar desde temprano su vida personal. El ariete se comprometió ese año con Lisa, su novia desde el bachillerato, quien se convirtió con el paso de los años en una modelo de porte espectacular.

Se casaron en 2011, justo después de que Müller quedó goleador del Mundial de Sudáfrica 2010 con cinco dianas, y se convirtió en el mejor jugador joven del torneo.

En la Eurocopa de 2012 llegó con su selección a semifinales, manteniendo siempre el estándar que lo tiene como uno de los jugadores más temibles dentro del área, a pesar de que su fisico no intimida. Flaco, desgarbado, con cara de oficinista aburrido, Müller es un depredador del área. No puede ver un balón cerca de la portería, porque intenta anotar.

En 2013 llevó a la gloria al club de sus amores, el Bayern. En un año, Müller se hizo de la Bundesliga, la Pokal (Copa de Alemania) y la Champions League, después de batir en la final en Londres al Borussia Dortmund.

Ahora, va a Maracaná buscando completar un sueño. Hace 24 años, Thomas no tenía ni idea de que Alemania no volvería a una final del Mundo hasta que él apareció. Sus goles y su voracidad de gloria, son el arma teutona para aspirar a ganar el campeonato del mundo. 

@PabloAGarciaE

pgarcia@el-nacional.com