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El arquero Velázquez salvó a Venezuela de un mal mayor

El capitán Díaz intentó consolar al guardameta Velázquez tras la derrota | FOTO Cortesía FIFA

El capitán Díaz intentó consolar al guardameta Velázquez tras la derrota | FOTO Cortesía FIFA

El golero nacido en Caracas tuvo al menos siete grandes paradas que evitaron que Japón goleara a la Vinotinto

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“Hoy hemos sido superados como nunca”. La frase de Rafael Dudamel tras el partido –ofrecida a Meridiano TV-, es casi tan pesada como los números. Japón ayer disparó 17 veces al arco venezolano, sufrió 26 faltas y tuvo la pelota el 69% del tiempo. Ante esa superioridad, la única razón que explica que la derrota vinotinto haya sido apenas por 3-1 tiene nombre y apellido: Beycker Velázquez.

El arquero caraqueño fue el pico más alto de un equipo que siempre se vio superado por su rival. “Tienen una técnica, una destreza y una coordinación en todas sus líneas admirables. Jugamos contra un rival sencillamente espectacular”, valoró luego Dudamel. Sin la talla de un equipo poderoso, Japón fue fiel al libreto que los ha hecho fijos en los últimos cinco Mundiales.

Junto a la coordinación que destacó Dudamel, los juveniles japoneses mostraron una rapidez y una precisión altísima, tanto defensiva como ofensivamente. Con ella consiguieron constantemente pasillos para atravesar la defensa criolla, especialmente por el costado izquierdo, por donde llegaron los tantos de Sugimoto y de Watanabe.

Entre uno y otro, José Caraballo anotó en el único disparo de Venezuela en el primer tiempo. Una jugada que inició con una galopada suya por la izquierda que Márquez no pudo rematar y que Maceira volvió a centrar para que el oriental definiera.


El show de Velázquez. Para el descanso, el arquero Velázquez ya sumaba dos soberbias paradas, una de ellas en dos tiempos sacando la bola cuando aún no había traspasado toda la línea de gol. En el segundo tiempo siguió brillando, sacó pelotas de todos los tamaños y colores, con los pies y con ambas manos. Sin embargo, poco pudo hacer con el penal que cometió Tineo y que transformó en gol Watanabe.

Esa inocente falta fue la sentencia para una Venezuela que, en ese momento, se había animado al ver que, aún sin poder igualar futbolísticamente a su rival, podía hacerle daño en algunas jugadas puntuales o en el juego aéreo.


Esperanzas. Tras la derrota, a Venezuela aún le queda un hilo del cual aferrarse para pensar en una posible clasificación a los octavos de final. “Lucharemos con dignidad hasta el final porque el equipo es muy profesional, aunque está herido en su orgullo”, comentó Dudamel.

A la segunda ronda clasifican los dos primeros de cada grupo y los cuatro mejores terceros. La Vinotinto aún puede aspirar a ser uno de esos. Para eso, debe derrotar a Rusia por dos o más goles de diferencia. Luego esperar una serie de resultados que le hacen caminar por un puente bien estrecho. Un camino poco probable pero posible, y al que se aferrará Venezuela, por lo menos mientras pueda.