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Un ajuste en el estilo de juego empujó a Rafael Nadal al tope del ranking mundial

Nadal celebra después de derrotar al italiano Fabio Fognini en el Abierto de China, el pasado 4 de octubre | Foto AFP

Nadal celebra después de derrotar al italiano Fabio Fognini en el Abierto de China, el pasado 4 de octubre | Foto AFP

El mallorquín redujo el uso del top spin en las pistas rápidas y empleó mayor cantidad de golpes planos este año en esas superficies

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“Es como un regalo”. Rafael Nadal resume así su vuelta al número uno del mundo. El regalo, sin embargo, no vino del cielo, sino que se consiguió con ajustes técnicos, decisiones tácticas arriesgadas y trabajo, mucho trabajo: nada más regresar al trono, Nadal se fue a entrenarse durante una hora en lugar de celebrar el triunfo.

Con el título a tiro, el campeón de 13 grandes se fajó en la cancha de prácticas para perseverar en la fórmula que le ha permitido superar el parón que hasta febrero le tuvo apartado siete meses de la competencia por una rotura parcial del ligamento rotuliano: más agresividad para evitar el desgaste de las articulaciones y tiros más planos en pista dura para construir su increíble racha de 26 victorias por ninguna derrota sobre cemento en 2013, el trampolín que le ha llevado al trono.

Todo empieza en Madrid, con unas cámaras de alta velocidad plantadas por la Federación Internacional de Tenis (ITF) en la plaza de Las Ventas. Fue en 2008, y aprovechando que Nadal jugaba con España en arcilla, la ITF grabó imágenes del rey del top spin para medir la eficacia de ese efecto curvado en distintas superficies.

Con el mismo protagonista, el experimento se repitió en 2011 y en la pista rápida de Charleroi, durante un Bélgica-España. Tras comparar con otros especialistas en el golpe las imágenes de la pelota curvada de Nadal, que salta por encima del hombro de los rivales y ha sido la clave del éxito sobre arcilla (ocho Roland Garros, entre otros títulos), los biomecánicos llegan en 2012 a una conclusión inapelable: después de analizar más de 3.000 videos, dan por demostrado que la tierra batida es la superficie que en promedio produce más spin, y que el efecto pierde eficacia en pista rápida.

Nadal, de 27 años de edad, no necesita que le enseñen los papeles. Consciente de la circunstancia, le ha quitado algo de curva a sus derechas de transición en cemento, e intenta cerrar los debates con tiros decididamente planos.

Para lograr el número uno, Nadal ha jugado mucho y bien. Antes de medirse a Djokovic en la final de Pekín —extraña circunstancia: estrenó el número uno perdiendo contra su predecesor, favorito siempre que se miden en cemento—, había disputado 12 finales en los 13 torneos a los que se había apuntado en 2013, con 10 títulos y como principal mancha la derrota en la primera ronda de Wimbledon.

Tiene 65 partidos ganados por 4 perdidos en lo que va de temporada. Eso es una historia única, impensable y como de guión de cine, que quedará para siempre en los anales de su deporte. Un tenista que en febrero estaba lesionado y jugaba cojeando es en octubre el mejor del mundo.