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El Valencia va de la cautela de Pellegrino a la osadía de Djukic

Miroslav Djukic | EFE

Miroslav Djukic | EFE

Ambos coincidieron a finales de la década de los noventa y principios del siglo actual en una de la etapas más brillantes del club de Mestalla y además lo hicieron como compañeros de demarcación en el centro de la defensa

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El Valencia ha pasado en apenas un año de la cautela y discreción con las que llegó para hacerse cargo del equipo el argentino Mauricio Pellegrino a la mezcla de valentía y osadía con la que ha irrumpido en el panorama valencianista el serbio Miroslav Djukic.

Ex jugadores del club de Mestalla en la misma época, Pellegrino y Djukic presentan algunas similitudes en su perfil pero quizá destacan más las marcadas diferencias existentes entre ambos, tal y como se ha reflejado en la llegada de ambos al banquillo del Valencia.

Djukic y Pellegrino coincidieron a finales de la década de los noventa y principios del siglo actual en una de la etapas más brillantes del club de Mestalla y además lo hicieron como compañeros de demarcación en el centro de la defensa.

Ambos formaron parte de una retaguardia de leyenda junto a otros nombres destacados como el argentino Roberto Fabián Ayala, el italiano Amedeo Carboni, el francés Jocelyn Angloma o el guardameta Santiago Cañizares.

Pellegrino llegó al Valencia en 1999 y se fue en 2004, mientras que Djukic aterrizó en Mestalla en 1997 y abandonó el club en 2003, por lo que ambos compartieron los títulos de la Liga de 2002, la Copa del Rey y la Supercopa de España de 1999, y las dos finales alcanzadas de Liga de Campeones en 2000 y 2001.

Además, otras características compartidas fueron el carácter sobre el campo y la inteligencia táctica que les convirtió en defensas poco dados a rifar un balón y que pretendían que éste saliera en las mejores condiciones posibles.

Junto a esas similitudes, hay aspectos diferenciadores. Mucho más elegante Djukic que Pellegrino, del argentino siempre se dijo que era una extensión del técnico sobre el césped, primero con su compatriota Héctor Cúper (1999-2001) y poco después con Rafa Benitez (2001-2004), mientras que el serbio no cobró tanto protagonismo en esas funciones.

Sin embargo, quizá sea en sus discursos donde más se aleja uno del otro. Mientras Pellegrino llegó con palabras de cautela y de que la realidad económica marcaría siempre los objetivos del Valencia, Djukic se ha presentado con una propuesta más atrevida, en la que por encima de todo debe pesar la historia del club.

"El Valencia es un gigante dormido al que pienso despertar", dijo en sus primeras palabra como 'jefe' del vestuario valencianista, para poco después añadir que para él era "una gran ilusión poner al Valencia donde debe estar, entre los mejores de Europa y del mundo".

Además, a pesar de su carácter balcánico, Djukic parece más una persona más próxima y accesible en su forma de expresarse y comunicarse, mientras que a Pellegrino siempre se le vio más distante y reservado.

También es cierto que Djukic (47 años), llega con un currículo del que Pellegrino (41) carecía. Sin ser muy extenso, el paso por los banquillos del Partizán de Belgrado, la selección de Serbia, el Hércules y, sobretodo, del Valladolid, han otorgado un bagaje y una experiencia que ya le confieren una identidad como técnico.

Pellegino, por contra, llegó como una incógnita, al ser el Valencia su primera experiencia al frente de un equipo profesional, ya que hasta hacerse con las riendas de esta plantilla sólo se le conocía su labor como ayudante de Benítez en el Liverpool y en el Inter de Milán.

En un Valencia que ha visto como en los últimos años su estrellas tenían que emigrar para paliar las dificultades económicas de la entidad, el discurso calmado y el método de trabajo de Pellegrino apenas duró cinco meses, al ser destituido el 1 de diciembre del pasado año tras perder en casa contra la Real Sociedad (2-5).

Ahora Djukic llega en una coyuntura igual o peor a la que se encontró Pellegrino, pero con una propuesta de intenciones diametralmente opuesta a la del argentino y con la intención de que su aventura sea mucho más fructífera para el club que considera su "casa".