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"Tata" Martino, un técnico devorado por el entorno

Gerardo Martino | EFE

Gerardo Martino | EFE

Su incapacidad para cambiar el destino de los partidos y el suyo propio dentro de la entidad, y su visión cortoplacista de lo que debe ser un equipo le condenaron

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Allá, en su querida Rosario natal, con sus amigos del 'Pan y Manteca', Gerardo 'Tata' Martino podía pasarse horas y horas alrededor de una mesa, hablando de fútbol, de su Newell's, de estrategias, de anécdotas vividas en el terreno de juego, de su gusto por éste o aquel jugador.

Jamás imaginó que, a 10.000 kilómetros de distancia, el destino le tenía reservada la oportunidad de su vida -dirigir a uno de los mejores equipos de la historia- y que la experiencia acabaría resultando tan decepcionante.

Porque Martino, iluso él, pensó que sus amplios conocimientos sobre el deporte al que ha dedicado su vida pesarían más que cualquier otra cosa a la hora de triunfar en un banquillo como el del Barcelona. Que el Barça de Messi, Iniesta, Xavi y compañía era una especie de 'Pan y Manteca' donde sería sencillo imponer su criterio a base de argumentos futbolísticos.

Llegó diciendo que aterrizar en el Camp Nou era un regalo, el sueño de cualquier entrenador y, nueve meses después, se va hastiado y reconociendo que no merece una segunda oportunidad tras fracasar en su intento de sacar el máximo rendimiento a un grupo aburrido de sí mismo y emborrachado de éxito que hace demasiado tiempo que dejó de ser competitivo.

Pero al 'Tata' no ha hecho falta echarle. Él ya tenía claro, desde hace semanas, que no encaja en un club donde el rectángulo de juego solo es una más de sus doscientas trincheras.

La recaída de Tito Vilanova le llevó ilusionado a la capital catalana de la mano de un presidente que salió huyendo de la entidad en cuanto la Audiencia Nacional lo puso en el punto de mira por la opacidad en el fichaje de Neymar.

Heredó, contra su voluntad, el cuerpo técnico del entrenador saliente, convirtiendo ese vestuario en una especie de camarote de los hermanos Marx en el que podían contarse más jefes que indios. Y se encontró, de la noche a la mañana, respondiendo en la sala de prensa a extrañas preguntas sobre dimisiones de dirigentes, comisiones de padres-representantes y sanciones de la FIFA.

Una tarde, en Vallecas, su equipo le metió cuatro al Rayo, y en los días siguientes, se le puso en la picota porque el Barça había perdido la posesión en aquel partido. A partir de ahí ya no entendió nada.

La historia del 'Tata' en el Barcelona es la de un hombre devorado por el entorno del club y por la aureola de unos jugadores a los que decidió dirigir desde la admiración después de verlos por la tele ganarlo todo durante años.

Si hubiera impuesto la personalidad que se le intuyó al principio de curso, cuando sus propuestas parecían dejar intuir un interesante evolución del estilo, quizá el desenlace de la temporada hubiera sido otro, pero se rindió demasiado pronto.

Su incapacidad para cambiar el destino de los partidos y el suyo propio dentro de la entidad, y su visión cortoplacista de lo que debe ser un equipo le condenaron. Y solo su buena relación con los jugadores, cómodos con su talante humilde y conciliador desde el primer día, le han permitido agotar el curso pese a sentirse permanentemente cuestionado.

Martino se va triste, porque lo que imaginó que sería el Barça no tiene nada que ver con lo que es. Porque su llegada coincidió con el peor Messi y el peor Xavi, con los lesionados Valdés y Puyol, otros dos pesos pesados del vestuario, a punto de decir adiós, y con el resto de la plantilla con la panza llena de títulos.

Y porque la azulgrana es una institución cainita dominada por los "ismos" a la que es difícil sobrevivir si no la has mamado desde la cuna. Y al Tata, acostumbrado a las intrascendentes tertulias de bar con sus amigos rosarinos de toda la vida, las crisis semanales del Barcelona le sacan de quicio.

Tras perder la Liga en casa y ante el Atlético, Martino se ha despedido. Emocionado, el 'Tata' se ha disculpado ante la afición por no haber logrado los objetivos marcados. "Ha sido un enorme orgullo dirigir a estos futbolistas", ha dicho tras el partido acompañado por el presidente, Josep Maria Bartomeu, y el director técnico, Andoni Zubizarreta. "Quiero agradecerle al club, al presidente, a Zubi, y a Sandro (Rosell) por haber confiado en mi. Lamento no haber ayudado a los muchachos", se ha despedido el argentino.