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Súper Barsa

FOTO EFE

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Barcelona venció al Sevilla en la final de la Supercopa de Europa, el primer trofeo de la temporada 2015/2016. Fue un partido de locos que terminó 5-4 con un gol de Pedro Rodríguez en el segundo tiempo de la prórroga

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La de ayer fue una jornada de locura en Tibilisi. Una de esas que deja poco para el análisis y mucho para la adrenalina.

Barcelona parecía que tenía controlado todo el juego después de 60 minutos de partido. Había dado una demostración de contundencia y firmeza, con Lionel Messi mostrando más registros (si es que eso era posible) como atacante, ahora con su peligrosa pegada de falta. Dos tantos suyos desbalancearon y desajustaron al Sevilla, que se había ido arriba con un gol de Ever Banega, también de falta, nada más al iniciar el duelo.

Después, el Barsa pareció que no se había dormido. Que no habían pasado nunca los dos meses entre la final de la Liga de Campeones de Europa y el partido de ayer. No ocurrió la Copa América, tampoco la de Oro, ni menos las llegadas de Aradá Turán y de Alex Sánchez (más allá de que sólo se podrán vestir de azulgranas en enero). Era una maquinaria bien aceitada.

Luis Suárez hizo una enorme galopada para pasarle el balón a Rafinha dentro del área para poner el tercero, y antes de la hora, ya en el segundo tiempo, el propio charrúa colocaba el cuarto en la cuenta del conjunto de Luis Enrique al aprovechar un error del conjunto de Unay Emery en la salida. Todo parecía consumado.

Pero, entre los cambios, el aburguesamiento de una ventaja tranquila, y la garra de un rival que no da nunca una batalla por perdida, Sevilla comenzó a adelantarse. Empujó a Barcelona contra su área, y ya sin Iniesta en el campo y con una estructura más defensiva, comenzó a sufrir.

José Antonio Reyes pegó primero, y después un penal infantil de Jeremy Mathieu le dio la posibilidad a Kevin Gameiro de poner el 4-3 en la pizarra cuando aún faltaban 20 minutos. El empate llegó por intermedio del ucraniano Yevhen Konoplyanka, en otro error de la zaga azulgrana.

Una remontada de locura. Pero nunca tan desquiciante como el desenlace de la novela. En el banquillo se quedó Pedro Rodríguez, en un partido en el que tenía  todo para ser titular, ante la baja de Neymar por presentar paperas.

El canario esperó pacientemente a que Luis Enrique lo llamase, y lo colocó en el campo sin pensar en lo que ocurriría después. Hace cinco años, el extremo anotó en el minuto 115 de la prórroga contra Shakthar Donetsk de Ucrania, el gol que le dio la Supercopa de 2010 al Barsa.

Ayer, en el minuto 115, Pedro aprovechó un rebote que se le fue al arquero sevillista Beto tras un disparo de Messi, e incrustó un zurdazo alto, cruzado, inatajable para el meta portugués, que significó el 5-4 y la explosión del banquillo catalán.

“Espero que Pedro nos siga ayudando”, aseguró Iniesta al finalizar el partido, justo después de que el canterano del cuadro catalán no se sumó activamente a la ceremonia en la que el manchego recibió la Supercopa. El extremo canario parece haber llegado al límite, y su decisión está hecha. Su destino estaría en el Manchester United de Inglaterra, pero no sin antes haberle dejado al club de sus amores un motivo para celebrar el primer título de la temporada.