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Tomás Pérez: “Me fue bien como pitcher, nunca me hicieron carreras”

Tomás Pérez jugó 12 temporadas en las Grandes Ligas con los Azulejos, Filis, Rays y Astros, entre 1995 y 2008 | FOTO AVS PHOTO REPORT

Tomás Pérez jugó 12 temporadas en las Grandes Ligas con los Azulejos, Filis, Rays y Astros, entre 1995 y 2008 | FOTO AVS PHOTO REPORT

El infielder siente una profunda tristeza por el adiós, aunque los Caribes le permitieron lograr lo único que le faltaba en el beisbol

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Tomás Pérez causó asombro por sus atrapadas en el short cuando tenía 18 años de edad, pero se despidió del beisbol con una gesta que muy pocos bateadores han conseguido en Venezuela: sumar los 1.000 hits.

Le quedan muchas cosas de aquel novato que debutó en 1991 con los Petroleros de Cabimas y que fue tomado poco después por los Azulejos de Toronto en el draft de la regla 5. El amor por el juego y la echadera de broma en el dugout, por ejemplo. 

Por eso, aunque sabe que es una ley de la vida, es mayor su tristeza en el adiós.

-¿Qué es lo que más extrañará del beisbol activo?
-Estar dentro de las dos líneas. Hacer lo que sé hacer: competir, tratar de ganar, de aportar lo más que pueda como pelotero. Es difícil y muy triste. Pero es la ley de la vida.

-¿En qué aspectos le embarga esa tristeza?
-En todos. Al guindar los ganchos, te estás quitando algo que prácticamente nació contigo. No es lo mismo ser coach. Ya no puedes echar tanta broma con los jugadores ni con los contrarios, porque te van a ver de otra manera. Y ese es un gran cambio: quitarse el chip de pelotero.

-Una vez tuvo la sinceridad de confesarme que en su carrera no se preparó lo suficiente. Pero después de esa confesión, siguió varias zafras más y hasta llegó a los 1.000 hits, que parecía una tarea imposible. ¿Cómo logró todo eso, sin tanta preparación?
-Por la constancia. Como dije aquella vez, no fui ese pelotero ciento por ciento trabajador. Siempre comento que si hubiera trabajado más, todavía estaría en las Grandes Ligas y me quedarían unos dos años en Venezuela. No era por flojera, pero trabajé a medias. Por eso digo que Dios fue muy grande conmigo y mi familia, al ayudarme a llegar a los 1.000 hits y permitirme poner los números para que la gente se acuerde de mí.

-¿Y qué hará como coach? Porque le tocará dar consejos y meter a los peloteros en el carril.
-Respetar, para ser respetado. Eso primero que nada. Ya no me van a ver como pelotero, y habrá decisiones, reuniones en las que tendremos que decir la verdad, sea buena o mala. Por eso sé que no va a ser fácil el cambio.

-¿Pudo ver las cosas de un modo diferente en esta temporada, sabiendo que sería la última?
-Tuve una gran conversación con el señor Omar López en septiembre, cuando estaba buscando el chance y le pedí la oportunidad de jugar para llegar a los 1.000 hits. Tuve la dicha de que en esos juegos me saliera todo bien y lograra la meta rápidamente. Me preparé muy bien desde julio, sobre todo las piernas. Me dieron el chance, porque Niuman Romero no se había reportado debido a una lesión y Dios me acompañó. Quería seguir jugando, estaba en forma y podía. Pero había planes con los muchachos. Son decisiones respetables del manager. Respeto su decisión.

-Le mantuvieron en el roster durante toda la postemporada. Eso dice mucho.
-Puedo ayudar bien sea tocando la bola o apoyando a mis compañeros, diciéndoles algo en determinado momento, apoyándolos anímicamente. Ya estoy entrando al rol de coach.

-¿Cómo siguió su familia esta despedida?
-Me han acompañado. Me dicen que juegue uno o dos años más. Pero soy un hombre de palabra, siempre lo he sido, y dije que me iba a retirar. La gerencia quiere que regrese como pelotero, pero lo haré como coach, si llegamos a un acuerdo para la temporada 2015-2016. Mi esposa, mis hijas, mis padres, mi hermana, mis suegros, mis cuñados, mis mejores amigos me apoyaron, como siempre lo hicieron en las buenas y en las malas.

