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¿Hay alternativas frente al draft internacional?

Estadio de Beisbol Luis Aparicio El Grande, en el Zulia / Jesús Castillo

Estadio de Beisbol Luis Aparicio El Grande, en el Zulia / Jesús Castillo

México y Japón han sabido mantener su independencia frente a las grandes ligas. ¿Qué puede hacer Venezuela?

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Puerto Rico era una potencia en el beisbol mundial cuando, en 1989, las grandes ligas decidieron que la isla pasaría a jurisdicción estadounidense, validando su condición de estado libre asociado en lugar de país independiente, que no lo es.

A partir de esa fecha, los boricuas que jugaban pelota amateur no pudieron firmar contratos como agentes libres ni negociar con los mejores postores.. En cambio, fueron incluidos en el draft colegial, que anteriormente sólo abarcaba a jugadores de Estados Unidos y Canadá.

El Dream Team puertorriqueño marcó el punto más alto en la historia de la pelota de la tierra de Roberto Clemente; un equipo de súper estrellas que brillaban en la gran carpa dominó la Serie del Caribe de punta a punta, en 1996.

Aquellos astros formaban parte de la generación de peloteros firmados antes de 1989.

Tras el punto culminante vino el descenso. Sostenido y dramático descenso. Menos boricuas se incorporaron al campo rentado, al no haber libertad para firmar y al mermar el dinero que se entregaba por bonificaciones. Más antillanos optaron por dedicarse a otros deportes, donde era más fácil ganar un dinero decente más rápidamente, como el baloncesto.

Cayó el número de estrellas y el interés en la liga de la isla, que hasta llegó a desaparecer por un año. No hay aficionados en las tribunas. Yadier Molina es la única figura rotunda entre todos los jugadores de ese país que han debutado en las grandes ligas desde 2001.

Entre 2011 y 2013 se han estrenado cinco nativos de Puerto Rico, la misma cifra de venezolanos que han recibido su bautismo en las mayores en este mes de abril.

México y Japón han sido inmunes al intento de Major League Baseball por colonizar sus derechos, beisbolísticamente hablando.

Una ley obliga a que todo pelotero de esa nación dé el salto al profesional a través de la liga mexicana de verano, por lo que cualquier escuadra de las mayores debe negociar con sus pares aztecas antes de adquirir un prospecto. No es el mecanismo ideal y, de hecho, la patria de Fernando Valenzuela no ha terminado de desarrollarse como exportadora de talentos.

La regla en el archipiélago obliga a que todo jugador nipón dispute nueve temporadas en la NPB, el circuito más importante allá, antes de declararse agente libre. Para que alguien como Yu Darvish pueda llegar a la gran carpa antes de ese plazo, hace falta que una divisa de MLB adquiera el derecho de negociar con la figura en cuestión, pagando una suma millonaria al club, y luego convenza de firmar al pelotero con otra cantidad millonaria.

El mecanismo ha funcionado, el espectáculo sigue siendo atractivo para la afición en los pagos de Sadaharu Oh, aunque la exportación se haya incrementado, y tanto elencos como deportistas reciben un buen dinero por su inversión, los unos, y su talento, los otros.

¿Puede Venezuela mantenerse al margen del draft internacional, que el comisionado de las mayores, Bud Selig, aspira a poner en práctica el año entrante?

En este momento, sólo un improbable veto de la asociación de peloteros de las grandes ligas podría hacer que eso ocurriera. De resto, luce inevitable que Venezuela sea parte del draft, con la consiguiente merma en la firma de peloteros, en el reparto de incentivos entre los prospectos, en la generación de empleos vinculados a la pelota y en la entrada de divisas al país.

¿Puede una ley impedirlo, como en México?

¿Pueden ponerse de acuerdo las academias y agentes para crear una liga que se declare autónoma y pida el amparo legal, para mantener su independencia?

¿O se repetirá el caso de Puerto Rico, para mal de nuestro beisbol?