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Uruguay se va del Mundial masticando enojo y pensando en la renovación

Es que en el fútbol hace ya tiempo que no se gana únicamente con temperamento, fibra, entrega y rebeldía, que de eso le sobra a la plantilla celeste, sino también con creatividad, sorpresa, juego combinado y algún "cerebro" que genere fútbol y marque pausas

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La selección de Uruguay abandona hoy la Copa del Mundo de Brasil, de la que fue eliminada el sábado tras su derrota por 2-0 frente a Colombia en octavos de final, masticando su enojo con la FIFA y pensando en la renovación de su plantilla.

Los celestes dieron durante el torneo, una vez más, muestras de su rebeldía y de que en las situaciones extremas tienen un plus, que se vio en los partidos frente a Inglaterra e Italia de "mata mata" como se dice por estos lares, ganas o te vas, pero también, de manera repetitiva, quedó en evidencia su falta de juego.

Es que en el fútbol hace ya tiempo que no se gana únicamente con temperamento, fibra, entrega y rebeldía, que de eso le sobra a la plantilla celeste, sino también con creatividad, sorpresa, juego combinado y algún "cerebro" que genere fútbol y marque pausas. Ese sigue siendo el gran debe de los celestes pese a la búsqueda, casi desesperada, del seleccionador Oscar Washington Tabárez.

Hace cuatro años, cuando Uruguay sorprendió a casi todos y tras ser la última selección clasificada trepó hasta las semifinales de la Copa del Mundo de Sudáfrica, Tabárez "reinventó" a Diego Forlán, que hizo las veces de ese director de orquesta y la cosa salió tan bien que fue premiado por la FIFA como el mejor del torneo, algo poco usual para una selección que no fue finalista.

En Brasil Forlán, que llegó a los 35 años, faltó a la cita y Uruguay se quedó sin ideas.

Pero como sigue "viendo" el fútbol de una manera especial y clara, tras el partido que supuso la marcha de los celestes a casa habló de una necesaria "renovación" de la plantilla que seguramente le tendrá a él a la cabeza.

Forlán, que es uno de los mayores ídolos deportivos de Uruguay, debutó en la selección en 2002 y superó los 110 partidos con la celeste siendo el futbolista que más veces la vistió en la historia.

El capitán Diego Lugano, de 33 y que sólo pudo jugar un partido en el Mundial por los problemas en su rodilla izquierda, es otro de los candidatos a entregar el testigo y lo mismo pasa con el todoterreno Diego Pérez, de 34 gran figura en Sudáfrica y casi sin minutos aquí.

La renovación podría incluso alcanzar a Tabárez, cuyo contrato vence con el Mundial y que en su segunda etapa al frente a la selección ya lleva ocho años, pero en las autoridades de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) y también a nivel popular, existe la intención que se quede al menos como supervisor de todas las selecciones.

A sus 67 años el maestro Tabárez tiene dificultades motrices que le complican los traslados y la labor en el campo, pero nadie duda de que es el "padre de la criatura" en cuanto al positivo cambio de imagen que tuvo la celeste en los últimos años, dejando atrás la fama de violenta y pendenciera por una nueva de "rival incómodo para todos", como le gusta decir al propio entrenador.

El mayor enojo de la delegación celeste al marcharse del Mundial, multiplicado casi hasta la indignación en Uruguay, es sin duda con la FIFA.

La sanción, por lo menos desmedida, de nueve partidos de suspensión y cuatro meses de inhabilitación aplicada a la estrella celeste Luis Suárez, que repitió antecedentes y mordió al defensa italiano Giorgio Chellini, casi no tiene precedentes en la historia de los mundiales.

La falta existió, Suárez cada tanto da la nota porque su temperamento le juega malas pasadas, pero la severidad de la pena aplicada por la Comisión de Disciplina de la FIFA, que incluso algunos expertos en derecho internacional en Montevideo sugirieron llevar a organismos internacionales defensores de los Derechos Humanos, fue un puñal en el corazón para la selección uruguaya previo al partido de octavos.

Sin su mayor goleador histórico (41), sintiéndose injustamente golpeada y con la certeza de que hubo algo turbio y presiones de directivos de países poderosos para sacar a Suárez del Mundial, los celestes no pudieron con Colombia que les ganó con justicia y se vuelven a casa masticando su enojo.

Igualmente cuando las aguas se calmen deberán reflexionar sobre sus fallos futbolísticos y de conducta, que los tuvo la selección uruguaya, para encarar el futuro con aspiraciones de mas.