-¿Cómo fue esa fiesta familiar en Puerto La Cruz, cuando llegó al hit 1.000?
-El señor Carlos Silva me dio la sorpresa de traerme a mi esposa y mis hijas desde Orlando, donde vivimos. Y toda mi familia viajó desde Barquisimeto, también trasladada por él. Fue un gran gesto de un buen amigo, y se lo agradezco. Lo conozco desde que él era un muchacho. Cuando llegó a las Grandes Ligas en Filadelfia, yo tenía rato allí. Así fuimos haciendo una bonita amistad, que le llevó a hacer eso que hizo.

-¿Cuál es su recuerdo más antiguo relacionado con el beisbol?
-Jugar las caimaneras por mi casa. A mi papá no le gustaba. Jugaba en las calles, en terrenos. Salía del colegio para jugar beisbol. Mis padres se ponían bravos, pero era lo que yo quería. No me gustaba estudiar.

-¿Qué hubiera hecho en la vida, si no hubiera podido ser pelotero?
-Le doy gracias a Dios por los padres que me dio. Mi papá me empujó a ser lo que soy. Si no hubiera sido por tantos regaños, por tantas cosas que pasamos, no sé qué habría hecho yo.

- ¿Cuándo aceptaron que su futuro estaba en el beisbol profesional?
-Antes de firmar. Me fui de mi casa a Maracay, a donde la familia de mi madre, a trabajar. Había decidido que si no era pelotero, tenía que ver cómo tener algo en el bolsillo. Después, mi papá me buscó y me dijo que nos prepararíamos por un año. Fue cuando bajé la velocidad, que era lo que me pedían para firmar. Gracias a eso, soy lo que soy.

-¿Siempre fue shortstop, antes de firmar?
-No. Yo jugaba tercera y pitcheaba. Y me fue bien las veces que lancé en el profesional. No me hicieron carreras.

-¿Qué recuerdos guardó de cada equipo donde jugó?
-Tengo las camisas. Son cinco aquí y cuatro en las Grandes Ligas. Están guardadas. Las tiene mi madre. Y conservo varios guantes, especialmente el que usé toda mi vida para jugar en el short.

-¿Cuáles son sus recuerdos más felices, apartando la final contra Magallanes?
-Los grandes compañeros que he tenido en mi carrera. Son muchos. No podría acabar de nombrarlos: Henry Blanco, Marco Scutaro, Ramón Hernández, Bob Abreu, José Castillo, Oscar Salazar, Luis Sojo, César Izturis, Robert Pérez, Argenis Salazar, son muchos. Y tuve managers increíbles: Omar Malavé, el difunto Pompeyo Davalillo, Alfredo Pedrique y ahora el Manager del Año, Omar López. Creo que he aprendido bastante  de ellos, sobre todo en esta temporada con Omar. Pienso que él me ve  futuro y por eso hemos tenido bastantes conversaciones durante los juegos, para hablar de ciertas situaciones. Quiero dirigir algún día.

-¿Cuál es su recuerdo más triste vinculado al beisbol?
-Géremi González. Lo que más me pegó en mi carrera fue ver cómo se fue uno de los grandes pitchers de Venezuela. Para mí, es el mejor que ha pasado por nuestra liga.

-De todos los pequeños placeres que puede tener el juego, ¿cuál es su favorito?
-Cuando termina el juego y hemos ganado. Salir y chocar las manos es lo más bonito que hay en el beisbol. Sobre todo cuando sabes que aportaste con una
buena jugada, moviendo un corredor o dando un fly de sacrificio. Lo más bonito es cuando chocas los cinco, porque ganaste.

-¿Hay algo de su equipamiento de este año que piensa llevarse con usted? Robert Pérez le pidió a los Cardenales llevarse su locker completo.
-No. Me llevo la amistad, la humildad y la hermandad de este equipo. Ha sido increíble esto que he visto aquí, en mi última temporada. Tenía años que no veía algo así. De mis 24 torneos, es uno de los dos o tres que más he disfrutado.

-¿Quién era el ídolo deportivo de su niñez?
-Luis Sojo. El ídolo de toda mi vida. Empezó como shortstop y después le pasó como a mí, que empezaron a moverlo por todas las posiciones. Es mi ídolo y mi padre en el beisbol.

-¿Le quedó algo por hacer en el diamante?
-Nada. Sólo me faltaba ganar una final y ponerme un anillo de campeón.